Mientras se incrementan los bombardeos en Irán, las corporaciones se llenan los bolsillos. El propio Donald Trump no se quedó afuera: invirtió entre 9,7 y 24,3 millones de dólares en fabricantes de armas y contratistas del Pentágono en 2025.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mismo que se coló en la ceremonia de entregas de premios en la final del Mundial, ordenó nuevos bombardeos contra Irán, que se produjeron en forma simultánea con la celebración. Trump no aportó a la fiesta movimientos gráciles ni imágenes seductoras, pero sí su prontuario y su plan de inversiones. El presidente de Estados Unidos fue condenado con 34 cargos penales por delitos graves, por ejemplo, falsificación de registros comerciales con el fin de ocultar pagos para silenciar a una actriz durante su campaña presidencial de 2016. Además, recibió múltiples condenas en el ámbito civil, incluyendo el fallo por agresión sexual y difamación a favor de E. Jean Carroll, así como una sentencia por fraude financiero relacionado con las prácticas comerciales de la Organización Trump. 

El mandatario presume, además, de cuánto aumentó su fortuna personal con el negocio de la guerra. Incluso las guerras perdidas lo son, porque hay que renovar el armamento utilizado. Más rentables todavía resultan los conflictos que se pierden y luego se retoman, y tienden a eternizarse, como el caso de Medio Oriente. Trump invirtió entre 9,7 y 24,3 millones de dólares en fabricantes de armas y contratistas del Pentágono en 2025.

La fortuna de Donald Trump aumentó en 1.400 millones de dólares en el último año, alcanzando un patrimonio neto total de 6.500 millones en 2026, según los registros publicados por la revista Forbes.

Su riqueza casi se triplicó desde principios de 2024, cuando se estimaba en 2.300 millones de dólares. Con inversiones en criptomonedas, obtuvo importantes ganancias mediante World Liberty Financial y la memecoin $TRUMP. Con la salida a la bolsa de su red social Truth Social, se disparó el valor de sus acciones. En el rubro bienes raíces registró un repunte de ingresos en sus hoteles, campos de golf y complejos residenciales. El estallido de la guerra elevó el precio de los combustibles. El propio Trump y su círculo íntimo, hicieron fortunas en ese rubro, mediante contratos con Medio Oriente.

La guerra contra Irán, una mina de oro

“Mientras valientes miembros de las fuerzas armadas arriesgan sus vidas en el frente, Trump presume de cuánto dinero está ganando como presidente. Es cierto que, para quienes tienen inversiones en los sectores que prosperan durante los conflictos armados, esta guerra con Irán representa una mina de oro. El propio Trump invirtió entre 9,7 y 24,3 millones de dólares en fabricantes de armas y contratistas del Pentágono en 2025. ¿Por qué iba a poner fin a la guerra?”, escribió la veterana de guerra Julie Roland en la revista The Fulcrum

Roland denuncia que la guerra y la industria de defensa van de la mano, y que Trump quiere sacar tajada del negocio. “Basta con observar el reciente contrato del ejército con Powerus, una empresa emergente del sector de defensa que reorientó su actividad hacia la producción militar a principios de este año, justo cuando se intensificaban las hostilidades con Irán. La Fuerza Aérea acaba de acordar la compra de un número no revelado de drones interceptores a Powerus, lo que supone su primer contrato militar. Poco antes, Donald Trump Jr. y Eric Trump se habían incorporado al equipo, adquiriendo importantes participaciones accionarias justo cuando la empresa se preparaba para salir a bolsa mediante una fusión corporativa. Es posible que, algún día, los marineros desplegados en Baréin utilicen drones interceptores de Powerus sin saber que es la familia Trump quien los vende. Y, aunque estos interceptores puedan actuar como extintores frente a la ofensiva iraní, es importante comprender que la familia Trump tiene un claro incentivo económico para avivar el fuego”, agrega Roland en su nota titulada “Please Don’t Feed the Warmongers” (“Por favor no alimentes a los belicistas”).

Julie Roland fue oficial de la Marina de Estados Unidos durante diez años; se desplegó tanto en el mar de China Meridional como en el golfo Pérsico como piloto de helicóptero antes de finalizar su servicio en junio de 2025 con el rango de capitán de corbeta (Lieutenant Commander). Posee un título en Derecho por la Universidad de San Diego y una maestría en Derecho por la Universidad de Columbia, además de ser miembro del Truman National Security Project.

El negocio fraudulento y criminal de Trump

Roland agrega que la renovada campaña de bombardeos de Trump contra Irán podría haber sido un elaborado intento de lograr que Europa también se sumara a su negocio fraudulento. Trump quería que los miembros europeos de la OTAN destinaran el 5 por ciento de su PIB a defensa, probablemente porque así las empresas armamentísticas estadounidenses obtendrían más contratos. Es posible que haya hecho fracasar un alto el fuego y provocado que un país prometiera una “respuesta demoledora” sólo para intimidar a sus aliados y obligarlos a comprar más productos a sus allegados. Los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos no se ven favorecidos, y los militares serán los primeros en pagar las consecuencias.

