Pasaron las elecciones legislativas y surgen preguntas: ¿Hay acuerdo con el FMI? ¿Con ajuste? ¿Quién paga el ajuste? Inflación, salarios y empleo, desafíos hacia 2023 y más allá del Fondo.

Cuando todavía se contaban los votos y se difundían los primeros resultados de las elecciones legislativas, a eso de las diez de la noche del pasado domingo 14, el presidente Alberto Fernández sorprendió con un mensaje grabado, al estilo cadena nacional, en el que con tono mesurado anunció que la primera semana de diciembre enviará al reconfigurado Congreso un proyecto de ley para que se debata un “programa económico plurianual para el desarrollo sustentable”, tal como fue presentado.

La iniciativa a discutir, además de (se supone) contemplar una hoja de ruta con las principales variables económicas proyectadas a varios años, incluirá los avances en la renegociación de la deuda-bomba-impagable con el Fondo Monetario Internacional, “sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social”, según lo expresó el jefe del Estado la mismísima noche en la que casi todas las fuerzas políticas festejaron.

“En esta nueva etapa profundizaremos esfuerzos para llegar a un acuerdo sustentable con el FMI. Debemos despejar las incertidumbres que conllevan deudas insostenibles como ésta. Y debemos hacerlo preservando las condiciones que nos permitan seguir por el sendero de la recuperación económica con generación de empleo, apuntando al mismo tiempo a una reducción persistente del mal inflacionario”.

Esto dijo el presidente de la Nación en el mensaje institucional, grabado antes de conocerse los números de la compulsa electoral de medio término y divulgado previo a pronunciar otro discurso más efusivo y en vivo en el centro de campaña. En el primero, donde AF anunció el proyecto de plan plurianual, apeló al diálogo y al consenso con el arco opositor. El okey a esa convocatoria y el axioma conjunto para implementar un programa económico de pospandemia resultan algo raros.  

En lo que a priori resultaría ser el preámbulo del acuerdo con el Fondo, el primer mandatario también dio a entender, al anunciar el envío de este proyecto de ley, que en la “segunda etapa” que se abre para el Frente de Todos, que incluyó una suerte de relanzamiento de gestión con la multitudinaria marcha por el Día de la Militancia el miércoles 17, no habrá lugar para recetas de ajuste, menú clásico que impone el organismo internacional a los países acreedores, una situación que sin dudas desembocaría de modo directo en una derrota para el oficialismo en las presidenciales de 2023.

En la convocatoria de la CGT a la histórica Plaza de Mayo, con participación de las dos CTA, movimientos sociales y distintas organizaciones políticas que conforman el Frente de Todos, Alberto, único orador, volvió sobre el tema: “Nos quedan muchas batallas por dar, como terminar con el problema de la deuda, enfrentar definitivamente a los formadores de precios para controlarlos y decirles basta, que el crecimiento que tanto añoramos llegue a cada rincón de la patria”.

Fondo de… ¡ojo!

El Frente de Todos celebró la remontada matemática en las elecciones legislativas pese a la derrota a manos del frente opositor Juntos. Si bien dio vuelta la taba en varios distritos al cotejar lo ocurrido en las Paso, entre los alcances positivos del revés electoral el oficialismo recuperó aire político que sirve para aplacar intentonas de “golpe blando” que siempre cocina la derecha vernácula, que antes de los resultados de los comicios habló de “transición ordenada” cuando faltan todavía dos años para las elecciones presidenciales.

El oficialismo se mantiene como primera minoría en la Cámara de Diputados de la Nación pero perdió quórum propio en el Senado. Entre interpretaciones y lecturas poselectorales en disputa, desde el FMI esperan que Argentina avance en un plan económico que cuente con “un amplio apoyo político y social”. Desde el Fondo hasta mencionan entre los desafíos más apremiantes para la Argentina “la alta inflación”. Desde la calle, en tanto, varios sectores vienen alertando sobre las exigencias del organismo multilateral que comanda Estados Unidos, con objetivos económico-financieros pero también geopolíticos.  

El plan plurianual y los entendimientos que el gobierno de Alberto Fernández haya alcanzado con el staff del Fondo Monetario Internacional, con aval pleno del FdT pero sujeto a modificaciones y debate, deberán ser avalados o refrendados por el Congreso. Algunos dirigentes opositores y periodistas ironizan (o no tanto) con que la masiva marcha por el Día de la Militancia fue “en respaldo al acuerdo con el FMI”. En realidad pareció más un reclamo, al menos desde algunos gremios y movimientos sociales, para que el gobierno nacional no se entregue con los ojos cerrados a las exigencias leoninas del Fondo.

“Hay que recuperar la economía nacional con inclusión y justicia social, con plena vigencia de los derechos laborales y de la seguridad social. No vamos a admitir cercenamiento alguno de esos derechos, como han propuesto diputados electos por la oposición e impulsan las grandes corporaciones económicas. También para recordar que las políticas neoliberales y de flexibilización laboral que pregonan siempre significaron caída del mercado interno, destrucción del entramado productivo y del empleo, financiarización de la economía y  brutal endeudamiento”, señalaron desde el sindicato La Bancaria al participar de la movilización en el día en que se recordó un nuevo aniversario del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina en 1972, luego de dieciocho años de exilio.

