Jugadores y jugadoras de distintas disciplinas e hinchas y socios de clubes, todos víctimas del terrorismo de Estado, son recordados en el libro Memorias para construir el futuro, que se presenta este jueves en Rosario.

Faltaban pocas horas para que Rosario Central se midiera con Atlanta en cancha de Boca por el cuadrangular final del campeonato Nacional de 1973 –que el Canalla terminaría conquistando bajo la conducción técnica de Carlos Timoteo Griguol–. Jorge Luis Francesio y un amigo no tenían un mango, ni auto para ir hasta Buenos Aires. Hasta que Jorge ofreció el Falcon (sí, justamente un Falcon) de la Secretaría de Salud Municipal para la que trabajaba. “No seas loco, nos van a agarrar, vamos a tener quilombo”, se opuso su compañero. Pero arrancaron. El vehículo –cuenta entre risas Santiago Garat, autor de esta historia para el libro Memorias para construir el futuro– “se les fundió a mitad de camino”. De todas maneras, llegaron.

Fanática de Newell’s, Miriam Susana Moro vistió la rojinegra en el equipo de hockey sobre césped. Y se dio el gusto de jugar con Ana, su hermana gemela. Rafael Bielsa, quien relata su historia, la recuerda entonando las estrofas de la Marcha Peronista. La letra, decía en contraposición a la de la Internacional, “no hacía falta anotársela” porque “la cantaba el pueblo”.

Otro rosarino que figura en estas páginas es Guillermo White Saint Girons, jugador de rugby en Maristas. Era una “máquina” de correr y muy “pasional” para jugar. Competitivo de los que no quieren perder ni a la bolita. Laura Vilche, autora de la crónica, asegura que desde que conoció la historia de Guillermo –cuando la escribió para el diario donde trabajaba– “nunca la abandoné”.

Gustavo Veiga, periodista, docente y autor de Deportes, desaparecidos y dictadura, fue el compilador del nuevo libro, publicado al cumplirse medio siglo del último golpe cívico militar. Reunió 50 testimonios sobre deportistas e hinchas desaparecidos. Julián Axat, Ariel Scher, Mónica Santino, Viviana Vila, Ayelén Pujol, Fernando Signorini, Claudio Morresi, Waldo Kantor, son algunas de las plumas de la obra que este jueves 30, a las 18.30, se presenta en la librería Homo Sapiens (Sarmiento 825).

El mejor equipo de los últimos 50 años

Aquí, en esta obra, está el verdadero mejor equipo de los últimos 50 años, nada que ver con ese equipo de ministros que mencionó un ex Presidente de la Nación. Es el que integran estos hombres y mujeres deportistas e hinchas, que dejaron todo no sólo en la cancha y en la tribuna. “Se unieron a la lucha del pueblo y ofrecieron sus vidas para defender sus derechos”, escribe el ex entrenador Ángel Cappa en el prólogo.

“En aquel momento –sigue– también fueron parte de esa lucha algunos periodistas deportivos, hinchas de distintos clubes de fútbol y hasta directivos de esos clubes. Hoy las cosas cambiaron. El poder cuenta con muchos más medios y tecnología avanzada para confundir, manipular y anular pensamientos rebeldes”.

De todas maneras, remarca el ex DT de Huracán, “siempre se encuentran deportistas de élite apoyando las causas populares, solidarizándose con las clases sociales más castigadas”.

Entre las 200 páginas hay relatos sobre deportistas y militantes víctimas de la dictadura que se desempeñaron en disciplinas diversas como rugby, fútbol, natación, ajedrez, hockey, ciclismo, remo, atletismo, tenis y básquet.

Rosario presente, ahora y siempre

Jorge Luis Francesio, además de ser militante montonero y socio de Rosario Central, era el padre de Sebastián, “amigo y hermano de toda la vida” de Santiago Garat. “Elegí contar esta historia –revela el autor– porque ya la veníamos trabajando con los compañeros y compañeras de La Memoria es Central”, el espacio de militancia canaya y de derechos humanos.

