La salud mental de las infancias y las adolescencias está en riesgo. La depresión y la ansiedad son las manifestaciones más frecuentes de un malestar creciente. Al tiempo que expresan no sentirse escuchadas, transitan por entornos digitales nada seguros, sin una mirada adulta atenta a sus necesidades. A este panorama se suman los gobiernos que invierten cada vez menos en asegurar el bienestar de vida de esta población. Una situación que se describe y denuncia en el último Pronunciamiento de la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Un llamado a no mirar para otro lado.  

“Hacia una respuesta integral en salud mental para las niñas, niños y adolescentes” es el título del documento (el N°30) de La Defe, como se presenta este organismo de alcance nacional (creado a instancias de la ley 26.061 de protección de las infancias y adolescencias). El trabajo cobra especial relevancia a poco de la muerte de Ian Cabrera, de 13 años, alcanzado por los disparos que hizo un adolescente de 15, en una escuela de la localidad santafesina de San Cristóbal. Una tragedia que obliga a reflexionar en todas sus dimensiones.    

De acuerdo con el informe Análisis de la situación de la niñez y la adolescencia, de Unicef Argentina (2004), citado en el Pronunciamiento, a nivel nacional “el 9 por ciento de adolescentes de 13 a 17 años reportó sentirse deprimido, y el 13 por ciento angustiado” y “entre los 5 y 15 años los trastornos que más aparecen son la ansiedad (25 por ciento) y los trastornos de conducta (19 por ciento)”. 

En tanto que se estima que en el mundo “uno de cada 7 niños y adolescentes entre 10 y 19 años sufre algún trastorno de salud mental”, que se expresa principalmente en “depresión, ansiedad y problemas de conducta”. Y en América Latina y el Caribe son “casi 16 millones de adolescentes de entre 10 y 19 años que conviven con algún trastorno de salud mental”. También la ansiedad y la depresión están al frente de estos males. 

El Pronunciamiento sustenta sus argumentos en la vigencia de leyes que reconocen el derecho de las chicas y los chicos “a recibir cuidados, apoyos y acompañamientos adecuados en materia de salud mental”. Entre otras normas que consolidan esta perspectiva, se mencionan las leyes de salud mental (26.657), la de protección integral (26.061) y la Convención sobre los Derechos del Niño. 

Sin embargo, desde la Defensoría advierten que “persisten brechas significativas entre el marco normativo y su efectiva implementación”, dada “la falta de servicios especializados accesibles, la persistencia de prácticas vulneratorias y la limitada articulación entre los sistemas de salud, educación y protección”. A lo que se suma la falta de información actualizada, confiable y sistemática sobre lo que pasa con la salud mental de esta población. 

Entornos digitales

Tanto a nivel mundial como nacional, diversos organismos vienen avisando de este “aumento sostenido de las expresiones del malestar en la infancia y la adolescencia, así como una mayor demanda de cuidados y apoyos”. Problemáticas –señala el Pronunciamiento– que se expresan en síntomas de ansiedad y depresión hasta trastornos de la conducta alimentaria, consumos problemáticos, riesgos asociados a entornos digitales y conductas suicidas o autolesivas.

El documento reconoce el lugar central que tienen los entornos digitales en la vida de las infancias y adolescencias, que bien “pueden aportar oportunidades de socialización, acceso a información y participación”, pero que también pueden afectar en forma negativa su salud mental cuando la supervisión adulta no está presente o no hay límites en el tiempo de conexión.

Alertan que “solo el 14 por ciento de niñas, niños y adolescentes declara contar con algún límite horario en el uso de dispositivos tecnológicos, y apenas el 11,8 señala que sus actividades digitales son supervisadas de alguna manera”. 

“Esta falta de mediación –dice el Pronunciamiento– incrementa la exposición a dinámicas problemáticas propias de los entornos digitales, como la sobreexposición, la presión social, la hiperconectividad y la normalización de prácticas de riesgo, con impacto potencial en la salud mental”. 

Las problemáticas que derivan de estas prácticas, en las que la mirada adulta no está presente, se han incrementado (respecto de 2024): “La violencia (+83 por ciento), los problemas de salud mental (+49), la discriminación (+37) y el consumo de drogas (+30)”. Situaciones –advierten– que se interrelacionan con los entornos digitales. 

