Bajo presión devaluatoria, lo que traería más inflación y pobreza, el gobierno anunció medidas sobre las importaciones para controlar maniobras especulativas, frenar la salida de divisas y sostener el crecimiento de la actividad, que igual se siente poco en el bolsillo.

El minúsculo nivel de reservas disponibles en el Banco Central llevó al gobierno del Frente de Todos a adoptar una serie de medidas en torno al sistema de financiación de las importaciones para intentar revertir la escasez de dólares, reducir la salida de divisas del país y así sostener el crecimiento de la actividad, que parece atorada. Las disposiciones se dan en un contexto de tensión cambiaria, inflación anualizada arriba del 60 por ciento que desgarra bolsillos y un mercado laboral con bajo desempleo pero más fragmentado y precarizado. Y con el FMI buscando imponer metas y recetas como rige en el acuerdo por la deuda-bomba heredada, un programa que es inflacionario y no alcanza para “tranquilizar la economía” nativa en un mundo belicoso.

Los ministerios de Economía y de Desarrollo Productivo, junto al Banco Central y Aduana, alinearon controles más finos a los efectos de prever maniobras especulativas con importaciones de bienes y servicios, como stockeo intensivo que se hace adelantando operaciones, sobrefacturación o subfacturación, evasión impositiva, entre tantos otros tejemanejes de grandes empresas voraces y ávidas de la divisa estadounidense. Las mismas grandes compañías que ya son beneficiadas por los precios internacionales récord, aumentando sus márgenes de ganancia a partir de una renta extraordinaria.

Las importaciones, y, a la par, las estrategias para hacerse de dólares al precio oficial (que algunos llaman “dólar barato”) se incrementaron de manera considerable, igual que la salida de dólares por deudas del sector privado, una de las grandes canaletas por donde se van los billetes verdes. No obstante, Argentina lo que más compra hoy en el exterior es energía, que está más cara y encima no abunda por el conflicto ruso-ucraniano, ambos países productores de petróleo, sus derivados y granos, y el impacto que esto genera a escala global.

En junio de este año, Argentina destinó 2 mil millones de dólares a la importación de energía, contra 800 millones de junio del año pasado. Los 1.200 millones de dólares más se explican por los altos precios internacionales y también por el crecimiento de ciertos sectores de la economía doméstica. La guerra, además, aceleró los precios de los alimentos, que en Argentina vino a complicar más aún el cuadro de situación socioeconómica y licuó mejoras salariales y refuerzos de ingresos que apalanca el gobierno de Alberto Fernández.

Las nuevas medidas de administración de dólares de las reservas del Banco Central destinadas al comercio exterior, reservas que tuvieron un respiro con el desembolso que días atrás efectivizó el Fondo Monetario de casi 4 mil millones de dólares, estarán vigentes por un trimestre y habrá que ver cómo repercuten en la actividad económica. Se trata de que grandes compañías que operan en el país consigan más financiamiento para pagar sus importaciones sin morder las reservas de la autoridad monetaria. Por su lado, las pymes quedarán exceptuadas de las exigencias impuestas para financiar importaciones y tendrán flexibilidad para acceder a las divisas.

El presidente de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja, “pirómano que agita la devaluación”, según lo pintó, sin nombrarlo, el ministro de la Producción Daniel Scioli, criticó las medidas. A las pocas horas del anuncio oficial, se dispararon las cotizaciones de los dólares paralelos y se reinstaló la histeria en “los mercados”, imprimiéndole más (Jorge) suspenso alrededor del devenir de la divisa norteamericana.     

Consultado al respecto, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, sostuvo que las medidas anunciadas respecto de la administración de las importaciones fueron tomadas para evitar una “devaluación brusca” de la moneda nacional y reducir la demanda de dólares. Sobre las subas en las diferentes cotizaciones del dólar, tanto el que se transa en el mercado informal como los financieros, consideró que son “movimientos especulativos”. El presidente Alberto Fernández, más contundente, lo llamó “golpe de mercado”.

“No es que no haya dólares, o que nos falten dólares o que la economía argentina no produzca dólares. La economía argentina produce dólares que se evaden bajo muchísimas formas. Festival de importaciones, sí, hay festival de importaciones”, había sentenciado la vicepresidenta CFK durante su participación en el plenario sindical de la CTA. También, ese Día de la Bandera, opinó que tantas maniobras especulativas del poder económico-financiero mostraban a un “Estado estúpido”, al tiempo que reclamó “mayor coordinación” del equipo económico del gobierno, cuyo rumbo discute y critica.

¿Le da la nafta?

Hablando de reservas, desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso) venían planteando que la reactivación económica tenía “poca nafta en el tanque”. En su último informe, se señaló: “Con un nivel de reservas al borde de la línea de flotación, consideramos que la discusión en torno al conflicto distributivo iba a ser reemplazada, en el corto plazo, por la discusión sobre el crecimiento en sí mismo”.

En el citado reporte del Ceso, se lee: “Si bien nuestras dudas se centraban en las condiciones en las que se iba a enfrentar el año electoral, donde la escasez de dólares junto a las restricciones a la política económica que impone el acuerdo con el FMI no dejaban margen para traccionar el crecimiento, la incertidumbre se materializó mucho antes. A más de un año de la elección del próximo gobierno y a sólo tres meses de la aprobación del acuerdo con el FMI, ya se concretó la primera mini corrida contra la deuda en pesos del gobierno nacional”.

