educación

 

En las primeras horas del 24 de marzo de 1976, la dictadura cívico militar asesinaba al maestro Isauro Arancibia. Isauro había sido uno de los fundadores de la Ctera (11 de septiembre de 1973), la confederación que había decidido pasar del docente apóstol al docente trabajador. Isauro pensaba que “para ser maestro había que dejar de ser santo” y había que “meterse en la realidad” para que las niñas y los niños fueran “educados a razonar y cambiar la vida, no a recitarla”. El asesinato del maestro Isauro pretendió ser disciplinador para la docencia y en especial para sus organizaciones sindicales de base.

Quien trae el recuerdo del maestro Isauro Arancibia y de la fundación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) es el actual secretario de Educación de dicha institución y secretario de Cultura de Amsafé, Miguel Duhalde. Lo hace para hablar del papel que cumplen estas organizaciones en defensa de la democracia y de la educación pública. También para analizar las razones de por qué se ataca a los gremios del magisterio. En este mismo intercambio, sobre el valor de los sindicatos docentes, opinan el secretario general de Sadop, Martín Lucero, y dos profesoras delegadas: Micaela Ramos y Violeta Amancay Castillo.

En la carta fundacional de la Ctera –resalta Duhalde– está la defensa de “la educación como derecho”. Un hecho del que este 11 de septiembre se cumple un aniversario más y el próximo año serán los 50 de esta declaración. “Esto significa entender la educación desde la mirada colectiva, en contra de los posicionamientos individualistas, de la educación como un privilegio, o de pensar que hay una educación para unos y no para otros. Para nosotros definirla como derecho es democratizar la idea de educación”, asegura el dirigente. 

Duhalde destaca que la Ctera se funda en el momento que se recupera la democracia, cuando el movimiento obrero vuelve a cobrar centralidad y se da la identificación de la docencia con la de “trabajador de la educación y trabajador de la tiza”. Y una vez más dice que es cuando se subraya “la definición de la educación como derecho”.

En 1976, “el golpe cívico militar, esclesiástico y empresarial asesina al compañero secretario general de la Ctera Isauro Arancibia y se desaparecen compañeros como Marina Vilte y Eduardo Requena, lo que hoy vemos retrospectivamente como aleccionador. Se tuvo que matar a un maestro para que «vean qué les va a pasar a todos aquellos que defienden un derecho, se sientan identificados como clase trabajadora»”, dice Duhalde, quien enfatiza en la necesidad de valorar la democracia. 

Miguel Duhalde (Ctera)
El secretario de Educación de Ctera, Miguel Duhalde. Foto: Amsafé

Pero el ataque a las y los trabajadores docentes también recrudeció en “tiempos de restauración conservadora” –tal como denomina al macrismo–. Los sindicatos docentes “somos el objetivo a destruir de cualquier gobierno de derecha. (Alejandro) Finocchiaro se la pasó todo su mandato dedicado a intentar destruir a la Ctera. No pudo la dictadura menos van a poder estos perejiles del Pro con sus intentos de desestabilización de las organizaciones”, marca Duhalde. Repasa que los ataques al sindicalismo se hicieron –entre otros males– “clausurando la paritaria docente, con la represión de la Escuela Itinerante y desarticulando el sistema educativo para que pase lo de Sandra y Rubén”. 

El referente docente asegura que las agresiones se dieron y se dan porque “la Ctera es una de las tantas organizaciones que muestra que la salida es por lo colectivo, por la lucha organizada”. Además de marcar que quienes agreden son sectores que ahora “están envalentonados con esta alzada de los discursos de odio”.

La defensa del magisterio

Martín Lucero
El secretario general del Sadop Rosario, Martín Lucero.

“Si los sindicatos docentes no defienden a las maestras y a los maestros, no nos defiende nadie”. En esa idea se para el secretario general de Sadop Rosario, Martín Lucero, al hablar del valor que tienen los sindicatos del sector en defensa de la educación y la vida democrática. Una razón que define como “insoslayable”.

