Bruno Chiroleu es dibujante freelancer, autor integral y editor de historietas. En una extensa charla con el eslabón, abordó la anatomía actual del noveno arte y sus perspectivas.

Bruno Chiroleu ¬ fotografía: Manuel Costa

En una pormenorizada secuencia de eventos, como si de una historieta se tratara, el dibujante, autor y editor Bruno Chiroleu, contó a este medio cómo se fue metiendo y, poco a poco, habitando a pleno en el mundo editorial del cómic.

—¿Cómo empezaste con las historietas?

—De chico todos dibujamos, algunos paran y otros no.

La cuestión fue que en casa mis viejos tenían historietas, una especie de baúl de esos de viaje de 1920 lleno de revistas y, cuando ellos se iban –porque no eran muy aptas para chicos–, yo agarraba y las leía. Eso habŕa sido alrededor del ‘87 u ‘88. Tenía por ejemplo las Fierro de la primera época y había historias como Ficcionario que tenían situaciones super escabrosas.

También mi abuelo tenía las revistas de Editorial Columba y realmente me gustaba mucho la forma narrativa, me llamó particularmente la atención.

Me gustaba la parte gráfica, pero me gustaba más el juego que había entre la gráfica y la historia, y me gustaba que fuese hecho por una, dos o tres personas a lo sumo, que no tenía la complejidad que podía tener a veces una película en cuanto a todo el equipo y el desarrollo que tiene que tener. Entonces me pareció muy accesible y muy íntimo. El trabajo que vos tenés con esto es sentarte y pasar mucho tiempo dándole.

Nunca fui un loco del dibujo, de esos que se sientan con el lapicito y no para nunca, pero estuve dibujando con cierta regularidad y gradualidad hasta la adolescencia cuando entré justamente en el taller de Marcelo –Frusín– y ahí conocí a otros chicos de acá de Rosario, con los cuales hemos seguido en contacto, y algunos de ellos han seguido trabajando profesionalmente, como Pablo Peppino, que actualmente trabaja freelance –como Chiroleu–, o Damián Couceiro, que es otro dibujante de acá que está laburando hace bocha de tiempo en el mercado yanqui.

En aquel taller también estaba Carlos Barocelli como alumno y ahora tiene su propia escuela –Escuela de dibujo Barocelli– en la que en algún momento dí clases y hace poco sacó un álbum en Italia.

Luego de aquel taller al que asistía, eventualmente, a eso de los 18 años dejé de dibujar completamente hasta los 25 o 26, cuando empecé a retomar con mucha lentitud. Teniendo un trabajo de la vida real, en una oficina, dándome cuenta de que no me resultaba muy satisfactorio, volví a encontrarle el amor a terminar el día de trabajo y volver para ponerme a dibujar alguna cosa, hacer guiones propios y ponerme a dibujar como para ir aflojando la mano.

Después pasaron bastantes años que estuve haciendo prácticas freelance para fuera y recién en el 2010 o 2011 empecé a hacer algunos laburitos pagos que más o menos me satisfacían.

—¿Cómo comenzaron a editar sus historietas?

—En el 2012 nos pusimos con la gente con la que arrancamos Términus, que fue todo un grupete de Rosario entre los que estaban Germán Peralta, Juan Frigeri, Maximiliano Bartomucci, Gastón Flores, Damián Couceiro, y formamos el pequeño grupo base del cual partimos para hacer la Revista Términus que fue para mí muy importante en el sentido en que me permitió empezar a cerrar historias propias, es decir, terminar guiones propios y dibujarlos, lo que hasta ese momento no había logrado y sólo había terminado cosas de otros mientras que mis propios guiones los escribía pero quedaban ahí y nunca tenía la motivación para terminarlos.

Arrancamos con el tema de la antología sin tener siquiera un tiempo programado para salir, ni cuándo sacar el primer número ni por cuánto tiempo queríamos sacarla.