Trump, asegura Roland, ha generado y mantenido crisis geopolíticas porque, para una red de contratistas de defensa, personas con contactos en las altas esferas y multimillonarios del sector cripto, esto resulta rentable. Mientras tanto, miles de civiles inocentes han muerto y los militares estadounidenses son quienes deben mantener la posición. Resulta casi inconcebible, pero es posible que al presidente simplemente no le importe. Puede que el costo humano de la guerra pase desapercibido para un comandante en jefe tan indiferente ante los crímenes de guerra que, tras el torpedeo del IRIS Dena por parte de Estados Unidos, admitió que lo habían hundido en lugar de capturarlo porque resultaría “más divertido”. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos atacó una escuela de niñas en Minab (Irán), causando la muerte de al menos 168 menores. Al ser interrogado en una rueda de prensa del G7 sobre esta tragedia indiscriminada –el incidente con mayor número de víctimas civiles causado por el ejército estadounidense desde 1991–, el presidente le restó importancia diciendo: “Se cometen errores. La guerra es algo desagradable”.

“Este menosprecio por la vida humana en el extranjero se refleja en un menosprecio similar por la vida humana dentro del propio país. Una guerra en el extranjero se trata como una partida presupuestaria de fondo ilimitado, mientras que el sufrimiento humano se considera un costo inevitable de la actividad habitual. El pasado mes de abril, durante un almuerzo de Pascua, Trump declaró: «No podemos ocuparnos de las guarderías, de Medicaid, de Medicare ni de todas esas cuestiones particulares… Tenemos que ocuparnos de una sola cosa: la protección militar. Tenemos que proteger al país». En otras palabras: no hay dinero para los niños, las familias ni la atención sanitaria aquí en casa. Al parecer, ese dinero está destinado a armas para bombardear a otros niños. La guerra es algo atroz”, agrega la ex oficial de la Marina de los Estados Unidos. 

Foto: Andrew Craft | Sipa USA

“Se nos dice que no podemos permitirnos alimentar, educar o proteger a nuestros hijos porque debemos mantener nuestra supremacía militar global. Permitimos que los niños pasen hambre para financiar guerras cuyo costo ha incluido la muerte adicional de cientos de niños. Por no hablar de las muertes de militares estadounidenses, cada uno de los cuales es también hijo de alguien. ¿Qué clase de nación deja morir de hambre a sus hijos para alimentar su maquinaria bélica? Una nación vacía”, considera Roland, que advierte que esta situación va mucho más allá del presidente, y es sistémico.

“Lamentablemente, esto va mucho más allá de Trump. Todo un sistema ha normalizado anteponer el complejo militar-industrial a nuestros intereses internos, y nosotros hemos sido cómplices. Es hora de exigir más a nuestro gobierno. Este país, y los militares que lo defienden, merecen líderes que prioricen el bien público sobre sus cuentas bancarias. Debemos dejar de permitir que los halcones belicistas traten a nuestros hijos como algo desechable mientras ellos fortifican sus propios salones de baile. Pero si no queremos que el dinero de nuestros impuestos sirva como fondo de capital de riesgo para las élites, debemos mantener conversaciones difíciles”, puntualiza la ex oficial, al tiempo que destaca la necesidad de hacer replanteos.

“Nunca lograremos los resultados excepcionales que los jóvenes estadounidenses merecen hasta que decidamos, como sociedad, que vale la pena invertir en ellos. Esa conversación no puede darse con honestidad sin abordar nuestras prioridades, lo que implica replantearnos nuestra forma de concebir la guerra. Sin embargo, es necesario tener esa conversación, y pronto. Ya es hora de poner fin a la guerra en Irán. Ya es hora de poner fin a las guerras”, concluyó.

Medio Oriente en la hoja de balance financiero

El gasto acumulado de la guerra contra Irán asciende a 29.000 millones de dólares, según datos provistos por la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB) y el responsable financiero interino del Departamento de Defensa ante el Congreso, Jules Hurst. Sin embargo, auditorías externas e institucionales estiman que el costo total para los contribuyentes estadounidenses —incluyendo la reconstrucción de stocks de municiones y prioridades añadidas— ya alcanza los 113.300 millones de dólares

El Complejo Militar-Industrial-Tecnológico es uno de los actores más beneficiados con la guerra, a través de contratos para proveer armas y servicios.

El conflicto aceleró la reconfiguración de la base industrial de defensa mediante la firma de contratos de emergencia (adjudicaciones directas no competitivas y compras de capacidad prioritaria de manufactura).

