Pablo Bigliardi, quien acaba de lanzar su quinto libro, reconoce que la lectura y la escritura lo ayudaron a transitar una vida compleja. Charla imperdible en su biblio peluqueril.
Pablo Bigliardi es peluquero y escritor. O viceversa. En Cuidamos tu cabello (Riobamba 1387) logró unir esas dos pasiones y construyó, entre espejos, tijeras, peines y sillones, una suerte de centro cultural alternativo en el que se dejan y se presentan libros, se realizan charlas, lecturas y talleres, y hasta tienen su espacio la música y las artes plásticas.
Este rosarino por adopción –nació y vivió hasta los 13 años en Saavedra, una pequeña localidad del sudoeste bonaerense, y después se trasladó con su familia a San Antonio Oeste, en la sureña Río Negro– acaba de publicar su quinto libro, Algo nos salvará, que se presenta el viernes 12 de junio, a las 18.45, en Homo Sapiens (Sarmiento 829).
“Son relatos que nacen de un diario de sueños que vengo llevando desde hace unos veinte años. Hay un personaje que se duerme, viaja por el éter, por el espacio y el tiempo, por distintas dimensiones y va viviendo aventuras. Y hay un doble cuántico que es el que en casi todo el libro te va a salvar”, adelanta el autor.
Sueño, luego escribo
“Cada vez que me levanto grabo un audio relatando lo que soñé y después los transcribo. Antes lo hacía a través de papel, me despertaba y anotaba”, confiesa Bigliardi, y agrega: “Hace un par de años hice una selección de esos textos y me puse a reescribirlos. Lo interesante es que la mayoría son sueños muy completos, tienen una especie de principio, nudo y hasta un final con un agregado fantástico. Por ejemplo hay uno en el que estoy cocinando y de golpe cae un petisito de unos 30 centímetros y eso está tomado con naturalidad, no hay sorpresa. El personaje te lleva a una situación muy natural más allá de que termine siendo fantástica”.
Luego de destacar que terminó de darle forma al libro luego de la clínica que realizó con Susana Ibáñez y que la edición corrió por cuenta de Laura Valverde, explica que en cada uno de estos relatos oníricos “hay un personaje que viaja por el éter, entra en el cuerpo de otro soñante y se encuentra en Francia, en China, o en Arabia donde va a vivir una aventura épica de la que este doble cuántico lo va a salvar”, y se explaya: “El título, que salió del final de uno de los cuentos, en estos tiempos es más que sugerente”.
Bigliardi reconoce que lo onírico lo acompaña desde hace tiempo y detalla: “Los cuatro libros anteriores son dos novelas y dos libros de cuentos que de alguna manera tienen injerencia en todo eso. Por ejemplo, en el segundo, que se llama El santo de Saco viejo y es un policial, el detective va a descubrir el enigma a través de sueños. Y el tercero directamente se llama REM, que son las siglas en inglés de Movimientos Oculares Rápidos, que es un estado del sueño”.
Pablo asegura que el primer sueño del que tiene recuerdos lo tuvo a los dos años. “Estaba en un patio enorme de una casa que alquilaban mis viejos y el cielo estaba completamente cubierto de platos voladores transparentes. Y después uno muy premonitorio porque soñé con un buque a los tres, cuatro años, y se lo dibujé a mi mamá que quedó helada. Y un buque fue lo que marcó buena parte de mi adolescencia”.
Corte con ficción
Pablo tuvo una vida novelesca, si se quiere. Estuvo a punto de nacer en San Antonio Oeste, una pequeña y joven localidad de Río Negro fundada a principios del siglo XX e íntimamente ligada a la actividad portuaria. Pero faltando 15 días para su llegada al mundo su hermano sufrió unos problemas de broncoespasmo muy graves y le recomendaron a la familia a trasladarse de urgencia casi a una zona serrana, y su padre se inclinó por Saavedra, un pueblito cercano a Sierra de la Ventana, en el sudoeste bonaerense.
