Con gran dolor despedimos a Mireya Rojo, quien ha fallecido el 25 de febrero de 2026.
La Mire, como la conocían sus compañeros de Villa Constitución, estudió derecho en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) de Santa Fe. Apenas se recibió de abogada comenzó su labor en defensa de la Humanidad: durante la dictadura argentina (1966-1973) y siendo muy joven formó parte de las agrupaciones de abogadas y abogados que trabajaron en la defensa de los presos políticos.
A principios de la década del 70 comenzó a asesorar a los obreros metalúrgicos de Villa Constitución junto a su colega y gran amiga Mari Dal Dosso. Ellas, mujeres fuertes y convencidas, fueron un pilar inclaudicable para acompañar a los trabajadores en el camino de la recuperación de la democracia dentro del sindicato de la UOM Villa Constitución.
Fue una de las protagonistas de las históricas jornadas de marzo de 1974 conocidas popularmente como el Villazo, en las que los obreros, acompañados por el pueblo villense, obtuvieron un triunfo épico, convirtiendo esos hechos en una de las huelgas clasistas más importantes de nuestro país.
Con el trabajo de su asesoramiento legal se logró la recuperación democrática y a finales de ese año la Lista Marrón ganó las elecciones del sindicato, con Alberto Piccinini a la cabeza.
En marzo de 1975 –durante el gobierno de Isabel Perón– fue víctima del Terrorismo de Estado, siendo secuestrada al igual que su colega y toda la comisión directiva de la UOM Villa Constitución, bajo el “Operativo Serpiente Roja del Paraná”, nombre que los genocidas dieron a la represión estatal enderezada a perseguir y desmantelar las organizaciones obreras. Mantuvo su condición como presa política durante los primeros años de la dictadura cívico-militar.
Durante su encierro carcelario, Mireya no pudo ver a su marido Edgardo Capettini –reconocido arquitecto de la UNR que también sufrió la represión genocida, quien además fue despedido de su cargo de docente de la facultad de arquitectura y luego reintegrado con la democracia– ni a sus hijos pequeños, a quienes volvió a abrazar en la navidad de 1978 cuando recobrara la libertad vigilada. En el año 1987 la familia se radicó en Europa.
Su labor en defensa de los derechos humanos nunca se detuvo. Por esas cuestiones del destino y caminos de la política, durante el año 2024 afianzó un vínculo muy grande con el equipo jurídico de la APDH Rosario, con quienes colaboró no sólo declarando como sobreviviente del genocidio, sino también siendo asesora de contexto histórico y legal en el juicio de lesa humanidad del Villazo que continúa buscando justicia.
Sufrió la impunidad que decretó la justicia argentina ante las vergonzantes absoluciones recaídas a finales de 2025. Se nos fue el mismo día en que se realizaron las presentaciones legales para revertir ese fallo aberrante.
A pesar de la ausencia de justicia, la memoria de Mireya nunca se olvidará, su nombre y su espíritu quedarán grabados para la eternidad en el corazón del pueblo trabajador de Villa Constitución y en la historia obrera de la Argentina.
Gracias, querida Mire. Tu familia, tus amigos, tus colegas y tus compañeros obreros nunca te olvidaremos.
*Abogado querellante en la causa Villazo.
Publicado en el semanario El Eslabón del 7/3/26
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