Foto: AP

Entre las corporaciones más beneficiadas por estos contratos se cuentan las siguientes:  

—RTX (Raytheon), fabricante de misiles Patriot y Tomahawk. Sus ventas proyectadas para 2026 alcanzan 93.000 millones de dólares. Tiene pedidos pendientes de entrega por 268.000 millones de dólares. La planta de la empresa en Alabama fue expandida en un 50 por ciento.

—Lockheed Martin. Es el productor del sistema de defensa THAAD. Sus acciones subieron un 40 por ciento en 2026. El Pentágono ordenó cuadruplicar la producción de 96 a 400 interceptores anuales.

—Boeing, se dedica a la construcción de cazas F-15 y buscadores para baterías Patriot PAC-3. La corporación firmó contratos de emergencia para reposición de pérdidas de fuselaje en Medio Oriente.

—General Dynamics es la empresa proveedora de blindados y submarinos clase Virginia. Tuvo una fuerte reactivación de contratos de soporte para la flota naval desplegada. 

A estas corporaciones más beneficiadas con contratos con el Estado hay que agregar las empresas tecnológicas y de Inteligencia Artificial (IA):

—OpenAI: Tras la rescisión federal de contratos con competidores por diferencias operativas, firmó un acuerdo multimillonario directo con el Departamento de Guerra para proveer modelos de procesamiento masivo de datos. Tras protestas públicas, el contrato incluyó cláusulas restrictivas contra la vigilancia masiva doméstica y la autonomía total de armas.  

—Anthropic: Proveía inicialmente herramientas basadas en su IA (Claude) para asistencia táctica. Sin embargo, la firma estableció límites estrictos (no vigilancia masiva y exigencia de supervisión humana obligatoria en armas de precisión). Debido a estas trabas operativas, la administración federal ordenó rescindir el uso de su tecnología en agencias de defensa.

—Shield AI: Empresa especializada en pilotaje de drones mediante IA que alcanzó una valoración de 12.700 millones de dólares impulsada por los requerimientos rápidos del Pentágono en el teatro de operaciones del Golfo.  

—Anduril Industries: Encargada del desarrollo de sistemas de defensa marítima y los misiles de crucero de bajo costo Barracuda. 

El ritmo de fuego de las primeras semanas de ataques a Irán dejó en evidencia las deficiencias críticas de la base industrial estadounidense frente a guerras de desgaste prolongadas. Se estima que Estados Unidos quemó más de un 30 por ciento de sus reservas de interceptores críticos de defensa aérea avanzada en los primeros dos meses de campaña. Un misil interceptor Patriot PAC-3 requiere hasta 36 meses de fabricación bajo cadenas logísticas normales. Las órdenes de la Casa Blanca buscan reducir este ciclo a la mitad mediante subsidios industriales directos. 

El presidente Trump impulsó un fondo complementario de 185.000 millones para el sistema de defensa antimisiles Golden Dome, abriendo la contratación masiva a empresas emergentes (startups) tecnológicas especializadas en drones y astilleros autónomos. 

La disparidad económica en la guerra asimétrica obligó a Estados Unidos a quemar inventario de alto valor contra drones kamikaze iraníes de bajo costo (por ejemplo, drones de 35.000 dólares derribados con interceptores de millones de dólares. 

Entre las municiones y armamentos disparados se cuentan: más de mil unidades de misiles Tomahawk, con un costo de 2,6 millones de dólares por cada unidad disparada; más de 1.200 unidades disparadas de interceptores Patriot (PAC-3), con un costo de 4 millones de dólares por unidad; los interceptores THAAD se agotaron, con un costo de entre 12 y 13 millones por unidad. 

El costo financiero por pérdidas de aeronaves oscila entre 700 Y 1.200 millones dólares, debido a fuego de combate, fuego amigo en Kuwait e incidentes operativos: 

—Cazas F-15E Strike Eagle: tres unidades perdidas (31 millones de dólares cada una).

—A-10 Thunderbolt II: una unidad estrellada/derribada.

—KC-135 Stratotanker: Aviones cisterna de soporte logístico destruidos.

—E-3 Sentry (AWACS): un sistema de radar aéreo de alto valor estratégico destruido. 

Senadores y legisladores demócratas criticaron duramente el presupuesto suplementario de emergencia de 87.600 millones de dólares solicitado por el director de presupuesto de Trump, Russell Vought, señalando la falta de transparencia en partidas de miles de millones justificadas únicamente bajo “programas clasificados” y “prioridades de la administración”.  

Expertos de mercado señalaron las graves consecuencias de la guerra en la economía real: tras los nuevos bloqueos y ataques cruzados en puertos como Bandar Abbas y Bushehr, el petróleo de referencia Brent se disparó casi un 10 por ciento en un solo día, alcanzando picos alarmantes que amenazan el consumo de los países occidentales. 

Pero Trump huye hacia adelante. Intentó venderle al mundo una victoria contra Irán que no existió. Ahora vuelve a atacar. El complejo militar-industrial-tecnológico sigue facturando con la muerte.

Publicado en el semanario El Eslabón del 25/7/26

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