El gobierno de La Libertad Avanza sangra en silencio. En las próximas elecciones se verá realmente si los escándalos de corrupción hacen mella en la legitimidad que Milei pretende encarnar. Banca a Adorni más allá de lo incontestables y evidentes que son los actos de corrupción de este último y de la imposibilidad que tiene de justificar los gastos realizados y los bienes detentados por el Jefe de Gabinete de Ministros.
La legitimidad del gobierno de Milei no depende tanto del apoyo de los votantes sino más bien de los grupos económicos que detentan el poder en Argentina. Desde el año 2015 a la actualidad, la concentración mediática provocó un aplacamiento del debate político, una berretización de los argumentos utilizados por periodistas, por analistas a la hora de defender o atacar determinadas actitudes en los políticos según a qué partido o ideología respondan. Por eso, cuando un político del peronismo comete un acto de corrupción o simplemente una acción reprobable es condenado y automáticamente se pone todo el aparato mediático a transmitir 24 sobre 24 todas las cuestiones relacionadas al caso, construyendo el escenario necesario para el juicio y castigo de dicho funcionario. A su vez, se relacionan objetos u elementos que nos sirven de anclaje para poder pensar a la persona en esa situación y que no se pueda escapar en el imaginario de esa escena. Los bolsos de López, las vacunas de Ginés González, el yate de Insaurralde, los conteiners de Cristina, son sólo algunas muestras de lo mencionado.

Cuando la situación involucra a los aliados del poder real, el macrismo anteriormente y el mileísmo en la actualidad, el tratamiento que se le da a la información es diferente. El uso del potencial relativiza las acciones cometidas, nunca se nombra ningún elemento concreto que permite un anclaje, y se toma como referencia, o se hace paralelismo a situaciones ocurridas durante un gobierno peronista. La idea es instalar que son todos iguales, que los políticos en general son corruptos, por lo que las diferencias entre unos y otros son mínimas, pero a su vez son de fondo. Se busca la estigmatización de los diferentes actores del campo nacional y popular.
Desde la dictadura a la fecha, los medios hegemónicos que antes recibían suculentas pautas de los grupos económicos, pasaron a formar parte de éstos. El alineamiento de todos los medios de comunicación con el poder real se fue expresando en diferentes momentos históricos de distintas maneras. Desde el hablarle a doña Rosa –que era una señora antiperonista de la ciudad de Buenos Aires que quería parecerse a Mirtha Legrand– en los 80 a Tinelli y la burla como único argumento válido en una época en la que la institucionalidad democrática en decadencia no daba margen para debatir nada porque los actos de corrupción y de mafia eran demasiado evidentes, hasta el periodismo netamente opositor, autodenominado independiente, y sus campañas de inseguridad en una sociedad en la que durante doce años se hicieron efectivos la mayor parte de los derechos consagrados constitucionalmente.
Allá por el 2015, comenzó a tener fuerza el chimento político. Programas que se dedicaban a mezclar cuestiones de orden público con cuestiones privadas para instalar en la agenda mediática que todos podemos opinar de cualquier cosa, que no hace falta demostrar nada para culpar o condenar a alguien y que en última instancia la política no es algo complejo que requiere de un análisis exhaustivo. Se instaló de este modo una banalización del debate público y se posibilitó la emergencia de panelistas como el actual presidente. Estos argumentos apelan a una excesiva simplificación de situaciones que para abordarlas seriamente exigen una complejización exhaustiva y un análisis de múltiples planos y de su interrelación.
La única herramienta que poseen las organizaciones populares, las y los laburantes en general, es la movilización, el paro, la concientización de la importancia de tener derechos. Esas fueron las actividades más atacadas en los medios desde la dictadura a la fecha. El derecho a la circulación como algo más importante que el derecho a manifestarse, la corrupción de partidos políticos y de sindicatos como generalización de la práctica de la militancia y en la que nunca aparecen quienes corrompen, los responsables de ese delito que casualmente son los dueños del poder.

Adorni es corrupto, ya ni siquiera hace falta demostrarlo. Todos lo aceptan. Ahora, si queremos profundizar, tenemos que analizar qué sucede en la Cámara de Diputados en la que, salvo la oposición dura, los demás partidos no dan quórum a la interpelación al jefe de Gabinete. Escenas parecidas se vivieron en los años 90 cuando quedó evidenciado que el sistema político no podía responder ante los actos de corrupción que se le imputaban, acompañado por un Poder Judicial que hacía vana cualquier denuncia en su contra. No es algo nuevo, es figurita repetida.
En un contexto geopolítico de expansión de la derecha internacional de la mano de sus referentes distópicos duros, antidemocráticos y avalados por el apoyo de Trump y el sionismo, y sostenidos en la capacidad de manipulación desde los medios tradicionales hegemónicos y de las plataformas digitales, la prepotencia con la que se mueven estos gobiernos es proporcional a los recursos naturales y la soberanía que entregan. Esto les garantiza impunidad y asilo político en caso de necesitarlo. La novedad del asunto es que ya no se disimula una democracia, algo que desde el comienzo de la guerra fría luego de la Segunda Guerra Mundial había sido el argumento con el que occidente disputaba la hegemonía mundial contra las supuestas tiranías dictatoriales rusa y china. Se plantean nuevos modos de organización social, Iannis Varoufakis plantea el tecno feudalismo, que es un nuevo vasallaje en el que el trabajo pierde todas las garantías que le brindaba el estado de derecho y le garantizaba el Estado. Mark Fisher también habla de un pos capitalismo que es más un problema cultural y social, asociado a la incapacidad de imaginar el fin del capitalismo.
Adorni podrá ser exonerado o escapará al extranjero a que le den asilo o se pudrirá en la cárcel, pero no es más que una marioneta que están utilizando para evaluar el grado de tolerancia y de justificación que los votantes pueden encontrar en argumentos que igualan a todos los partidos políticos en el lugar de la deshonestidad. ¿Quién cree hoy en la política?, sólo las personas que siguen soñando con un mundo más equitativo. Porque de algún modo es la única herramienta disponible que tienen para hacerlo realidad o simplemente para mantener la llama de la lucha encendida. Lo cierto es que no gobiernan ni Milei, ni Adorni. La prueba está en la redacción de los proyectos de ley que tienen un claro sesgo de favoritismo hacia las grandes corporaciones, destruyendo el derecho colectivo e individual del trabajo, los derechos ambientales y sociales, dejando a la intemperie a las grandes masas de trabajadores y trabajadores empobrecidos y con un Estado ausente. Se terminó el sueño de la sociedad de consumo.
Se terminó el pacto social. Habrá que poner los muertos nuevamente para poder sentarnos a negociar de un modo más parejo las nuevas condiciones de existencia para más de la mitad de la población mundial. Adorni es una excusa, es el chivo expiatorio que permite que no se discutan cuestiones importantes. El peronismo tiene que ponerse a armar una base sólida para proponerle a los argentinos y argentinas un programa de gobierno que permita un despegue rápido y priorizar a los más postergados. No nos queda tiempo, no podemos seguir siendo espectadores de la derrota de Milei porque cuando nos descuidemos vamos a haber perdido nuevamente las elecciones y vamos a haber sacrificado en la ingenuidad la vida y el patrimonio de millones de compatriotas. No hay más tiempo, es ahora.
Publicado en el semanario El Eslabón del 27/6/26
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