Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Se presentan como “Padres por la educación”, “Padres organizados” o “Familias por la educación”. Se manifiestan principalmente por las redes sociales y en cada aparición pública piden que se “abran las escuelas” para sus hijos (el género masculino es el que prevalece en el discurso), porque afirman que en 2020 “estuvieron cerradas”. Y si se abren las clases presenciales con protocolos, alternando con clases a la distancia, piden mayor presencialidad. Y si éstas aumentan en alternativas, exigen la presencialidad total (no importa el momento de la pandemia, el riesgo sanitario ni las personas muertas). Son pocos, pero hablan en nombre de la mayoría y hasta de la totalidad de las familias con chicas y chicos en la escuela; y demandan esa representatividad en la mesa de decisiones. Tienen gran capacidad de pasilleo, de instalarse en la agenda de los medios hegemónicos, y por tanto en la agenda política: son recibidos por representantes del Concejo y la Legislatura, el Intendente, el Gobernador y hasta las ministras y los ministros de Educación. Se definen como “apolíticos”, se convocan con banderas argentinas, citan a la libertad, la República y la Constitución. Y siempre tienen a mano el dato de algún informe de organismos internacionales para argumentar por “escuelas abiertas” y el resguardo “de la salud emocional”. La amenaza de la judicialización de sus reclamos es una opción de primer orden. Aseguran defender la “educación pública y de calidad”, sin “ideología”, y le dicen “no a la política”. Quien no se acerca a esa prédica, es identificado con la “dictadura”. Rechazan a los sindicatos docentes, y sobre todo a sus representantes, repudian los “paros” del magisterio y los contraponen al “ejemplo de los docentes que trabajan por vocación”. Y proclaman que, para ganar estas metas, debe declararse a “la educación como un servicio esencial”.

Representantes de diferentes organismos y organizaciones educativas analizan quiénes son estos “padres” autoconvocados que irrumpen en la escena de la educación en la pandemia.

Osvaldo Biaggiotti es el director de la Regional VI del Ministerio de Educación de Santa Fe. Enmarca el surgimiento de estos grupos dentro de “las demandas sectoriales de toda índole que generó la pandemia”. De hecho, las primeras convocatorias de estos padres se dieron entre septiembre y noviembre de 2020.

Propone ensayar un análisis sobre la estética y estilo que caracterizan a esta “nueva derecha”: “Salen a la calle en grupos reducidos, con cartelitos que siempre pasan por la indignación, con un discurso antisindical y con consignas irreductibles. Primero eran «Abran las escuelas». Después, con la semipresencialidad cuidada y los protocolos, redoblaron la apuesta y van por la presencialidad completa”. Lo irreductible de las consignas pasa por no aceptar las recomendaciones sanitarias oficiales que regulan la presencialidad posible en las aulas.

Respecto de las “escuelas cerradas” a las que aluden, Biaggiotti desmiente esa afirmación sobre el funcionamiento del sistema educativo en 2020: “Nos readaptamos con estrategias de diversos tipos, con asistencia alimentaria, con cuadernillos, con el puerta a puerta, con el WhatsApp y las radios, con una amplísima variedad de recursos para sostener el ciclo escolar en la pandemia”.

“No deja de ser llamativa la vinculación que tienen con un sector político partidario como lo es Juntos por el Cambio”, señala Biaggiotti. “Las manifestaciones de Padres por la Educación –describe–, como las de Juntos por el Cambio, tienen la misma estética: las banderas argentinas, cantar el himno para manifestarse más allá de cualquier postura ideológica, y la judicialización de las decisiones políticas”. Por ejemplo, “haciéndose eco del fallo de CABA que contradice el DNU del presidente”.

Y agrega que “llama la atención cómo se arrogan una representatividad que de hecho no tienen, porque no hay aquí una representatividad organizada y democrática, como sí tienen las cooperadoras escolares”. El funcionario opina que quizás sea el momento “para pensar y poner en valor los consejos de convivencia escolar”, donde tienen también lugar las familias, planteados en los diversos proyectos de ley de educación provincial, una norma pendiente.

