Muchos de los antepasados de los argentinos que construyeron la patria llegaron en barcos, pero no desde Europa sino desde África, en bodegas y esclavizados, replicaron al presidente, organizaciones de afroargentinos que también destacaron el rol en las luchas independistas de los pueblos originarios.

Las palabras vertidas por el señor presidente en la cumbre de Davos (Suiza) son una grave falta de respeto a la memoria de nuestros ancestros esclavizados, aquellos que dejaron su vida y su libertad por la construcción de la sociedad y el Estado en Argentina”, indicaron desde El colectivo Afroargentino, a través de la Red Federal de Afroargentinos del Tronco Colonial. El jueves 25 de enero pasado, en el Foro Económico de Davos, en uno de sus magistrales discurso, el estadista, al acometer unos de sus discursos aseguró: “Creo que la asociación entre el Mercosur y la Unión Europea es natural porque en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”.

Al minimizar, invisibilizar y desconocer la huella de la sangre de los pueblos originarios y descendientes de africanos, el presidente Mauricio Macri encendió los múltiples repudios y críticas, no tan reflejados en los medios hegemónicos.

Me da mucha bronca sus palabras, porque hace 30 años que trabajamos por una visibilidad que ahora la intenta borrar de un plumazo, para opacarnos. Esto debe hacernos pensar y retomar unidos la lucha, somos herederos de africanos esclavizados”, dice Lucia Molina, de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana “Mario Luis López”, de Santa Fe.

Raíces que no se pueden cortar

Las organizaciones de las comunidades afro descendientes afirmaron que “si Argentina fue posible como formación social mucho le debe al colectivo afro esclavizado preexistente a la nación, tal vez el presidente Macri, su gobierno y votantes no lo sepan o no les importe, pero gran parte del pueblo argentino sí lo sabe y sí le importa”.

Advirtieron que “las raíces históricas son tan fuertes que ningún relato las puede cortar. Somos hijos de los esclavizados que no pudieron silenciar”. Estas críticas le fueron enviadas al presidente en una carta firmada por la Casa de la Cultura Indo Afro Americana Mario Luis López de la capital santafesina; la Asociación Misbamba Comunidad Afroporteña, de Buenos Aires; la Mesa Afro Córdoba; Afroch, del Chaco, y EntreAfro, de Entre Ríos.

“Dice el refrán popular que uno es esclavo de sus palabras y amo de sus silencios, otro señala que se tarda tres años en aprender a hablar y sesenta a callar. Semejante frase fue uno de los fundamentos utilizados para solicitar su deseada, imaginada e inminente lluvia de inversiones y para justificar un acuerdo económico entre las economías europeas y la región del Cono Sur”, señaló el texto de la misiva. “De esta manera y posicionándose en un pedestal digno de otros próceres neocoloniales como Rivadavia, Menem o Roca, Macri también ha señalado que entiende como muy natural el nexo económico, político y social que la región posee con los países más desarrollados de Europa”, agregó la nota.

Estado con pensamiento liberal

“Aun considerando las graves falencias de las instituciones educativas argentinas, cualquier estudiante de ciencias sociales entiende que a lo largo de la historia la posición subordinada en la división internacional del trabajo a la que fue relegada Argentina y la región Sudamericana abrieron, luego del periodo independentista, paso a la larga noche neocolonial, con una soberanía política apenas formal, sin independencia económica real y con una indisimulable dependencia cultural fomentada e implementada a nivel nacional en Argentina por los ideólogos del Estado nación enmarcados en el pensamiento liberal”, resalta la carta.

Sobre la construcción del Estado, consideraron que “fue un enorme proceso hegemónico a través del cual las masas criollas, afros, amerindias e inmigrantes europeas fueron «argentinizadas», es decir ciudadanizadas o subordinadas-disciplinadas a través de dispositivos como el servicio militar y la educación obligatoria, laica e universal”.

Y ampliaron: “Censos, museos, academias de danzas y la historia oficial harían el resto. Así y a lo largo de varias generaciones aprendimos que el nuestro era un país donde ya no existían «indios», tampoco «negros» pero si existían mestizos, algo que resultaba innegable para cualquier observador atento de nuestra realidad étnico-social, en las provincias del interior, en los pueblos o en los barrios populares, si tal o cual mestizo era demasiado pigmentado simplemente decíamos que eran trigueños, morochos o muy morochos y como alguna vez señaló José Luis Grosso para Santiago del Estero: «lo afro, a fuerza de disimular, no se lo ve».

Blanqueo y colonialismo cultural

También aprendimos –continúa la declaración  que habíamos sido un país donde un elevado número de inmigrantes europeos habían terminado por «blanquear» al país mestizo, el «crisol de razas» había sido el dispositivo, o la metáfora, donde los amerindios y los afrodescendientes habrían de desaparecer del mapa social. De esta manera y en correlato a la dependencia económica crecía en el cuerpo social argentino el colonialismo cultural, la alienación y la desmemoria histórica. Es decir aprendimos a olvidar”.

