La modificación a la Ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares despertó una suerte de pulsión de vida por lo ambiental, indicativa de la participación masiva e impedida en la Audiencia de la Cámara de Diputados de la Nación, como la Demanda global por los Glaciares, traccionada desde las redes sociales.

Si a esto le sumamos las manifestaciones en las calles, que superan largamente a la militancia ambiental, estamos en condiciones de exponer la siguiente inquietud: ¿existe lo ambiental?

En primera instancia, lo ambiental no existe como dimensión separada del resto. Y nos preguntamos otra vez: ¿es posible poner en práctica un proyecto productivo sin considerar las consecuencias ambientales? Y complejizamos diciendo: ¿es posible analizar las consecuencias específicamente ambientales sin considerar lo social? Por tanto y a la pregunta acerca de si existe lo ambiental, respondemos que no, que lo que existe, es, de momento, lo socio-ambiental, incluyendo a las personas, con sus sueños y quimeras y sus cotidianidades. 

En segunda instancia, lo socio-ambiental, tampoco existe como dimensión escindida del resto, pero ¿de cuál unidad estamos hablando? Hablamos del modo de producción capitalista, modelo de acumulación o de desarrollo. Y nos volvemos a cuestionar: ¿cómo es posible pensar las zozobras que hoy manifiesta la estructural crisis climática sin hacerlo desde una mirada integral?

Por tanto, lo que existe es un modo de acumulación y creación de riqueza que ha tomado a la naturaleza como supermercado de bienes a escoger desde hace más de quinientos años y hoy, asistimos a su fase más agresiva y es la que tiene que ver con la mercantilización del agua, primer y vital elemento para la existencia humana y planetaria.

Continuamos intentando escudriñar lo planteado y nos detenemos en el emblema material y simbólico del capitalismo: la naturaleza. Y ahí comienza la gran construcción de sentido, generada por el poder económico, las redes y medios masivos de comunicación, la educación y todo saber-poder reproductivista que impone y consolida ésa semántica implacable: la naturaleza, objeto externo al ser humano y absolutamente separada de él, es aquel fetiche a conquistar, extraer y colonizar para convertirlo en mercancía.

La sabiduría ancestral de ella, devuelve el golpe y hoy asistimos a situaciones climáticas cada vez más desconocidas e inquietantes. La naturaleza no existe, planteaba Swyngedouw lo mismo que el medio ambiente y complementamos diciendo que ése modo de no existencia, auténtica ontología instrumental, constituye la implacable construcción del sentido del capitalismo para expoliarla hasta la última gota de vida posible: la ratio capitalista es la rentabilidad excluyente.

Si lo ambiental no existe como dimensión analítica tampoco existe un modo genuino de crear riqueza que incluya todas las manifestaciones del bienestar humano.

¡Si el cuidado del medio ambiente, sí, medio, sigue siendo el discurso medio!

La riqueza, medida macroeconómicamente como Producto Bruto Interno y también, Nacional, tampoco existe en los términos de lo significa cuál expresión material y simbólica. Y nos preguntamos: ¿Quién es más rico, el gerente de una multinacional interplanetaria, como las que buscan agua en Marte o quien vive en la Quebrada de Humahuaca o en el Tibet, con modos de subsistencias austeros, contemplativos y absolutamente conectados con la Vida?

Acá nomás, en el corazón de nuestra Pampa gringa, pueblos y ciudades que aportan enormemente al Producto Bruto Geográfico de distintas provincias, tienen al recurso vital muy comprometido para el consumo humano, dados los niveles de arsénico  y otros minerales. 

Probablemente y unos de los primeros pasos a dar y a fin de actuar con políticas públicas orientadas a la sustentabilidad super fuerte, como señala Gudynas, sea re-definir, re-nombrar y re-semantizar. Y la naturaleza ya no será naturaleza sino lo que resulte de recuperar lo que las cosmovisiones del  Sur global denominaban en su interacción con el medio y la riqueza, será vinculación biocéntrica o no será.

Lo ambiental, lo socioambiental no existen y la riqueza tampoco, sólo existen para un uno por ciento más rico posee más riqueza que el 95 por ciento de la población mundial, informe en poder de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

¿Cómo se revierte esto, colectivamente?

*Grupo de Estudios del Sur / Cátedra de Pensamiento Social y Político Latinoamericano de la Facultad de Ciencia Política y RRII de la UNR.

 

Publicado en el semanario El Eslabón del 2/5/26

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