Dicha corrida “se acentuó por una gestión económica con pocos recursos y baja capacidad de reacción”. Según plantea el informe, “si no hay coordinación en las respuestas entre Economía y Banco Central, las pocas balas de que se dispone son disparadas inoportunamente y con mala puntería. Esto fue apenas un anticipo de lo que puede venir pero ya nos deja metidos en la coyuntura que va a dominar la política económica de acá a diciembre de 2023: atajar penales en el mercado de cambios”.

Importaciones por ascensor

La economista Fernanda Vallejos opinó que “hay especulación, pero también preocupaciones reales”. Observó que grandes jugadores del mercado presionan y mueven el precio del dólar ilegal, pero esto se monta sobre una debilidad real de escasez de reservas del Banco Central, y exacerba temores que existen en la sociedad y terminan perjudicando las expectativas del conjunto de la economía.

“La devaluación, que en Argentina es recesiva, beneficia a pocos y afecta a sectores mayoritarios de la población, con derrumbe de salarios, que perdieron poder adquisitivo en los cuatro años de Macri y siguieron perdiendo en el gobierno de Alberto Fernández, incluso con una economía en recuperación”, señaló la ex diputada nacional del FdT. La situación cambiaria se vincula con la inflación. “Hace un año y medio que estamos discutiendo el desacople de los precios internacionales de los domésticos y no se ha tomado ni una medida en este sentido”, señaló.

“Hay que ejecutar una política de auditoría de la deuda privada de empresas que promovió el gobierno Macri, ya que una parte importante de esa deuda son autopréstamos intrafirmas por donde se perdieron una importante cantidad de dólares, como se perdieron por la decisión de pagar la deuda externa cuando todavía no había ninguna reestructuración firmada, ni con los acreedores privados ni con el FMI”, objetó la economista.

Para Vallejos, “hay una situación paradojal, porque tenemos precios récord en décadas de materias primas que exporta Argentina, a la vez dramática porque impacta sobre los precios domésticos, pero desde el punto de vista del comercio exterior y de la acumulación de reservas tiene un costado positivo, y sin embargo la autoridad monetaria no ha podido acumular dólares para las reservas. Por el contrario, fueron cayendo y sólo se recuperan cuando entran los fondos del FMI”.

En declaraciones radiales, la economista consideró que las medidas del Banco Central “buscan contener maniobras especulativas con las importaciones, donde hay demandas bastante más allá de lo que uno esperaría de una economía en recuperación. Hay mecanismos defensivos o especulativos de empresas junto a una demanda real de importaciones propia del impulso de la actividad. Pero las importaciones suben por ascensor y las exportaciones van por la escalera”.

Saldo comercial

La escasez de divisas es un gran problema crónico argentino, al que no todas las regiones contribuyen por igual. El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), que dirige Alfredo Serrano Mansilla, elaboró un informe donde se estimó el saldo comercial de mercancías (diferencia entre importaciones y exportaciones de bienes) de cada provincia durante 2021, para saber cómo contribuye cada distrito a explicar la abundancia o escasez de dólares.

“Nueve provincias tienen un superávit comercial, que en conjunto suma 27,5 mil millones de dólares. Santa Fe, con 12,1 mil millones de dólares de superávit, es la provincia más superavitaria y duplica a la segunda, Córdoba, con 6,8 mil millones. Las quince jurisdicciones restantes son deficitarias y en conjunto suman un déficit de 12,8 mil millones de dólares. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) es la principal consumidora neta de dólares y genera el 60 por ciento del déficit de las jurisdicciones deficitarias, sin tomar en cuenta la demanda adicional de dólares con fines especulativos que se realiza en CABA”, resumió el análisis económico de Celag.

En el último Monitoreo de la coyuntura del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que dirige el economista y director del Banco Nación Claudio Lozano, se indicó: “Argentina mantiene saldos comerciales positivos desde el 2019. Sin embargo, el corriente año evidencia una tendencia en la cual el ritmo de crecimiento de las importaciones supera ampliamente al de las exportaciones a pesar del momento internacional favorable para estas últimas”.

De acuerdo a la investigación del IPyPP, la tasa interanual de crecimiento de las importaciones viene en constante aumento al pasar del 36,5 por ciento en enero de este año hasta llegar al 53,1 en mayo, mientras las exportaciones también se vieron aceleradas, del 12,9 en enero hasta 20,7 por ciento, lo cual da cuenta de una tendencia al achicamiento del saldo comercial en el tiempo. Cabe considerar que el aumento de los precios internacionales, en lo que refiere a la energía e insumos como los fertilizantes, golpea los valores de las importaciones”.

El acuerdo entre Argentina y el Fondo por la megadeuda macrista propone, entre otros puntos, acortar la brecha cambiaria entre el valor del dólar oficial y el llamado blue. Después de un 2021 con ancla cambiaria, cuando el valor del dólar oficial subió veinte puntos contra más de cincuenta puntos de inflación, el gobierno aceleró en el primer semestre de este año el ritmo de mini devaluaciones para intentar reducir la brecha a riesgo de recalentar la inflación.    

Al respecto, el reporte del IPyPP refirió: “El nivel de reservas en el Banco Central tiene una doble relevancia. Por un lado, es el centro de atención para el monitoreo del acuerdo con el FMI y, por otro lado, da cuenta del poder de fuego que tiene el gobierno para controlar el tipo de cambio. Ambas preocupaciones tienen lugar como resultado de haber asumido ciertas renuncias. En el primer caso, la renuncia por parte del Ejecutivo de reencauzar la negociación de una deuda externa fraudulenta e irregular y, en el segundo caso, por haber resignado la oportunidad de un mayor control sobre la oferta y administración de dólares”.

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