Nosotros no teníamos ningún referente que tuviéramos presente de publicación de este tipo en ese momento. Salimos de pecho, por suerte salió bien. También porque fuimos muy minuciosos en la primera parte, todo lo que era averiguar imprentas, qué formato nos convenía. Hablamos con distribuidores para que nos dijeran cuáles eran los requerimientos, básicamente nos aseguramos de cubrir antes una serie de factores que fueron bastante determinantes a la hora de decir, bueno, por lo menos llegamos, se pudo distribuir, salir de la ciudad y demás, cuando en general los materiales editados en una ciudad es complicado que salgan de ese lugar geográfico. Llevamos la publicación a diversas convenciones de historieta y eso nos permitió ir moviéndola y haciéndola conocida.

Por suerte la publicación pegó muy bien, fue una época interesante en el sentido en que había una economía pujante, la gente tenía dinero como para usar en la compra de revistas y libros, y las ventas de aquel primer número en el 2012 nos permitieron sacar el dos, el tres y así hasta los doce números antes de pasar a sacar novelas gráficas.

Número a número fuimos aprendiendo cosas, principalmente sobre el circuito y el mercado.

Durante esos doce números fui tomando mucha confianza en la narrativa, no sólo por trabajar mis historias sino porque terminé laburando de editor, analizando guiones que me pasaban, tratando de redondearlos, de darles un poco más de punch, encontrarles dibujantes y demás, tratando siempre de no ser muy invasivo y respetar lo que quiere el autor.

La historia que publiqué en el número 12 fue el primer guión que escribí en el 2005, cuando estaba volviendo a dibujar. En aquel momento no pude pasar de la segunda página y me pareció bueno terminar el ciclo con ese guión que me había gustado. De hecho, ese guión fue publicado en la revista Cthulhu de España.

Al llegar al número 8 o 9, más o menos, me pareció que había que hacer algo más aparte del formato. Íbamos a una convención y era lo único que teníamos: al que le gustaban las antologías bien pero al que no, no teníamos nada para ofrecerle. Y nosotros también queríamos contar algunas historias más largas.

Luego empalmamos el último número con el proyecto de las novelas gráficas que presentamos en Espacio Santafesino y fuimos seleccionados, y con la financiación sacamos el primer número de RIP Van Helsing, Tekton y El Borde.

También sacamos un segundo tomo de RIP Van Helsing y con todo eso, más lo que ya habíamos publicado en la antología, ya editamos todo lo que ya se había producido y que originalmente se había editado en Italia.

Todavía no están los detalles pero firmamos un contrato y es muy probable que salgan tomos con una selección de Términus en Brasil.

—¿Cómo trabajás tus historias?

—Cuando escribo me gusta ya tener bien definido todo lo que es guión antes de arrancar, en general trato de hacer por lo menos una escaleta –una especie de esqueleto que plantea mínimamente las escenas y lo que en ellas sucede– bien definida de acciones y, una vez que tengo eso, le voy poniendo carne, la voy rellenando, le voy poniendo los diálogos, etcétera. Aunque muchas veces hay diálogos o escenas que ya estaban definidas, cosas que fueron apareciendo a lo largo del proceso y que después voy poniendo en orden.

Por una cuestión que me enseñó Marcelo Frusín, mi profesor, primero hago todo el trabajo en lápiz en orden, porque es como que me ayuda a sentir la historia, ver si el ritmo está bien y después hago las tintas totalmente salteadas. Puedo empezar en tres cuartos de la historia, pasar al primer cuarto, voy saltando porque hacia el final uno tiende a tener ansiedad. Si uno va con la historia y las páginas empiezan a bajar, se empieza a notar esa ansiedad y el lector se da cuenta inmediatamente, mientras que si las páginas que por ahí por ansiedad hayas entintado con menos detalle están saltadas queda un trabajo más homogéneo.

Después en la computadora trabajo todo lo que es los rótulos y el letreado. Alguna página puede tener más o menos manoseo en lo digital pero algunas casi no tienen nada, sólo el agregado de alguna trama –gráfica– y el rotulado.

—¿Cómo fue trabajar tu primera novela gráfica?

El Borde trata de varios personajes, todos ellos con algún grado de retorcimiento: un hombre con sueños proféticos, una pareja de adolescentes escapándose, un administrador manipulador, abogados inescrupulosos, esposas maltratadas… todos ellos en un hotel en el medio del desierto y la idea es básicamente cómo ese aislamiento hace que algunos se potencien, algunos mejoren, algunos salgan vivos y otros no.

