La gesta histórica de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución en los años 70 fue siempre, para la militancia, un ejemplo de lucha obrera frente a empresarios, que sólo buscaban enriquecerse y no les importaba la vida o el bienestar de los obreros. Poco se habló durante muchos años, a partir del retorno de la democracia, de la lucha de las mujeres que mantuvieron los hogares, criaron a los niños y niñas y buscaron protegerlos del maltrato por pertenecer a una familia perseguida por sus ideas de izquierda, revolucionarias o peronistas.
La tarea principal de las mujeres de sectores de clase media o baja siempre fue permanecer en sus hogares, ocuparse de la comida y de la vestimenta de la familia, criar hijos y asegurar que los mismos vayan a la escuela, lavar, planchar y limpiar.
Cuando llegó la represión a Villa y muchos obreros fueron torturados, encarcelados y también asesinados, las mujeres de esos hogares sufrieron la represión sabiendo que la misma aparejaba sufrimiento, hambre y peligro de cárcel o la muerte. Pero lo hicieron conscientes de que ellas debían asumir la responsabilidad de alimentar y criar a sus hijos e hijas, y resguardarlos al mismo tiempo que se ocupaban de buscar a sus compañeros y buscar la manera de salvarlos de la muerte o de la tortura.
En los últimos años participaron activamente del juicio contra los policías y militares que desembarcaron en esa localidad del sur santafesino en la que se vivía con trabajo y en paz hasta la irrupción de los mismos. Pese a los reclamos, la (in)Justicia federal no permitió que el juicio se tramite en el lugar de los hechos, o sea en la ciudad de Villa Constitución, como lo establece la ley, y las obligó a contratar un vehículo que las trajera al tribunal federal de Rosario para cada audiencia, asumiendo los costos que ello significa.
Las niñas y niños de aquella época ya son hoy personas adultas que buscan, hasta ahora sin éxito, que se haga justicia por los delitos cometidos por las fuerzas armadas y de seguridad en esos años. En cada audiencia en la que se escuchó el testimonio de obreros, vecinos, familiares de las víctimas, estuvieron presentes las mujeres, dignamente, esperando que los torturadores, asesinos y cómplices fueran castigados.
Lamentablemente, y pese al trabajo incansable del equipo de abogadas y abogados que asumieron este caso, en un trámite impecable desde lo jurídico y absolutamente comprometido desde lo político, la lectura de la sentencia que absolvió a todos los acusados fue un mazazo para quienes esperaban que por fin los culpables de los crímenes cometidos fueran condenados.
Las mujeres del Villazo, con sus años a cuestas, y también las hijas y nietas de quienes fueron asesinados o encarcelados por estos hechos, no abandonaron la lucha ni bajarán las banderas del reclamo de justicia. Y, seguramente, ello permitirá que se gane esta batalla contra la impunidad que también caerá. Y entonces todas y todos podremos gritar que por fin se hizo justicia.
*Militante de la asamblea Lesbotransfeminista
Publicado en el semanario El Eslabón del 7/3/26
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