Dice que “todos los gobiernos aseguran que van a defender a las maestras y maestros, pero eso después no pasa”. “La única organización que defendió a lo largo de la historia a la docencia son los sindicatos docentes”, destaca, y afirma que esa defensa la ejercen con hechos concretos. 

Lucero extiende su reflexión al papel de resguardo del trabajo docente que tienen las organizaciones sindicales a “la valoración que tiene la docencia de sí misma, respecto de ser de alguna forma el nexo conductor de la transmisión de ciertos valores de la sociedad como tal, como los de la solidaridad, el compañerismo o la empatía con el sufrimiento del otro”. Esto es la promoción de la vida democrática en todas sus manifestaciones y desde la escuela.

Pero tomar ese desafío como misión propia al trabajo de educar tiene sus costos. Se ataca a la docencia y se la acusa de “estar ideologizando”, señala Lucero, cuando en realidad, “están transmitiendo los valores culturales que predominan en nuestra sociedad”. 

Es a partir de esa mirada sesgada sobre el oficio de la enseñanza –analiza el dirigente de Sadop– que devienen una serie de ataques y debates que se simplifican en asegurar que “«un docente que está enseñando derechos humanos está ideologizando o está haciendo partidismo político», lo cual es una barbaridad”. “¿Y quién va a defender a los docentes cuando los acusan de adoctrinamiento? Siempre son los sindicatos”, remarca Lucero.

Para el secretario general de Sadop Rosario, los ataques al sindicalismo docente se dieron en distintos gobiernos pero recrudecieron durante el gobierno de Mauricio Macri. “La represión fue frontal frente a la plaza del Congreso, cuando se instaló la Escuela Itinerante (abril 2017)” y también con “la persecución a Sonia (Alesso) y a (Roberto) Baradel”.

Los ataques a la docencia organizada se apoyan –dice Lucero– en una visión claramente liberal: “Pensemos que si no existieran los sindicatos realmente sería cierto eso de que la docencia es un apostolado. El apóstol no cobra, es abnegado, no reclama por sus condiciones de trabajo y hace todo por amor. Si hace todo por amor no es trabajador. Lo que se pone aquí en colisión es la idea de trabajador. Si no hay sindicato los docentes son Jacinta Pichimahuida y si hay sindicato son Carlos Fuentealba”.

De la mano de la democracia

Micaela Ramos
Micaela Ramos es maestra de educación primaria y especial, y delegada de Sadop Rosario.

Micaela Ramos es maestra primaria en el Colegio del Sur y de educación especial en el Colegio Gurí. Lleva diez años en el oficio docente y siete como delegada. Es también congresal por Sadop Rosario. “Soy militante antes de ser trabajadora. Soy hija de un ex preso político de la dictadura militar y siempre militamos en lo político. Cuando empecé a trabajar en la docencia, el sindicato fue un buen modo de continuar esa militancia”, refiere sobre las razones que la llevaron a ser parte de este colectivo. 

Para Micaela Ramos, la defensa de la educación no puede pensarse por fuera de la discusión política. Opina que si bien los gobiernos nacional y provincial pertenecen a la misma bandera política, se distinguen en sus definiciones. “El gobierno provincial nos amenaza con descontar los días de paro, y no tolera el paro sindical pero sí un lock out patronal. Es como muy evidente el sector que defiende”, afirma. 

Sindicatos y democracia van de la mano, dice la educadora, y pone diferentes ejemplos de esta afirmación que son afines a la docencia. Los gremios son “la voz de los trabajadores, en particular de la educación”; defienden una democracia en la que sea más importante “vivir en una provincia que sea justa y equitativa a que en una provincia rica” y consideran a “los discursos de odio y contra las clases populares como violentos y contrarios a la democracia”.

“En el sindicato al que pertenezco, la memoria, la verdad y la justicia son nodales. Trabajamos mucho desde el sindicato y las aulas en defensa de la democracia. No fue menor que el día del feriado –a raíz del intento de magnicidio sufrido por la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner– no hubiese grieta en la defensa de la democracia”, valora.

