Me dijeron red flag

y tenían razón.

Sólo que entendieron mal la palabra red.

Creyeron que era una advertencia

y era una trama.

Una red.

Una red de mujeres.

Una red que aparece cuando una tiene miedo.

Cuando una está cansada, sola.

Cuando una necesita que alguien le diga: “Te creo”.

Porque el machismo siempre intentó aislarnos.

Hacernos sentir excepciones.

Hacernos sentir exageradas. 

Locas. 

Difíciles. 

Peligrosas.

Entonces nosotras inventamos nuestros propios códigos.

Nuestras propias señales.

Nuestras propias formas de reconocernos en medio del ruido.

Y UN DÍA APARECIÓ EL FLEQUILLO

Ese pedacito de pelo al que le tienen más miedo que a la violencia que sufrimos todos los días.

Porque el flequillo nunca fue solamente un flequillo. Es una contraseña. Un guiño.

Una carcajada colectiva.

Por eso les molesta.

Porque donde ellos ven una mujer sola, nosotras vemos una multitud.

Donde ellos ven una moda, nosotras vemos una historia.

Donde ellos ven una red flag, nosotras construimos una red.

Y las redes sostienen, protegen y salvan.

Este año corté decenas de flequillos en la marcha. Y mientras caían mechones al piso no veía pelo.

Veía pactos. Veía abrazos. Veía mujeres eligiéndose unas a otras.

Porque el flequillo político no tapa los ojos.

Los abre.

Y quizás por eso les da tanto miedo.

Porque una mujer sola puede ser una amenaza.

Pero una red de mujeres que se reconoce, se cuida y se organiza, siempre fue una revolución.

FLEQUILLO SÍ.

PELUCA NO.

Y si nos tienen miedo por el flequillo, es porque entendieron perfectamente de qué se trata.

Publicado en el semanario El Eslabón del 6/6/26

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Un comentario

  1. Carl Conway

    11/06/2026 en 2:36

    ¡Gracias por este interesante artículo! Estoy totalmente de acuerdo con la idea de elegir un peinado adecuado sin depender de pelucas. Además, ¿podrías compartir algunos consejos más sobre el cuidado del cabello después de cortarme el flequillo? ¡Me interesa mucho este tema! space waves

    Responder

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