Tipo 6 de la tarde del jueves, dos conductores de la señal de noticias A24 protagonizan un episodio de los más ilustrativos de un fenómeno incesante desde hace ocho décadas. Es que lo feroz de la violencia y lo descarado de la hipocresía del periodismo antiperonista se inflama en jornadas como la del 19 de febrero. A partir del repudio a un puñado de manifestantes que permanecen en la zona del Congreso por arrojar objetos a las fuerzas de seguridad, ambos conductores de la tele recargan su desprecio y descalificaciones cotidianas sobre sentimientos, identidades e ideas de millones de argentinos y argentinas, a las que atribuyen toda la responsabilidad de la violencia política y social a la que ellos incitan cotidianamente.
Los de A24 son apenas un par de un batallón de propaladores del odio gorila que se intenta instalar como valor positivo, como actitud correcta, como irrefutable, como sentido común. Y al que se apela incluso cuando el demonizado movimiento político que representa a millones no gobierna y no logra sus objetivos como oposición, tal como está pasando con la reforma laboral.
En el caso de los acá citados, se puede apreciar también el empeño por instalar como realidad lo que tanto anhelan y militan. “Desde Perón hasta acá no sufren una derrota como esta”, aseguró uno de los sicarios verbales el jueves, confirmando el sesgo mentiroso de la ofensiva constante.
Incluso aunque se trate de una reforma laboral como la que se está tratando, que por supuesto es un gran retroceso concreto y simbólico, comparar resultados adversos en elecciones y votaciones en el Congreso con el dolor y el sufrimiento que significaron el bombardeo de la Plaza de Mayo, la proscripción electoral, los crímenes de la fusiladora, los desaparecidos y desaparecidas en la última dictadura, da cuenta de lo insostenible del relato de esta gente.
También es muestra de la subestimación de la inteligencia y la voluntad de quienes son blanco directo de tanta metralla. Y ojalá también de la de quienes no son peronistas pero, aunque suelan apelar a muletillas en la misma línea para cazar algún voto más, no consideran al peronismo el demonio a eliminar para vivir mejor en este país. Unos y otros deberían repasar un poco la historia y no darla por terminada todos los días. Y recordar que, si de jugar con fuego se trata, el peronismo pela una carta difícil de empardar, que es la de no tener miedo a quemarse.
Publicado en El Eslabón Nº 753