Lo que es innegable es cómo se instalan en los medios hegemónicos. “Creo que eso obedece al estilo de la manifestación de los indignados, que salen a la calle, pero tienen una presencia muy fuerte en las redes. Y por tanto una resonancia en los medios masivos también, donde adquieren una relevancia quizás desproporcionada respecto de su representatividad real. Si uno indaga, encuentra que son muy pocas las familias que integran este colectivo”.

Biaggiotti también alude a similitudes con otros movimientos, como el de “Con mis hijos no te metas”. “Primero por esa sospecha primaria por el Estado. Y en este caso, al no aceptar las resoluciones políticas que tienen una apoyatura en el dato epidemiológico. Y también por considerar que como padres tienen el privilegio para decidir de qué manera debiera orientarse la política pública educativa”.

Osvaldo Biaggiotti
“Llama la atención cómo estos grupos se arrogan una representatividad que de hecho no tienen”, opina el director regional Biaggiotti.

“Dictadura”

Maria Cecilia Almeida integra la Asamblea de madres y padres por el derecho a la educación pública, formada por familias de las escuelas secundarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Y desde ese lugar comparte su opinión. Lo primero que menciona es que en este tiempo de pandemia salieron como colectivo a apoyar las medidas tomadas en el Politécnico para garantizar las clases presenciales y a la distancia. “Nos vimos en la necesidad de expresarnos porque los Padres por la Educación, autoconvocados o Polipadres, están exigiendo mayor presencialidad y no es el momento, nos parece irrespetuoso y fuera de lugar ante la segunda ola de la pandemia, con el sistema de salud casi saturado. Y además porque se ha ideado un protocolo bastante riguroso, por gente que conoce del tema”, dice esta mamá de dos hijas que cursan en el Politécnico.

También rechazan las expresiones violentas que ejercen estos padres y que se focalizan en su director, el profesor Juan Farina: “No nos gusta cómo se manifiestan, son bastantes violentos en cómo reclaman. Un ejemplo es lo que hicieron el pasado lunes 26, con carteles que decían «Farina dictador». Es un atropello a la institución y a su director, elegido democráticamente”.

¿Y por qué tanta agresividad? María Cecilia Almeida señala que estos grupos desconocen que en esta escuela las decisiones se manejan con acuerdos, consensos, en asambleas, y se mueven con características de cierta educación privada. También cuestiona que se definan como “apolíticos” cuando –además de no existir lo “apolítico”, aclara– no lo son. “Creemos que tienen otros intereses”, dice para rechazar una vez más la referencia a la dictadura expresada en carteles “que remiten a la dictadura militar, donde muchas personas hemos sufrido pérdidas y muertes”.

Para esta mamá, en esa misma línea de distorsionar los valores que rigen la escuela pública se inscribe el uso que estos padres autoconvocados hacen del “taburetazo”. “No estamos para nada de acuerdo, porque eso es patrimonio de los chicos, de un festejo que hacen una vez al año. No es un reclamo, es un festejo, y lo que hacen estos padres es ensuciar ese nombre”.

La Asamblea que integra, se creó en tiempos de la presidencia de Mauricio Macri para resistir las políticas de ajuste a la educación de ese gobierno, expresar sus opiniones y apoyar a las y los docentes.

María Cecilia Almeida (madre Politécnico)
Es “irrespetuoso y fuera de lugar” pedir mayor resencialidad, dice Ma. Cecilia Almeida, de la Asamblea de Madres y Padres (Politécnico).