La inspiración salió un poquito del hotel donde se hizo la ComicCon (Convención de Cómics) de San Luis, que está en la ciudad de La Punta, pegada a San Luis capital pero mucho más chiquita, artificial casi, creada de una sola vez, y el hotel tiene cuatro estrellas y pico, un complejo con casino y demás, no está en el medio de la nada pero…

Aquella convención fue la primera que habíamos ido con la revista, fuimos con el número 1 de Términus. Apenas lo acabábamos de sacar y me llamó mucho la atención estar en el medio de esa construcción con todas sus amenidades viendo pasar la nube de polvo ahí afuera, y esa sensación curiosa de aislamiento que se generaba ahí. Ese microclima o ecosistema que se arma en esos lugares aislados fue determinante. Hay referencias a otras cosas: la portada está un poco inspirada en un juego de aventura gráfica, el Green Fandango, donde había una ciudad minera que estaba en el borde del mundo, pero puntualmente lo que motivó la escritura del libro fue las ganas de jugar con ciertos personajes y el hotel. Eso cohesiona las historias de los diferentes personajes y le da cierta unidad por más que sea ligeramente coral.

En el desarrollo de la historia, al estar abocado a la tarea editorial, fui demorando mi historieta, que había sido una de las comprometidas cuando fuimos seleccionados por Espacio Santafesino.

Por suerte pude terminarla, el guión tiene cuatro años y recién pude publicarla en agosto del año pasado. La empecé a dibujar a los seis meses de tener el guión, ahí hice una primera tanda de unas 24 páginas y después iba tratando de encajar entre todo el tema del laburo para avanzar algunas páginas, pero se me hacía demasiado difícil, hay gente que tiene capacidad para el multitasking (desarrollar varias tareas al mismo tiempo), a mí hay cosas que me gusta poder sentarme y dedicarle su atención exclusiva.

A partir de noviembre del 2017 me interné y estuve laburando con bastante exclusividad en la novela. Justo coincidió que conseguí dar unas clases con la municipalidad, lo que me permitió un ingreso básico asegurado, entonces postergué todo lo que era freelance y cada vez que me ponía a dibujar me ponía con esta historia. Yo creo que si me pongo a pensar en tiempo de trabajo exclusivo hay por lo menos seis meses en total que dediqué a este libro.

Es un proceso lento. Hay gente que trabaja diferente pero a mi gusta cuidar cosas como la perspectiva, anatomía y demás, y no soy un autor muy rápido, por ahí otra gente no tiene ninguna clase de filtro entre lo que está en su cabeza y lo que sale de su mano. En mi caso no, yo sufro, tengo que esforzarme pero estoy muy conforme con el resultado.

—¿Qué es lo que te proponés a futuro?

—Estoy trabajando en un segundo guión y voy a ver si lo puedo arrancar en los próximos meses. También para una novela gráfica pero nada que ver con la que publiqué. Ya tengo escrita toda la escaleta general, los primeros capítulos ya los tengo definidos y voy a ver si a lo largo de este año voy sacándolo. La idea es irlo publicando online para que lo vean los que quieran, la realidad es que a la hora de las ventas no afecta.

Respecto a lo editorial, en los últimos años cambiaron todos los números, ventas, distribución, impresión. Las ventas cayeron estrepitosamente los últimos tres años, lo que nosotros hacemos son bienes de consumo cultural y es lo que se conoce como consumo elástico, cuando tenés dinero bien, pero cuando no, es lo primero que cortás.

Durante este año la idea es reactivar muchos eventos que venía realizando la AAEH (Asociación Argentina de Editores de Historietas), activar la colaboración para poder garantizar la presencia en todos los eventos que se pueda. Los que están hace más tiempo en esto saben que hay subidas y bajadas, muy bruscas a veces, hay gente que ha sobrevivido al 2001. Así que éste es el momento de seguir trabajando pero de una manera tal que no te genere la ruina económica para no quemarse.

  • Publicada en El Eslabón Nº 386
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