“Es un lugar muy lindo y me hice una teoría en la que como las piedra de las sierras tienen mucha mica, se dan cosas sobrenaturales y de alguna manera yo me creé mi propio Macondo y empecé a imaginar y a vivir historias alucinantes”, rememora el también periodista cultural y reseñador de libros ajenos, y continúa: “Ahí viví hasta los 13 años, cuando una situación de violencia familiar extrema de parte de mi padre nos obliga a irnos con mi mamá y mi hermano a San Antonio Oeste. Al tiempo, y viendo que yo estaba un poco perdido y muy rebelde, y sin saber bien qué hacer conmigo, a mi vieja se le ocurre por una propaganda que ve en ATC mandarme a la Esma. Y ahí perdí toda mi adolescencia”.
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A esa experiencia brutal en la educación castrense, que incluyó miles de millas recorridas a bordo de un buque destructor misilístico bautizado Santísima Trinidad, Bigliardi la reflejó en su primer libro Determinación, una extensa y dura novela que narra la odisea de un aspirante naval –durante los primeros años tras la recuperación de la democracia– en ese lugar emblemático del terrorismo de Estado que fue la Escuela de Mecánica de la Armada.
“Cuando logro salir de ahí, más rebelde que nunca, me quedo un par de años en Bahía Blanca. Termino la secundaria en un Eempa donde un profesor me empieza a recomendar libros y me vuelvo un lector empedernido”, prosigue Pablo, y narra cómo el destino se le cruzó cuidando cabellos en un famoso balneario patagónico.
“Con mi vieja teníamos una peluquería de campaña en Las Grutas en la que hacíamos temporada. Un día entra Susana Tealdi, una gran periodista rosarina, que nos pide hacer una especie de canje para pasar a arreglarse el pelo todos los días porque hacía un programa desde allá. Nos hicimos amigos, le cuento que al final del verano me iba a ir a La Plata a estudiar Comunicación Social porque me gustaba mucho escuchar a la gente, entrevistarlas, y Susana me ofrece venir a Rosario y parar en su casa el tiempo que necesitara hasta encontrar algo. Eso fue en el 91, me vine y no me fui nunca más”.
Libros en el espejo
Cuando se le consulta sobre qué significan la lectura y la escritura en su vida, Bigliardi admite: “La literatura me salvó. Soy lo que soy en buena parte gracias a la literatura. Por todo lo que me tocó vivir, aparece esto que me salva, que me enseña a ser mejor persona, que me abre la cabeza. Hay una sabiduría que te da la lectura que te sirve para compartir con otro y para escribirla. Y también la capacidad de observación, de estar mirando siempre, el ojo ese de peluquero que ve todos los detalles también sirve para escribir”.
Ante la consulta de por qué escribe, Pablo concluye: “A veces termina siendo un problema, porque el día que no lo hago me siento mal. Necesito todos los días hacer algo que se relacione con la literatura, con la escritura. Hacer notas periodísticas asociadas a la literatura o la reseña de un libro, es algo que no puedo dejar de hacer, me lleva puesto y lo disfruto mucho”.
Y respecto de cómo se fue edificando la “biblio peluqueril”, como se conoce a Cuidamos tu cabello en el ambiente literario, Bigliardi señala: “Empezó hace muchos años. Había abierto mi primera peluquería en un garage muy chiquitito en el que atendía de 20 a 23 porque el resto del día trabajaba en otra peluquería. Cuando cerraba, nos sentábamos con mis compañeros de la facultad de Comunicación Social a estudiar, a preparar las materias, y siempre quedaba algún libro ahí dando vueltas. Una vez quedó uno de Fernando de Saussure, al día siguiente viene una clienta, me pregunta por el libro y comienza una conversación. Ahí me di cuenta de que servía mucho que hubiese libros en la peluquería y de ahí en adelante siempre hubo”.
“Cuando me vengo a este local, que es enorme, pongo un mueble de biblioteca, las y los autores, no sólo de Rosario, empiezan a traer sus libros para dejarlos, se organizan eventos, presentaciones, y ahí empieza todo”, cierra.
Publicado en el semanario El Eslabón del 6/6/26
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