Discursos contra la salud

Para la secretaria general de Ctera y de Amsafé provincial, Sonia Alesso, la discusión alrededor de la presencialidad que instalan los grupos como los de Padres Organizados o por la Educación, no puede ganarle al cuidado de la salud colectiva: “No estamos discutiendo una cuestión pedagógica, sino sanitaria. Y en un momento muy complejo del país y del mundo. Esta segunda ola muestra un crecimiento muy rápido, también un nivel de incidencia muy alto”.

Asentado ese principio, Alesso habla de las diferentes posiciones que se dan en torno a la presencialidad, “algunas más radicalizadas en sus planteos y que sintonizan con las de (Horacio Rodríguez) Larreta y del PRO a nivel nacional, impulsadas con mucho poder mediático, desde los medios hegemónicos”. A la vez que hay “una preocupación creciente por parte de las familias por el aumento de contagios en niñas, niños y jóvenes”, algo que en la primera ola no se veía. Y agrega que “si se duplicaron los casos en las personas adultas, en niños y adolescentes se triplicaron en todo el país”.

Por eso alerta que en este momento de la pandemia, con un sistema de salud saturado, donde se vuelve cada vez más difícil conseguir camas de internación, “plantear una posición extrema es prácticamente no cuidar la salud de las niñas y los niños, ni de las y los docentes”.

Alesso también rechaza las distintas presentaciones –por lo general acompañadas por representantes de Juntos por el Cambio– de querer declarar a “la educación como un servicio esencial” o “como esencial” a secas. “Confunden las palabras intencionalmente, lo han hecho en la Legislatura y en el Concejo Municipal de diferentes lugares”, dice, y recuerda que la “esencialidad en términos legales” significa “no permitir el derecho a huelga”, algo que además para el sector educativo hasta ha sido rechazado por la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“Claro que la educación es fundamental para el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. No hay ninguna duda de que es un derecho. Pero hacen un uso del lenguaje para confundir”, insiste, y advierte que en este contexto de pandemia no se pueden tener abiertas las escuelas en el ciento por ciento. Para reforzar esa idea, repasa cómo en diferentes países del mundo las escuelas se han cerrado temporariamente ante el aumento de contagios de coronavirus. Y una vez más dice que una posición extrema como la que empujan estos grupos de padres, “lo único que hace es perjudicar la salud de los chicos”.

Alesso advierte que “las escuelas no pueden ser objeto de presión” para otros intereses, y en ese sentido se solidariza con el director del Politécnico, Juan Farina, por las agresiones sufridas en el marco de estos reclamos por la presencialidad que protagonizan estos grupos de padres.

“Confunden las palabras intencionalmente”, alerta Sonia Alesso (Ctera), sobre el reclamo de la “educación como servicio esencial”.

Representatividad que no tienen

También el secretario general de Sadop Rosario, Martín Lucero, apunta a reconocer la aparición de las familias en la escena educativa tras un año de pandemia, y sin clases presenciales (en 2020). “Lo interesante es que generó un interés en algunas familias en involucrarse en el tema educativo. Lo negativo es que debió pasar un año para que algunas organizaciones de padres aparecieran”, marca.

Lucero considera que el debate por la presencialidad “cayó en la grieta y fue aprovechado por algunos sectores políticos que empujaron a la confrontación, y terminó siendo un reclamo de los padres contra la docencia en lugar de ser contra el Estado”, que es quien toma las decisiones. Considera que el hecho no deja de ser llamativo, que tiene mucha similitud con otras movidas de estos grupos: “En definitiva, son los mismos padres que después se quejan cuando hay paros”.

El dirigente también coincide con la falta de representatividad que tienen, y cómo aun así logran instalar sus demandas: “A nosotros nos presentaron una nota en diciembre de 2020 con la firma de siete padres. Les contestamos a cada uno para reunirnos, ninguno vino. En realidad son un grupo de WhatsApp de unos 100 o 150 padres, cuando en Santa Fe hay más de un millón de padres y madres. No son representativos”.

