El Cuerpo legislativo local votó por unanimidad un declaración contra la destitución del presidente de Bolivia Evo Morales. Pero el camino para el consenso no fue llano. Y los macristas se abstuvieron.

Rosario marchó el lunes pasado rechazando el golpe de Estado en Bolivia, autoridades provinciales y locales mostraron su repudio en las redes sociales, pero ya el jueves, todas las miradas estaban puestas en la posición que tomaría el Concejo municipal. “Estas expresiones institucionales, en momentos en los que la represión contra el pueblo boliviano arrecia, son más necesarias que nunca”, dijo el edil del PJ, Eduardo Toniolli, para anunciar que el Cuerpo votó por unanimidad el repudio al golpe de Estado producido en el país que Evo Morales hizo crecer más que Alemania. Pero el camino para el consenso no fue llano. Y Cambiemos se abstuvo. 

El escollo era la frase “golpe de Estado”, interdicta para el bloque Cambiemos, al punto que generó un proyecto propio que eludía esas tres palabras, aunque los fundamentos las dejaban más que clara. Por su parte, el resto de los ediles consensuaron una Declaración que hablaba expresamente de “golpe” con todas las letras. 

En la sesión, las cosas tomaron un giro insólito. Después de varias intervenciones, Cambiemos decidió abstenerse a la hora de votar el tema que incluía su propio proyecto; en el esfuerzo por evitar la frase pasaron por alto una curva que el resto de los ediles se encargó de señalar. A veces la semántica tiene altos costos. 

“Es común en esta ciudad que digan por qué el Concejo tiene que estar votando esto, y creo que no puede no discutirlo, como no puede dejar de hacerlo ninguna organización oficial o social de nuestro país”, enfatizó Toniolli al valorar la unanimidad alcanzada. Sostuvo que esta Declaración, así como la que aprobó el Congreso, “son gestos políticos importantísimos  y sobre todo cuando nuestra Cancillería que lleva la voz oficial de quien conduce los destinos del país ha tenido una posición vergonzante, haciendo malabarismos dialécticos para tapar el sol con las manos”.  

Desde Ciudad Futura, Juan Monteverde expresó: “Hay que condenar claramente y llamar a las cosas por su nombre es fundamental, para no repetir la historia y que se vuelvan a suceder hechos que pensamos que no se iban a ver nunca más, sobre todo cuando en los últimos años escuchamos a algunos periodistas y políticos, decir me tienen harto con la dictadura”. Y destacó como increíbles las imágenes de Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera en un exilio urgido, mientras incendiaban casas y asolaban a miembros de sus gobiernos.  

“Me recuerda al nazismo”, lanzó el edil y pidió no hablar con eufemismos por la gravedad de la situación inesperada. “Hay que denunciar el giro fascista del neoliberalismo en América Latina, esta etapa ya no cierra más si no es con violencia extrema, vemos las imágenes tremendas de Chile, con más heridos en los ojos, por los carabineros que en todo el conflicto en Medio Oriente, según la BBC”, explicó. Y definió la situación en Bolivia como “un problema político, descabezar el proceso de cambio que se venía dando, para crear una restauración conservadora, donde a una mayoría indígena, la gobernaba (anteriormente) un presidente que hablaba mitad inglés”. 

Para Rodrigo López Molina, del bloque Cambiemos, “el tema es uno más de los que cayó en la grieta, lo que hace suspender la capacidad de análisis y define a priori sin fundamentación”. En su opinión no hay una definición de golpe de Estado que se pueda obtener de un texto legal, lo que hay son construcciones. Por eso, explicó que eligió “recurrir a los hechos para fundamentar nuestra posición de acuerdo al proyecto que presentamos”. 

A la vez, admitió que en Bolivia “se interrumpió el orden democrático” pero también aludió al “carácter autoritario del gobierno de Morales, con la vida democrática en riesgo, por mantener el poder a cualquier costo”. De todas maneras, dijo que eso debería haberse corregido por vías institucionales. 

El repudio al golpe de Estado en Bolivia fue votado por 17 ediles de distintos Bloques, con la abstención de Cambiemos, que al momento de la votación tenía siete de sus nueve miembros; Gabriel Chumpitaz se ausentó del recinto. Tampoco estuvieron en la sesión ediles de otras fuerzas como Agustina Bouza, Aldo Poy, Fernanda Giglinani y Pablo Javkin. 