Los afroargentinos también explicaron que “la crisis social inaugurada en el primer año del nuevo milenio abrió fisuras en el relato moderno argentino de tinte eurocéntrico. Por ese tiempo entendimos que teníamos una realidad social que compartíamos con gran parte del mundo americano, unos años antes, y con motivo del Contrafestejo por los 500 años del arribo de Colón y la invasión militar europea, comenzamos a visibilizar la lucha de los pueblos amerindios de América y de nuestro país”.

Las huellas recuperadas

“Por la misma época comenzaba a escucharse tibiamente el susurro de algunos discursos sobre afroargentinos, y allá por 1988 asistimos a la inauguración de la Casa de la Cultura Indoafroamericana en la ciudad de Santa Fe. Eran las nuevas versiones emergentes de los discursos soterrados de las masas explotadas de nuestro país, de los trabajadores del interior y sus descendientes del conurbano, los llamados cabecitas negras, trigueños, morochos o muy morochos”, recordó el comunicado.

Ante ese resurgimiento “no tardó mucho tiempo para que el campo académico y los grupos militantes comenzaran a echar luz y develar lo ficticio de la supuesta blanquitud argentina, así afros y amerindios, los colectivos borrados de la historia comenzaron a cobrar entidad en distintos espacios”.

“Por ejemplo los llamados pueblos originarios fueron incluidos en la reforma constitucional de 1994 donde incluso se les reconocía la preexistencia étnica a la construcción del estado y la nación en la Argentina, en Colombia los activistas afros a su vez lograban un gran reconocimiento a través de la sanción de la ley 70, luego, Venezuela, Ecuador, Brasil y Bolivia incluyeron a sus poblaciones amerindias y afrodescendientes como sujetos de derechos y como ciudadanos plenos de sus respectivos estados”, explicó el informe.

Retroceso de los derechos

En Argentina asistimos a relativos avances en la visibilidad de los afroargentinos con la creación durante el gobierno anterior del Programa Afrodescendientes y a la sanción de la ley 26852/2013 que declara el 8 de noviembre como día nacional de los afroargentinos y la cultura afro. Pero la llegada del gobierno del ingeniero Macri y la profundización de políticas neoliberales ha significado un grave retroceso de los derechos del pueblo argentino en general y para afroargentinos e indígenas en particular”, señaló el colectivo de afrodescendientes.

Persecución y crímenes

Las palabras del presidente Mauricio Macri no son casuales en un momento donde el reclamo y la recuperación de las tierras ancestrales por parte de los indígenas es una cuestión candente que se ha cobrado la vida de varios militantes y el encarcelamiento de otros; para el caso de los afroargentinos y afrodescendientes diaspóricos, la situación no es mejor pues a la persecución de manteros o vendedores ambulantes afros se le suma los crímenes racistas como el asesinato del activista y mártir José Delfín Acosta Martínez (05/06/96), el referente senegalés Massar Ba (ambos muertes impunes) o el encarcelamiento de Luis D’elia, afroargentino y militante popular. Con su relato falaz y desmemoriado Macri le ha señalado a los ricos del mundo de qué lado está su gobierno y su proyecto de país.

Las palabras de Macri están en sintonía con las del ministro Esteban Bullrich quien declaró que el estado argentino había entrado en una nueva fase de la llamada “Conquista del desierto” toda una señal a los latifundistas extranjeros que se apropian de tierras públicas en la Patagonia, o una señal a las burguesías locales como la que encarna el gobernador Juan Manuel Urtubey de Salta o Guido Insfrán en Formosa, la nueva y revitalizada tesis sarmientina, atribuye al proceso de despojo y entrega del patrimonio nacional los valores de orden, civilización y progreso al tiempo que re-niega nuevamente de los avances históricos, antropológicos, lingüísticos y literarios que las ciencias sociales han aportado por estos tiempos a la historia en nuestro país.

Como muchos liberales, Macri borra con el codo lo que firma con la mano. Así durante el año que pasó Argentina firmo a través de su presidente la adhesión al Decenio Afrodescendiente (2014-2025) decretado por la ONU, ¿acaso no lee lo que firma o su comprensión lectora es tan pésima como su dicción?

En Sudamérica donde las mayorías indígenas o afrodescendientes reclaman dignamente por la igualdad, la inclusión, la justicia, la reparación y el desarrollo es posible que las palabras de Macri suenen insultantes o tal vez hilarantes o delirantes, el dignatario y sus funcionarios sabrán que en Brasil los afrodescendientes son algo más de la mitad de su población? Acaso conocerán de una región mayoritariamente afro como el Chocó (noroeste colombiano). Y las mayorías indígenas de Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay? Tal vez podrían darse una vuelta por las aulas de la UBA, allí algunas investigaciones señalan que más de la mitad de los argentinos no desciende de ningún barco, desciende de indígenas, nosotros los afroargentinos si, descendemos de los que trajeron en los barcos negreros”, sostiene la carta de las organizaciones de afrodescendientes.

Contra la ciencia y la historia

Durante 12 años se confeccionó un “mapa genético”, producto de una investigación científica de expertos encabezados por Daniel Corach, director del Servicio Huellas Digitales Genéticas de la UBA. Se comprobó que el 56 por ciento de los argentinos tiene antepasados indígenas, El trabajo se inició en 1992, en los cuales se tomaron muestras de ADN al azar a un total de 12.000 personas de diferentes provincias argentinas.

Fuente: El Eslabón.

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