La incidencia en los medios la consiguen porque hay un reclamo genuino, que es el de la presencialidad de parte de la sociedad –dice Lucero–. Un reclamo que la docencia comparte, pero sólo aparecen estas familias como las interesadas. Y además, “se empezaron a reunir con sectores de la representación política, en especial Juntos por el Cambio. Siempre fue políticamente correcto recibir a los padres, a tal punto que (estos grupos) fueron recibidos por el Intendente, referentes del Concejo, el Gobernador y el ministro de Educación nacional”.

Ahora bien –refresca–, “cuando estos Padres por la Educación repudiaron el paro internacional de mujeres (8M) mostraron el problema que genera darles representatividad a quienes no la tienen”. Lucero también cuestiona las expresiones de los padres que critican violentamente al Politécnico y a su director, “una persona de notable trayectoria en la docencia rosarina”. Por eso –insiste–, “hay que ser responsables al decidir a quién se le da el lugar de interlocutor, porque el problema está cuando el poder político o el Estado les da representatividad a sectores que no la tienen”.

El dirigente del Sadop advierte que hay manifestaciones que son funcionales a los sectores más reaccionarios de la política de la derecha argentina. Son los que exaltan a los sectores “más reaccionarios de las Fuerzas Armadas y de Seguridad” y que estigmatizan a “otros sectores como la docencia, a la cual se la agrede sistemáticamente: Chocobar siempre va a ser bueno y Baradel malo. Una forma de pensamiento que exalta a los sectores a favor de la mano dura y va en contra de la docencia”.

“En definitiva, son los mismos padres que después se quejan cuando hay paros docentes”, dice Martín Lucero (Sadop Rosario).

Negar la política

Gustavo Galli es pedagogo, docente en las universidades Nacional de Hurlingham (Unahur) y Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet). También autor –junto a Gabriel Brener y Marcela Martínez– del libro Judicialización de las relaciones escolares (Noveduc). Además de haber coordinado el área de Inclusión democrática en las escuelas en el último gobierno de Cristina Fernández.

“Responden a cierta clase social, ganan lugar en los medios y tienen más voz que otros sectores. Responden a un sector medio, profesional y de escuela privada”, describe Galli sobre los grupos de “padres autoconvocados”, al menos más visibles en Ciudad de Buenos Aires. Un fenómeno que luego, con distintas variantes, se replica en las distintas jurisdicciones.

Galli remarca esa llamativa presencia en la agenda mediática y política que tienen los grupos de Padres Organizados, cuando hay “un montón de otras expresiones, de familias organizadas, sobre todo en CABA, que generan demandas al gobierno de la ciudad y participan del debate público pero no tienen la misma visibilidad”. Cita la organización de familias, con trayectoria y organización, que trabaja por el derecho a la educación ante la cantidad de niños y niñas que se quedan sin vacantes en las escuelas públicas porteñas.

“No hay que ser demasiado lúcido para pensar que también están traccionados o que confluyen varios intereses para darles visibilidad a estos grupos”, dice Galli, respecto de los Padres por la Educación o Padres Organizados. Y que además –señala–, “se presentan como apolíticos, un rasgo del neoliberalismo que niega la política”.

En ese sentido, apunta que lo que hace Rodríguez Larreta al judicializar el DNU presidencial “es la negación de la política”. “El propio gobierno de CABA niega su naturaleza política. No es extraño porque es la manera de presentarse ante la sociedad que tienen los gobiernos neoliberales”, advierte el educador, y sostiene que “no hay que subestimar ni minimizar estas agrupaciones porque tienen una fuerte capacidad de lobby entre ONGs, fundaciones y los distintos credos religiosos”.

También repara sobre la representatividad que se atribuyen: “Una de las demandas de estos grupos es tener representación en el Consejo Federal de Educación (CFE). Lo que más me llama la atención no es que quieran participar, sino esto de arrogarse la representación de las familias. Porque quienes forman parte del CFE son los propios poderes ejecutivos de las distintas jurisdicciones –a través de los ministerios de Educación–, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) o los sindicatos docentes, que sí tienen todos una representación legítima dada por elecciones democráticas”.