Cuestiones de Fondo

Las negociaciones por la deuda entre la Argentina y el FMI se iniciaron el año pasado, un 2020 roto por la irrupción de la pandemia y sus gravísimas consecuencias. El último contacto formal fue en la reciente cumbre del G20 en Italia. El gobierno de AF busca reestructurar la megadeuda por 45 mil millones de dólares que tomó prestados y sin aval del Congreso la administración que lo precedió, la de Cambiemos, en 2018, crédito político destinado a financiar el último tramo del gobierno de Mauricio Macri y el intento fallido de su reelección.

También los billetes verdes del préstamo fueron a parar a las arcas de bancos y fondos de inversión que se llevaron afuera dividendos de la bicicleta financiera que aceitó el gobierno neoliberal que lideró el empresario ex presidente del club Boca Juniors, reconocido por él mismo en una entrevista televisiva, algo que prohíbe el propio Fondo en sus estatutos y por lo que, entre otras cosas, torna escandalosa la deuda con el FMI.

En las negociaciones que lidera el ministro de Economía Martín Guzmán, el gobierno buscó extender los plazos para las cuotas de devoluciones del problemático crédito, el mayor préstamo de la historia del Fondo, que a la sazón actúa como instrumento de dominación y de vigencia de políticas neoliberales. De igual forma, el país pidió que el organismo revise los sobrecargos en las tasas. En todo, el FMI viene bajando el pulgar.

El desastroso gobierno de Macri, que pulverizó salarios, empleo y deterioró la calidad de vida de las grandes mayorías, más la continuada pandemia de coronavirus y su impacto mundial, originaron una crisis de enorme magnitud, sanitaria, sociolaboral y económica. Si bien el gobierno tomó algunas medidas antiinflacionarias, como congelar hasta enero precios máximos en productos de consumo masivo, con el propósito de frenar aumentos desmesurados definidos por monopolios y oligopolios de la alimentación, en los hechos le resulta difícil controlar el índice de inflación y recomponer ingresos, en un contexto complejo, con más del 40 por ciento de la población bajo la línea de pobreza.

Desafíos y expectativas

Nicolás Pertierra, del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), advirtió que “falta conocer el contenido concreto de la propuesta (del plan económico plurianual), de hecho falta saber si será una declaración de objetivos y metas, como que Argentina tiene que crecer, bajar la inflación, achicar la brecha cambiaria, todo muy evidente y cosas que no tienen mucha discusión. Pero… ¿cómo se hace eso?; ¿qué prioridades hay?; ¿se ponen límites de gastos, de déficit, de tarifas, de subsidios a la energía, o no hay nada de eso? ¿O se anuncia un programa de reactivación? Todo está por verse”.

En declaraciones a El Eslabón, el economista sostuvo: “El punto es contemplar qué hacer si el Fondo se pone demasiado duro con sus exigencias. Ahí puede ser necesario que el gobierno tome medidas, de hecho para mí ya lo debería estar haciendo independientemente del acuerdo con el Fondo o no, porque si el FMI se pone demasiado duro con sus exigencias va a tener que mostrar un apoyo a su política económica más contundente que el que tuvo en las elecciones y va a tener que mostrar los buenos resultados de esas políticas”.

Según Pertierra, “los principales desafíos están en materia de ingresos, de pobreza, sobre la situación social”. El economista del Ceso concluyó: “Si el gobierno empieza a mostrar mejores números por ese lado, me parece que eso también le va a servir para negociar mejor con el Fondo”.

Por su lado, el economista Juan Valerdi recordó que “en diciembre se viene un vencimiento con el FMI de 1.900 millones de dólares. La negociación con el Fondo parece empantanada porque el organismo estaría pidiendo cosas que el gobierno no podría firmar por más buena voluntad que le pusiera. Si esto ocurriese la gente lo reclamaría mucho en la calle y probablemente no pasaría por el Congreso”.

Para el docente de la Universidad Nacional de La Plata, “si el gobierno argentino acepta las condiciones del Fondo resultaría una debacle política, social y de soberanía para la Argentina. Hay condiciones que van escritas y otras, geopolíticas, como la puja de Estados Unidos con China, que no están escritas. Pero si cedes a empeorar leyes laborales vas a tener un problema grande. El potencial acuerdo con el FMI debe estar en el Congreso y debe haber manifestaciones donde la gente no le deje pasar al gobierno algo que sea inaceptable para la mayoría de la población».  

Según opinó Valerdi, “hay problemas serios más allá de la negociación con el Fondo, organismo que con sus ajustes sucesivos y recesivos destruyó la economía de muchos países. Entre esos dilemas, la inflación no se detiene y se erosiona el salario real, se genera más pobreza e indigencia y no permite relanzar el mercado interno. Vamos a ver si el gobierno está dispuesto a ponerse más firme con los monopolios y oligopolios formadores de precios en alimentos y en otros rubros, como la energía, a los que les importa poco las resoluciones oficiales como el congelamiento derretido de precios de la Secretaría de Comercio”.

Con respecto al plan económico plurianual que el Ejecutivo enviará al Congreso, el economista Juan Valerdi fue cauto y pidió “una discusión amplia que incluya a todos los sectores”. Y agregó: “Si la imposición del Fondo teñida de acuerdo es para darle amnistía a la truchada que hizo el macrismo con el FMI y la oposición acompaña alegremente quiere decir que estamos en problemas y nos condena a tener metido al FMI en el país como mínimo diez años”.

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