Movilizaciones y cortes de ruta para frenar la devastación que producen las políticas privatistas, extractivistas y antipopulares del presidente Rodrigo Paz, que está empeñado en desmantelar el Estado, entregar el país y destruir dos décadas de avances.
La asunción del presidente Rodrigo Paz el 8 de noviembre de 2025 significó mucho más que un cambio de signo político después de dos décadas de gestión del MAS-IPSP (Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos). El derechista llegó para vengarse. Para arrasar no sólo el “Estado” (fetiche utilizado por la derecha para entregar una nación), sino para destruir la paciente construcción de millones de mujeres y hombres que demostraron que es posible erigir una sociedad basada en valores diferentes de los del capitalismo financiero-extractivista.
Los gobiernos del MAS lograron construir, junto a un enorme espectro de organizaciones sociales, pueblos originarios y centrales sindicales, una lógica diferente al sentido común dominante que intentan imponer los poderes fácticos. Fue un cambio profundo. Por eso la restauración conservadora del actual presidente Paz pretende restituir el statu quo anterior, lo que implica una embestida contra todos los aspectos de la vida del pueblo boliviano, especialmente los profundos cambios (a nivel social, económico, político y cultural) introducidos a partir del triunfo del MAS-IPSP, basados en identidad étnica, soberanía económica y justicia social.
La derecha intenta derrumbar una construcción colectiva fundamentada en principios éticos ancestrales como el Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Quella (no seas flojo).
El Vivir Bien es una propuesta que desafía la lógica capitalista e imperialista que intenta imponer Estados Unidos en América Latina. Es un grito ancestral surgido de las profundidades de la tierra y de la historia, una fuerza descolonizadora que busca recuperar la identidad cultural y la sabiduría de los pueblos indígenas para construir un mundo justo e inclusivo.
Entre los principios culturales y sociales que la derecha quiere pulverizar está el concepto de Vivir Bien (o Suma Qamaña en aymara), uno de los pilares ideológicos y políticos del movimiento de Evo Morales. Se trata de una revolucionaria alternativa al modelo de desarrollo occidental y al capitalismo, proponiendo una forma de vida basada en la armonía y la comunidad.
Evo señaló, desde un principio, la diferencia entre Vivir Bien y Vivir Mejor: esto último implica una competencia individualista donde se busca progresar a costa de los demás. En cambio, el Vivir Bien busca el bienestar colectivo en el que “nadie viva mejor que el otro”, promoviendo la igualdad y la solidaridad.
La Armonía con la Madre Tierra es otra de las bases conceptuales del movimiento popular boliviano: el ser humano no es el centro de la existencia, sino parte de un todo. El modelo propone una relación sostenible y equilibrada con la naturaleza (Pachamama), rechazando la explotación ilimitada de recursos.

Por eso, el retorno de la derecha al poder implicó poner en la mira estos recursos e intentar realizar el arrasamiento extractivista en favor de las corporaciones, ávidas de los recursos clave que posee Bolivia. El movimiento de Morales fusionó, asimismo, principios ancestrales indígenas con el socialismo, priorizando la propiedad y gestión comunitaria sobre la visión individualista y acumuladora.
El concepto Socialismo Comunitario fue incluido en la Constitución de Bolivia de 2009, como un principio ético-moral fundamental del Estado Plurinacional.
“En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”, indica el primer párrafo del Preámbulo de la Constitución Política del Estado (CPE) (7 de febrero de 2009), que tiene un carácter profundamente refundacional.
El segundo párrafo hunde las raíces de sus fundamentos en las profundidades de la historia: “El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado”.
Es este “Nuevo Estado” el objetivo a destruir por la derecha política y económica de la mano del imperio. Porque se basa en principios que se ubican en las exactas antípodas del capitalismo, y en especial del capitalismo en su etapa financiera y extractivista.
“Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos”, se lee en el Preámbulo, que también ofrece una descripción precisa de aquello que Bolivia fue y luego dejó de ser.
“Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos”, puntualiza el texto constitucional.
“Nosotros, mujeres y hombres, a través de la Asamblea Constituyente y con el poder originario del pueblo, manifestamos nuestro compromiso con la unidad e integridad del país. Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia”.
La noción de Estado Plurinacional también está en la mira de la derecha. Esta noción revolucionaria, que causa tanto escozor al sistema capitalista actual, plantea que Bolivia no es una nación única, sino un conjunto de 36 naciones indígenas unidas bajo una misma representación política, con autonomía sobre su territorio.
El movimiento popular boliviano contiene además fuertes componentes anti-imperialistas y de descolonización que ahora resultan insoportables al gobierno entreguista de Paz. El movimiento se define por el rechazo a la influencia de Estados Unidos y la lucha permanente para eliminar estructuras sociales coloniales y racistas que históricamente excluyeron a los pueblos indígenas.
La soberanía sobre los recursos naturales, esto es, que el pueblo debe ser dueño de sus recursos (especialmente el litio y los hidrocarburos), resulta un obstáculo para el plan de negocios del gobierno de derecha, que pretende privatizarlos y entregarlos a potencias extranjeras.
“Fusil, metralla, el pueblo no se calla”
“Con Evo o sin Evo vamos a recuperar el poder”, es una de las consignas más utilizadas en las protestas que comenzaron en mayo en El Alto, y que luego dieron lugar a la gigantesca marcha que partió de Oruro el 12 y llegó a La Paz el 19. La idea es clara: el movimiento es amplio y va más allá del líder.
“Salvar Bolivia” es otra consigna recurrente en las movilizaciones, y apunta a la actual mala gestión económica del gobierno de Paz y la consiguiente falta de combustibles que mantiene el país semiparalizado.
