Pablo Imen

 

El debate público sobre el regreso a la presencialidad escolar en la pandemia se ha vuelto por momentos hasta perverso para la docencia, hasta el punto increíble de acusarla, en particular a sus sindicatos, de no querer la vuelta a las aulas. Frente a este escenario, el pedagogo Pablo Imen asegura que sin dejar de ver lo doloroso de la realidad, los ataques empujados por la oposición y las propias dificultades hay que mirar las historias y transformaciones pedagógicas que en medio de tanto dolor están ocurriendo. Algo indispensable en qué apoyarse para salir adelante.

Pablo Imen es educador, profesor universitario, un referente del Movimiento Pedagógico Latinoamericano, además de secretario de Formación e Investigación del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, y vicerrector (rector a cargo) del Instituto Universitario de la Cooperación (IUCOOP). Es autor de numerosas publicaciones y libros, actualmente trabaja en uno nuevo que analiza las coyunturas y disputas de pedagogías del mundo, centralmente en América latina, desde el siglo 19 hasta hoy.

“Lo que está expresando el Covid 19 es un grito de la naturaleza por el modelo de desarrollo de la humanidad y su vínculo con esa naturaleza; y que si no se revisan radicalmente los modos de relación entre los seres humanos y la naturaleza es muy probable que a esta pandemia le sucedan otras”, ubica el debate de fondo que no debe perderse de vista.

Considera que está claro que estamos “en presencia de una situación inédita y que el mejor modo que se conoce de enfrentarla, hasta que la vacuna lo resuelva, es el aislamiento”. Analiza lo que pasó con aquellos países –como EEUU- que decidieron privilegiar la economía con el argumento de que la gente no podía dejar de trabajar y sin embargo sufrieron una caída histórica en su economía.

Pablo Imen alerta que en esta discusión por la vuelta a clases presenciales de manera inmediata, “hay una motivación fundamentalmente política de promover el conflicto y desgastar al gobierno nacional”.  “Por ejemplo, -amplía- en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) hace poquitos días se tomó una decisión que es reveladora. El gobierno de (Horacio Rodríguez) Larreta decidió transferir parte del presupuesto aprobado para infraestructura y el Plan Sarmiento al subsidio de la educación privada. Cuando justamente lo que facilita la continuidad pedagógica es darles computadoras a los pibes que no tienen y adecuar los edificios para que puedan volver les quita recursos. Entonces es poco creíble que su prioridad es la vuelta a la escuela”.

El educador asegura que “a menos que Alberto Fernández renuncie a la política de cuidado de la vida como centro de su política pública, mientras no esté ya generalizada la vacuna y haya demostrado su eficacia, es ilusorio pensar una vuelta a la institución educativa” de manera presencial plena, tal como se dio antes de la pandemia.

Al mismo tiempo de sostener este debate, propone pensar qué deja de enseñanza la pandemia en términos pedagógicos: “Cómo aprovechar las adquisiciones, por ejemplo en materia de educación virtual, para reformular la educación que tenemos; con el agregado de que la derecha neoliberal y las grandes corporaciones tecnológicas vienen por todo. No discutimos en un vacío histórico sino en un escenario de transición donde ellos vienen con su proyecto y nosotros tenemos que oponer el nuestro”.

Todo indica que llevará tiempo superar la pandemia y sus consecuencias. ¿Cómo pensar la enseñanza para la coyuntura y a largo plazo?