El pedagogo sale aquí en defensa de las cooperadoras escolares como un ámbito genuino de participación de la comunidad educativa.

Gustavo Galli (pedagogo)
“No hay que subestimar estas agrupaciones porque tienen una fuerte capacidad de lobby”, señala Galli.

Las mayores movidas públicas de estos grupos de padres se dan en los grandes centros urbanos, en especial en Ciudad de Buenos Aires, amplificadas por los medios “nacionales” que muestran lo que pasa en el centro porteño como si se tratara de la realidad del país.

“No hay que dejar de tener en cuenta que en CABA el 50 por ciento de la matrícula pertenece a la escuela privada. Y que en provincia de Buenos Aires también es alta la enseñanza privada. Coincidentemente estos grupos de padres pertenecen al ámbito de la educación de gestión privada. Y esto es absolutamente distinto en el resto del país, donde no es tan alta la presencia y responde más a escuelas confesionales”, diferencia el pedagogo sobre otro aspecto del perfil de estos Padres por la Educación o Padres Organizados.

Y con precisión dice más sobre qué hay detrás de estos grupos: “No lo quiero atribuir a una cuestión de clase, pero está muy cerca”.

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3 Lectores

  1. Avatar

    Laura Michelon

    03/05/2021 en 11:17

    Esta «agrupación» aglutinados en Argentinos por la Educación dirigida por CEOS es la voz de la derecha. De esa misma derecha que bajó el presupuesto para educación. Y además pesando CABA viene de la mano de la desfinanciación de la educación pública a favor del sector privado. Admintido por el que en su momento representaba en la CABA a la Educación Esteban Bulrich avenido luego a Ministro de Educación antes de que pasara a ser secretaría

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  2. Avatar

    Alejandra

    03/05/2021 en 18:30

    Creo que la cosa es al revés. Esta forma de presentar nuestros reclamos se da porque fueron otros los que sin permiso de los padres metieron la politica en las aulas, y las utilizaron como coto de caza para sus propios fines. Hasta hace un tiempo atrás se escuchaba decir a los docentes lo interesados que estaban en que los padres se involucraran en el tema educación y cuando lo hacen son unos derechistas empedernidos y antidemocráticos😂. No se si seremos muchos los que defendemos a nuestros hijos de la politiqueria hegemónica que se encuentra en las aulas, pero somos algunos y vamos a seguir pinchando hasta ser escuchados. Su percepción de unos padres preocupados por la educación de sus hijos habla más de ustedes que de nosotros.

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      Florencia

      04/05/2021 en 23:05

      Y cuando los docentes que nos desvivimos por nuestros estudiantes pedimos un salario justo. Dónde están los padres por la educación?
      Cuando pugnamos por la situación edilicia (muchísimo tiempo antes de la pandemia). Dónde estaban los padres por la educación?
      Cuando explotó una escuela y recordamos a la directora y su auxiliar. Dónde estaban los padres por la educación?
      (Gobierno M.E Vidal)
      Saben los padres por la educación que hay escuelas que no tienen agua?
      Saben los padres por la educación que se llevó puerta por puerta cuadernillos en los lugares más vulnerables?
      Saben los padres por la educación, que l×s maestr×s dieron clases por teléfono?
      Tienen conocimiento los padres por la educación de cuánto nos paga el gobierno por material didáctico?
      Saben los padres por la educación la situación de los médicos?
      Saben los padres por la educación que las guardias de los residentes son inhumanas?
      Saben que salud y educación son los pilares en una sociedad igualitaria?
      Los saludo muy atentamente esperando que la molestia no sean l×s niñ×s en casa y esperando el apoyo de ustedes real y honesto hacia una sociedad solidaria.
      Piensen en l×s médicos ell×s salvan vidas y nos necesitamos vivos.

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