“Somos del pueblo o somos del imperio”, es un mensaje directo a la agresividad imperial y mantiene el firme posicionamiento del movimiento, una visión política sin medias tintas: se está con el movimiento popular o con los intereses extranjeros. Y no es difícil determinar dónde está ubicado el gobierno de Paz. Sus políticas son evidentes en este sentido.
“Fusil, metralla, el pueblo no se calla”, es una consigna con una larga historia en las luchas populares del pueblo boliviano. Hoy ha recobrado actualidad y lozanía en el marco de las protestas, los bloqueos de ruta y la marcha.
El Pacto de Unidad agrupa a las organizaciones más grandes del país: la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Federación Túpac Katari, los Cocaleros del Trópico de Cochabamba, la Central Obrera Boliviana (COB), cooperativistas mineros, choferes y los sindicatos de maestros, entre muchas otras agrupaciones.
Paro general, movilización y cortes de ruta
Paz encarna un personaje conocido: el que llega al poder para hacer de topo que destruya el Estado. Pero es apenas una máscara. Más que destruir al Estado, es ponerlo al servicio del gran capital multinacional y el imperio. El topo sólo pretende eliminar las políticas estatales que beneficien a las grandes mayorías.
Con un juego de palabras vaciadas de significado, eufemismo y burdas muestras de cinismo, el presidente Paz acunó expresiones como “capitalismo para todos” para describir su modelo, y “Estado tranca” y “Estado quebrado”, para definir lo que considera el principal impedimento al crecimiento de Bolivia.
Detrás de las falsedades y los diagnósticos, Paz está implementando el viejo “achicar el Estado”, una receta gastada, utilizada ad nauseam en beneficio de los intereses corporativos perjudicando a las grandes mayorías y profundizando la injusta distribución de la renta. El desmantelamiento del Estado tranca no es más que un nombre poco bonito para la menos bonita política de atraer la inversión privada en detrimento de los intereses nacionales.
Al asumir el cargo el 8 de noviembre de 2025, Paz describió al Estado boliviano como un “Estado quebrado” y un “Estado tranca” que, a pesar de tener recursos, está plagado de burocracia, corrupción y gastos “premium en sueldos públicos que no se reflejan en servicios para el ciudadano”. Otra antigualla que cobró actualidad de la mano de la derecha: las jubilaciones y los haberes de los empleados públicos son los que producen la ruina de los países.
El concepto de “capitalismo para todos” también es más de lo mismo: un modelo socioeconómico orientado al libre mercado y la privatización.
La consigna “tranca cero” se presenta como un “programa bandera para eliminar la burocracia estatal”. Consiste en desmantelar los obstáculos administrativos (“trancas”) que impiden la actividad productiva y el progreso de los ciudadanos. El cuchillo asoma, claro y brillante, bajo el poncho.
El presidente Paz propuso un paquete de 10 Leyes Estructurales, proyectos enviados a la Asamblea para entregar sectores de electricidad, minería, inversiones y seguridad nacional, buscando atraer capital extranjero y reducir el control estatal directo.

La eliminación de todo tipo de subsidios y ayudas estatales en una de las claves del ajuste de Paz. Sobre este punto, la eliminación gradual del subsidio a los combustibles, con el objetivo de “reducir el déficit fiscal”, fue uno de los factores fundamentales que encendió la mecha de las enormes protestas populares que se están desarrollando.
Paz también va contra la Constitución de 2009, y ya anunció la creación de una comisión para su reforma parcial, “buscando facilitar la inversión privada en sectores estratégicos como hidrocarburos y minería”. Organizaciones indígenas y populares denunciaron que la reforma busca eliminar el control estatal sobre los recursos naturales y amenaza el carácter plurinacional del Estado.
Otra de las medidas más resistidas en la calle es la Ley de Tierras y Créditos (Ley 1720), normativa que permite que pequeñas propiedades rurales se clasifiquen como medianas para ser usadas como garantía bancaria. La norma deja a los campesinos a merced de los bancos y las grandes corporaciones financieras. Está pensada para el avance del agronegocio.
Evo Morales, ex presidente y líder del Instrumento Político Evo-Pueblo, afirmó que el gobierno de Paz está “socialmente arrinconado” y denunció la aplicación de políticas “neoliberales y privatizadoras”.
La Central Obrera Boliviana (COB) exige un incremento salarial del 20 por ciento y el compromiso de no privatizar empresas estratégicas del Estado. Los maestros iniciaron paros exigiendo mejores condiciones salariales ante la inflación proyectada en 14 por ciento para 2026. Se suman a las protestas los pueblos originarios, campesinos del altiplano y de la zona amazónica exigen la abrogación total de las leyes que afectan sus territorios.
Antes de comenzar la marcha, la COB declaró el paro general indefinido, movilizado, hasta que el gobierno atienda los pedidos del pueblo. “Y si no cumple, ¡que se vaya a su casa, carajo!”, dijo el secretario general de la organización sindical, Mario Argollo.
Este 12 de mayo, los sectores en lucha comenzaron la “Marcha por la vida para salvar Bolivia”, que se inició en la localidad de Caracollo, Oruro, y partió con destino a La Paz, con llegada prevista para el 18 de mayo.
La derogación de la Ley 1720, la crisis de combustibles, el pedido de incremento salarial y el rechazo a la reforma constitucional se cuentan entre las consignas.
El presidente Paz calificó estas movilizaciones como un “sicariato político que busca una ruptura democrática”.
Las imágenes que llegan desde Bolivia, la gigantesca marcha, los cortes de ruta, los sindicatos que se suman a la lucha contrastan con las palabras de Paz, y permite atisbar que los “sicarios” están en otra parte.
Publicado en el semanario El Eslabón del 16/5/26
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