—Siempre hay que tener una doble agenda, no olvidarse de lo urgente ni lo estratégico. Porque también así labura la derecha y va logrando avances en su camino. En ese escenario tenemos que tener una propia estrategia que no puede decir no a la educación virtual. Lo que tenemos que pensar los docentes, como también lo hicieron Célestin Freinet, Luis Iglesias o Jesualdo Sosa –entre otras y otros-, cómo integramos la tecnología de la coyuntura a nuestro proyecto pedagógico. Al tiempo de no perder de vista que, por un lado, apareció la cara horrible de la pandemia: la desigualdad en la conectividad, en la propiedad de aparatos, de ambientes adecuados para estudiar, de los docentes en el dominio de la modalidad virtual. Lo cual además genera un programa ya estratégico sobre algunos puntos de la política educativa: tiene que desarrollarse una plataforma pública de acceso gratuito, conectividad en todos los lugares, todos tienen que tener computadoras, todos tienen que  tener viviendas dignas para hacer que la educación sea un derecho. Y, por otro lado, apareció como nunca un trabajo colectivo en las instituciones, como nunca se discutió el currículo, qué y para qué enseñar, y se lo vinculó a la vida cotidiana de las pibas y los pibes; como nunca antes hubo un vínculo entre la escuela y el hogar. Es decir, apareció una serie de fenómenos que rompen con la vieja escuela. Adriana Puiggros decía en una entrevista reciente que había que sistematizar los hallazgos, las formas de trabajo, los dispositivos inventados en la pandemia y tomarnos este año con una fuerte participación docente para ir transformando la propia vida escolar. Entiendo que es un tiempo de transición, donde hay caminos complementarios. Hay que retomar el proyecto de construcción del Movimiento Pedagógico Latinoamericano. O sea, tiene que haber un sujeto colectivo, que son las y los docentes de base, en vínculo con las universidades, que desde sus prácticas puedan ser parte de la recreación de la educación en la Argentina. Y ahí tienen un papel central los gremios docentes, particularmente la Ctera. Hay multitud de experiencias, el problema es que no se sistematizan y comunican.

—También este es un año cargado de significación para la enseñanza, al ser el año del centenario del natalicio de Paulo Freire.

—La discusión de la pedagogía que tenemos que dar, que como exigía Simón Rodríguez tiene que ser propia, se reconoce en una historia. Para eso hay que recuperar la memoria de todas esas experiencias que fueron desafiantes y subversivas. El año que viene se cumplen 40 años de la muerte de Jesualdo (maestro uruguayo) y así todos los años vamos a encontrar alguna razón para recuperar nuestra identidad histórica. Es una memoria que tiene que estar llena de porvenir. Una tarea del Movimiento Pedagógico Latinoamericano es hacer visible ese legado e integrarlo a la propuesta que vamos a construir. Venimos de una historia, yo me siento rodriguiano, jesualdiano, cossettiniano y a partir de leer y apropiarme de esas miradas de la educación recreo mi propia práctica pedagógica, pero no solo sino en forma colectiva, en los espacios que estoy. En el 2021, aunque en Brasil esté proscripto por ahora, la figura de Freire es una gran convocante para continuar esa obra.

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—Una idea que da ánimo a las y los docentes, más ante este empeño de castigar a sus sindicatos, hasta el punto de casi hacerlos responsable del coronavirus.

—Finocchiaro (ex ministro de Educación de la Nación de Macri) dijo que la Ctera era como el coronavirus pero a largo plazo. Muy fuerte. Yo soy ceterista por muchas cosas, pero además por los enemigos que tiene. Igual trato de poner siempre la cara luminosa de lo que pasa. Hay que poner más el acento en las historias fértiles, de mucha luz, que están pasando.  En eso potente, transformador, que a pesar de los dolores, de las carencias, de las frustraciones está ocurriendo. Hay que poder mirar esa perspectiva, sin negar todo lo malo y complicado. Si no podemos mirar eso, para además asentarnos en esa plataforma para crecer, no hay modo de dar la pelea. También hay que ver muy críticamente las propuestas de nuestros antagonistas, nuestras contradicciones y dificultades. Pero darles un lugar mucho más relevante a las construcciones genuinas que están ocurriendo y que tienen que tener un cauce organizativo, un salto metodológico y conceptual. Cuando miro las experiencias del pasado y de mi alrededor digo aquí hay una clave que es hacer hincapié en lo que sí podemos hacer y en lo colectivo.

 

Fuente: El Eslabón

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Un comentario

  1. Liliana Vives

    24/01/2021 en 23:32

    Excelente nota .¡¡¡¡

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