Para la Defensoría, es prioritario “fortalecer estrategias de prevención, alfabetización digital y acompañamiento adulto, así como promover entornos digitales más seguros y regulados, con enfoque en el cuidado de la salud mental de niñas, niños y adolescentes”. 

Apoyo entre pares, ausencia adulta

¿Qué dicen? ¿Cómo responden las y los adolescentes a estas problemáticas que afectan su salud mental? Desde el Pronunciamiento marcan que surgen dos dimensiones principales. Una es el apoyo entre pares, que “se configura como su principal estrategia de cuidado”.

“Frente al malestar emocional –explica el documento–, los adolescentes priorizan la contención y el consejo dentro del grupo de amistades, generando redes informales de escucha y acompañamiento que muchas veces suplen la ausencia de respuestas institucionales o adultas”.

Por otro lado, insisten en señalar “la falta de escucha y la minimización de sus preocupaciones por parte del mundo adulto”: “Expresan sentirse incomprendidos, invalidados o subestimados en sus padecimientos, tanto en el ámbito familiar como en espacios escolares y sanitarios”. Una desatención que profundiza el malestar.

Foto: Pantallas amigables

Desde la Defensoría aseguran que lo que expresan las y los adolescentes “interpelan al mundo adulto y a las políticas públicas, señalando la necesidad de generar entornos accesibles, validantes y libres de prejuicios, donde sus voces sean escuchadas y sus emociones legitimadas”. 

Además de disponer de servicios especializados, información adecuada, presupuesto acorde –destacan–, es indispensable contar con dispositivos territoriales adecuados para escuchar a las chicas y a los chicos, capaces de atender “los determinantes sociales” de sus padecimientos y “no sólo sus expresiones clínicas”.

El documento se vale para su análisis del aporte de otros informes de la propia Defensoría, de Unicef, del Centro de Estudios Fundar y del Consejo Asesor de Salud Adolescente y Juvenil (Consaju). 

Garantizar derechos

La Defensoría insta al gobierno nacional, entre otras demandas, a garantizar el cumplimiento de la ley de salud mental respecto de las partidas que corresponde a las niñas, niños y adolescentes. También desarrollar lineamientos para prevenir y abordar cómo afectan los entornos digitales a esta población, “integrando enfoques de cuidado, acompañamiento adulto y regulación de prácticas de riesgo”. Y a fortalecer el rol rector del Estado. 

A las provincias les reclama que amplíen y fortalezcan “la red de servicios públicos de salud mental con enfoque comunitario, garantizando una distribución territorial equitativa”; además de darle prioridad a los servicios específicos para las infancias y adolescencias. 

Y a las escuelas, y al sistema educativo en general, les demanda reforzar el rol que tienen en tanto espacios de “promoción del bienestar psicosocial, detección temprana de malestares y articulación con el sistema de salud”. También hacen un llamado a sumar más contenidos relacionados con “salud mental, uso crítico y cuidado de los entornos digitales, convivencia y prevención de violencias, desde un enfoque integral y no patologizante”. Además de “fortalecer los dispositivos de orientación escolar y los equipos interdisciplinarios”.

Nada inocentes

Los últimos días de marzo se conoció el fallo de un jurado de EEUU que declaró culpables a Meta Platforms (Instagram y Facebook) y a YouTube por dañar la salud mental de una joven, que desde temprana edad desarrolló una fuerte adicción a las redes sociales. Según se determinó, las plataformas en cuestión “están diseñadas para maximizar el tiempo de uso, especialmente entre usuarios jóvenes”.

¿Cómo se protege a las niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales?, se preguntó la Defensoría conocido ese fallo histórico. Recordó que, de acuerdo con lo revelado en ese juicio, se conoció que se trata de diseños que “fomentan el uso compulsivo: scroll infinito (mover hacia distintos lados el contenido de una pantalla), reproducción automática, recomendaciones algorítmicas”; prácticas que se vinculan con “ansiedad, depresión y problemas de autoestima”. 

Al respecto, el organismo alertó que “las plataformas digitales no son neutrales” y que las chicas y los chicos “están en pleno desarrollo, son más sensibles a estímulos de recompensa inmediata y tienen mayor riesgo frente a dinámicas adictivas”. Y recordaron que “las tecnologías no son un problema en sí”, el desafío a prestar atención es “saber cómo están diseñadas y cómo se usan”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 11/4/26

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