Desde el aula y el sindicato, dice Ramos, “no creo que haya tarea más importante de la docencia que la de construir con les pibes un país, una provincia, un lugar donde podamos convivir todes y para que eso pase tenemos que sostener la democracia”, y destaca que el Sadop “se expresa siempre en función de pedir permanentemente el diálogo y la paritaria es por excelencia eso”.

La educadora sostiene que son las y los docentes y sus sindicatos quienes trabajan para “construir escuelas como territorio de paz y de diálogo”, valiéndose de la política y las prácticas sociales como herramientas. Una definición que tiene sus costos para el colectivo del magisterio: “Siempre fuimos apuntadas por el dedo. «La maestra no es política». «La maestra es madre y una señora que trabaja ad honorem». «En la casa cuida a los hijos y en la escuela a los pibes». Somos atacados (como sindicato) porque no se nos permite pertenecer a determinados ámbitos que son para otros”. Suma a ese análisis el giro a la derecha que experimenta el mundo y el papel de los medios que colaboran en la construcción de miradas no favorables a la docencia. 

“Celebro que nos paremos en la plaza para decir que cualquiera que siembre violencia y odio está parado en las antípodas de lo que quiero en mi salón. No quiero ni para mi hijo ni para mis alumnos un país en el que para ganar no me importe ningún medio. Voy a seguir militando en el sindicato –defiende Ramos– que los medios son otros y que es posible pensar lugares más justos, en los que para que yo exista tiene que existir el otro”.

“Amamos lo que hacemos”

Violeta Amancay Castillo
Violeta Amancay Castillo es profesora de ciencias de la educación y delegada de Amsafé. Foto: Sin Cerco

Violeta Amancay Castillo lleva más de 20 años unida a la docencia. Es profesora en ciencias de la educación y da clases en los Institutos de los Profesorados N°16 y N°11; en este último es delegada desde hace seis años. Comenzó a pensarse docente y militante de este ámbito en su misma familia, integrada por docentes, en la escuela rural de Corrientes de donde es oriunda y más tarde en las de Santa Fe. Antes, cuando era alumna, formaba parte del centro de estudiantes. “Vas llegando a esos lugares –repasa– porque participás en una marcha, en charlas en la Facultad, en las plenarias. Cuando empecé a trabajar el lugar natural de participación era el sindicato. Es el lugar natural de participación de las y los trabajadores”. 

La educadora distingue dos ejes clave del papel que tienen los sindicatos docentes, uno es la defensa propia de los intereses del sector, siempre junto a otros gremios, y otro la del derecho a la educación y la democracia. “El eje general que nos convoca como trabajadores es la defensa de las vulneraciones de los derechos que vivimos como laburantes: las condiciones de trabajo, los sueldos, las crisis, las inseguridades”, señala. 

Por otro lado, Violeta Amancay Castillo, que pertenece a Amsafé, se explaya sobre el papel de los sindicatos en tanto promueven el ejercicio de la participación “en defensa de la democracia y de la educación pública”, una defensa que vincula con la propia historia del país. Para la profesora, se trata de una tarea que lleva a encontrar “las herramientas para interpretar la realidad, empoderarnos y ayudar a empoderar a otros en relación a lo que pensamos que es justo, que es una sociedad más igualitaria para todos”.

Sobre las campañas destinadas a descalificar a los sindicatos docentes, la profesora opina: “Son quienes no generan la riqueza los que nos quieren desorganizados, tristes, demonizados a nuestros representantes y dirigentes”. Son las organizaciones sindicales las que muestran “que se pueden soñar otras cosas y generar espacios amorosos, por eso necesitan que se caigan”. Quienes atacan a los sindicatos buscan “seguir generando una sociedad desigual”. 

Para la docente, el mensaje que tiene que imperar y contrarrestar es el de la esperanza. Lo expresa así: “Amamos lo que hacemos. Para nada creemos que es el fin de la historia o la derecha nos va a aplastar. Todo lo contrario: tenemos que seguir multiplicando la esperanza a la amorosidad y el trabajo colectivo. Tenemos una tarea enorme y la responsabilidad de que las generaciones que vienen se sumen a este trabajo, que tiene que ver con lo colectivo y la organización popular”.

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