¿Por qué?  La pregunta del millón y sus múltiples respuestas

Como un temido e impensando déjà vu, Latinoamérica vuelve a sangrar por sus venas. Golpe de Estado era una frase que se suponía erradicada en la agenda. Aunque hubo alertas con una serie de estos acontecimientos en versión “blanda”: el primero en 2009, cuando en Honduras derrocaron al presidente Manuel Zelaya, siguió 2012, con la destitución de Fernando Lugo en Paraguay y el más reciente fue en Brasil en donde desalojaron a Dilma Rousseff.  En la última semana, esas técnicas blandas, conspirativas no frontales, que logran su objetivo sin que parezca la consecuencia de la acción de otro poder, retomaron su versión tradicional: intervención del Ejército, represión y muerte. El escenario tuvo la precisión de un bisturí: Bolivia, con su gas y su litio, ese oscuro objeto del deseo para la tecnología y el Poder.  

El presidente Evo Morales dejó el país con riesgo de muerte, las calles arden y tomó las riendas una legisladora que sacó 50 mil votos, con el respaldo de una oposición que usa la palabra “cacería”. Los analistas fatigan tinta ¿por qué el modelo que tenía los índices sociales y económicos más altos de la región estalla por el aire? Más aún, con el apoyo de los mismos beneficiarios del crecimiento repartido en los últimos 13 años.  

El filósofo e historiador, Enrique Dussel, es categórico: “El problema en América Latina es que los grandes procesos de cambio, como el que se dio en Bolivia, paradójicamente, no realizaron a nivel de la enseñanza, una revolución cultural, siguieron siendo eurocéntricos, esto es enseñar una historia de la cultura  y una cultura como universal, a la europea en todos los niveles de la formación”.  

¿Qué implican estas palabras? Develan el medio a través del cual se adquieren  categorías y cosmovisiones que configuran una subjetividad a la que se cuida muy bien, de convertirla en sujetos políticos. Por lo tanto, inadvertidos de lo que significan las políticas de Estado como dadoras de derechos. En ese nivel de conciencia hacen pie el individualismo, la meritocracia y la adhesión aspiracional a las élites que desde 1535, son quienes mueven los hilos, en el caso de Bolivia.  

Graciela Milito, es licenciada en Química y por su trabajo viajó a Bolivia durante años convirtiéndose en testigo del cambio. “Comencé a ir en 2002, a Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más pujante, agrícola y ganadera, iba a una planta de extracción de aceite por solventes de granos de soja”, relató. Y dijo que en ese entonces, no existía un solo camino y los camiones llegaban por huellas como podían.  

“Llegaba esquivando gente que vendía sus productos a los camioneros, en la puerta de la planta había un sillón de peluquero, en la tierra con una lonita atada en cuatro cañas, todo era así de precario, Evo había perdido las elecciones y yo escuchaba que decían, «cómo este indio tiene el tupé de presentarse»”, relató Milito. 

“Cuando ganó Evo, al poco tiempo, comenzó el desarrollo, hermosos edificios reemplazaron a construcciones precarias, fue impresionante como aparecieron restaurantes, cadenas internacionales y bares y hasta cajeros automáticos en los que se entra con el auto”, explicó y dijo que los semáforos también llamaron su atención, por el nivel de tecnología, marcando velocidad y tiempo de espera y dijo que el crecimiento también se reflejó en el parque automotor. 

Además contó que en La Paz, donde trabajó con la Cámara de Aceites y el Ministerio de Agricultura, para desarrollar las normas de comercialización de las harinas de soja, la ciudad había evolucionado muchísimo, con locales que vendían tecnología en un gran movimiento urbano. “Antes de Evo sólo viajaban las clases altas, cuando subió desapareció la primera clase en los vuelos y comenzó a viajar gente que aún era analfabeta, ayudé a muchas señoras”, evocó. 

Milito no oculta su emoción al recordar que estrenó una de las autopistas de cuatro manos que transformaron la red de caminos de tierra “había que rogar que nadie fuera adelante porque no se podía ver ni respirar, eso sin contar el telesférico urbano más alto del mundo”. 

¿Entonces por qué? “Porque tenemos una cabeza alienada, pensamos como europeos o norteamericanos, y se nos propone como solución aprender el inglés. Un gobierno de cambio tiene que pensar en descolonizar epistemológica, científica, tecnológica y culturalmente, aseguró. Una revolución pendiente que no implica expandir el modelo, sino la subjetividad”.

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