Garat, director de El Eslabón, cuenta que Francesio fue miembro de la aún vigente Ocal (Organización Canalla Anti Lepra, luego llamada Organización Canalla para América Latina). “El tipo era un personaje. Venía de una familia muy acomodada de Rosario. Padre dueño del Sanatorio Plaza, de mucha plata, colegio privado, futuro asegurado, los hijos estudiando abogacía, medicina para después poder ser parte de ese armado que ya tenían los viejos. Y éste sale con inquietudes, como les pasó a muchos, por ejemplo, de los que integraron Montoneros. Les dolía la injusticia y empezaron a ir a los barrios, a trabajar a centros médicos, a atender a personas en cualquier lado”.

En el texto Un médico en el equipo que sale de memoria se lee que Jorge Luis fue Director de Guardias del Hospital Vilela y que en 1973, tras el triunfo de Cámpora, ocupó en Rosario la Dirección de atención médica en la Secretaría de Salud Pública. Otro testimonio para este relato lo brinda Soledad, hermana de Sebastián por parte de padre. Cuando Francesio y su mujer de entonces desaparecen, la bebé que era ella fue entregada a una tía, frente al SI (Servicio de Informaciones de la Policía), espacio del terror en pleno centro rosarino donde se decidía vida y muerte de las personas. “Y esta tía se la lleva a Buenos Aires (donde aún vive)”, relata el escritor, y tira: “La bebé llevaba un peluche que al día de hoy conserva”. 

Gracias a una solicitada en el diario Página 12, enviada por sus tíos/padres adoptivos, Soledad (re)conoce a sus hermanos rosarinos Sebastián, Silvina y María Inés. “Mientras Jorge Luis estaba en la clandestinidad los reunió, pero entonces ella era una bebé, y los otros eran chicos. Casi que ni se acordaban”, aporta Garat.

Laura Vilche, por su parte, sintió un hechizo que la llevó nuevamente hasta Guillermo White Saint Girons. “Si echo mano a la magia, diría que Guillermo me pidió que escriba una vez más su historia”, reconoce en diálogo con este medio. Lo de la “magia”, aclara, es parte del texto Su vida desde atrás hacia adelante, en el que repasa la historia familiar, deportiva y política “de este rosarino a quien no conocí cuando vivía pero ya nunca la abandoné”. 

Para reconstruir la vida de este rugbier de Maristas que militó en Vanguardia Comunista (partido marxista leninista, ex PRML, luego Partido de la Liberación), la ex periodista del diario La Capital y autora de libros infantiles entrevistó a familiares cercanos y amigos (“su mujer, que hoy vive en Francia, hermana, primas, sobrino (Juane Basso), amigos de militancia”).

“Lo más fuerte, para mí, es que cuando estaba terminando de escribir sobre él por primera vez, una nota para el Museo de la Memoria, aparecieron sus restos”, en julio de 2018. Fue identificado en el cementerio La Piedad. “Entonces –se pregunta la autora– ¿cómo no iba a escribir sobre Guillermo cuando me convocó Gustavo Veiga? Fue un orgullo para mí ser parte de este libro”.

Vilche remarca que “el lema de derechos humanos se encabeza con la palabra «Memoria» y no es casual”. Y recuerda: “Esa nota que hice para La Capital hace años fue la punta de una cadena de historias de todos esos rugbiers rosarinos, muchachos jóvenes, que no casualmente habían desaparecido o habían sido asesinados, y que nunca nadie –ni periodistas, ni directivos de la Unión de Rugby local ni de los clubes– había visibilizado!”.

Al respecto, agrega que la nota para el Museo le permitió armar el archivo de White, “que no estaba”. En su texto para este libro, añade, “cuento todo este viaje” de su vida. Y de esa manera siento que puedo ahora decir que intenté aportar algo de «Verdad y Justicia»”.

Memorias para construir el futuro, ya llegó

Después de una presentación oficial en Buenos Aires con varias de las y los autores, y la presencia estelar de Taty Almeida, Memorias para construir el futuro llega a Rosario. La cita será este jueves 30 de julio, a las 18.30, en la librería céntrica Homo Sapiens, ubicada en Sarmiento 825.

De la presentación participarán los coautores Garat, Vilche y Alejandro Mosquera, director del Instituto de Estudios y Formación para la Igualdad (IEFI); además de Constanza Estepa, abogada, investigadora del Conicet y docente de la UNR; y Gabriel Monserrat, síndico de Newell’s.

Publicado en el semanario El Eslabón del 25/7/26

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