El 8 de marzo lejos está de ser el Día Internacional de la Mujer Trabajadora conocido hasta hace unos cinco años, o menos. Desde 2017, la jornada de lucha se transformó no sólo en una movilización, sino que pasó a implicar un paro de mujeres en sus lugares de trabajo sean o no remunerados, sea por el día completo o apenas unas horas. La organización, además, comenzó a ser masiva, y de ser un par de gremios, partidos políticos y un puñado de feministas, pasó a coparse por movimientos sociales de toda índole y de pibas independientes, adolescentes y adultas. Pero sobre todo, comenzaron a exigir su lugar las disidencias sexuales: lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, trabajadoras sexuales. Las asambleas de este año tuvieron ese signo particular: un pedido de atención sobre las diversidades. El resultado salta a la vista y, desde este año, el 8 de marzo fue el Paro feminista, plurinacional e internacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries.

A lo largo de todo febrero, las asambleas que se realizaron en el primer piso del Centro Cultural La Toma dieron voz a las infinitas identidades que se hicieron presentes. Tuvieron la palabra mujeres de pueblos originarios, afrodescendientes, y chicas que plantearon las dificultades de ser parte de la asamblea por usar muletas o sillas de ruedas, demostrando que todavía queda trabajo por delante para romper las hegemonías que también prevalecen en el feminismo. Y también estuvieron las disidencias sexuales, que hace años exigen que su voz sea escuchada y tenida en cuenta. Los resultados de esa militancia cotidiana saltan, este 2019, a la vista. Para la marcha, la columna de la disidencia invitó a concentrar y sumarse, desde las 17 en la puerta de la sede de gobernación (Santa Fe 1950).

Menos trabas, más travas

Michelle Vargas Lobos es travesti, militante de Comunidad Trans y la Casa de las Locas. Todos los años forma parte de la Asamblea por el 8 de marzo. A veces con más paciencia, otras con menos, Michelle busca que la militancia y los reclamos de las travestis queden reflejadas en el documento final. Marchar, marchan sí o sí. “Estamos ganando cada vez más voz en las asambleas. Y esa voz se convierte en empoderamiento. Las nuevas generaciones tienen cada vez menos miedo y vergüenza de hablar y debatir”, celebró en diálogo con el eslabón.

Para Michelle, como para tantas más, muchas de las discusiones que se dieron a lo largo de febrero parecieron estancadas “en lo mismo”: desde trabajo sexual sí o no, que ya está saldado, hasta el rol de los varones en la movilización. “Son discusiones internas del movimiento que terminan desgastando. Siempre quedan por fuera quienes no están dentro de la internas políticas, sobre todo este año de elecciones”, subrayó. Sin embargo, para ella son más los pro que los contra: tanto como percibe cierta desunión y rigidez, percibe un apoyo ineludible a las travestis y trans.

“Yo siento que ganamos voz y hacemos reclamos, porque falta acompañamiento. Cuando las travas hablan está todo bien, nos aplauden y arengan, pero cuando necesitamos que estén con nosotras, pareciera que aún no entienden que la estamos pasando muy mal, que las chicas se mueren cada vez más jóvenes y que retrocedimos muchos casilleros respecto de los últimos diez años”, sostuvo. Y consideró, sobre todo, que el movimiento feminista, que las mujeres y las lesbianas son sus aliadas naturales: todas comparten un mismo enemigo. “Nosotras tenemos que estar tanto en las marchas como en las asambleas porque nos ganamos ese lugar. Las travestis nos estamos muriendo y encontramos en gran parte del feminismo un espacio para llevar adelante nuestra lucha. Las travestis estamos súper organizadas. Nos estamos juntando a pesar de nuestras diferencias, porque sabemos que este es el momento para tejer redes. Y las redes son con todes adentro. Estamos unidas y no es casual: nuestra estrategia es simple y es ir todas para el mismo lado”.

No binaries alzando su voz

Noah Pellegrini es una persona no binaria: ni género femenino, ni género masculino, tampoco trans. Noah participa desde hace años de las asambleas por el 8 de marzo: con su identidad anterior, en su proceso de reconocimiento, y siendo Noah. “Lo que está bueno de este 8 de marzo es que las disidencias están mucho más presentes. El año pasado y otros, directamente no se las escuchaba, no le daban lugar a su voz”, remarcó en diálogo con este semanario. Según contó, un grupo “de pibis” se autoconvocaron para ir con reclamos específicos a debatir, agitar, marcar. Y lo lograron. Ahora, la proclama general será mucho más inclusiva, no sólo en la forma de expresarse, sino también en los pedidos de cada colectivo. “Todo eso, antes no pasaba ni por casualidad”.

Marcha #8M 2019 en Rosario. Foto: Manuel Costa

Para Noah, todavía existe cierta resistencia de muchas mujeres a reconocer las identidades no binarias y muchas veces esa resistencia se transforma en violencia interna. “Muchas no quieren dar el brazo a torcer. Tienen que entender que el movimiento feminista ya no es de mujeres, ya está, se está transformando. Hay muchas identidades y muchos feminismos”, remarcó. Y en ese sentido, consideró que las personas no binarias deben estar y también protagonizar las marchas del 8 de marzo: “Si supuestamente el movimiento de mujeres va contra el sistema y el patriarcado, nosotres también somos parte y somos violentades por ese sistema. El feminismo tiene que abarcarlo todo y aceptar esos cambios. No hay que olvidarse, por ejemplo, que no hace mucho eran minoría las que estaban a favor del aborto en estas asambleas. Entonces, ahora también estamos nosotres, está la disidencia, que tiene cada vez más fuerza para alzar la voz”.

Primero lesbianas, después mujeres

Las tortas y lesbianas tienen dos días seguidos meta lucha y visibilización. El 7 de marzo es el Día por la Visibilidad Lésbica y el 8 de marzo se suman al Paro Feminista. Este viernes llegaron a la movilización con el trajín del día anterior que incluyó lecturas, intervenciones y sobre todo la posibilidad del encuentro y de poner, más que ningún día, su identidad en primer lugar. El Día de la Visibilidad Lésbica es el día que se conmemora el crimen de odio de Natalia Pepa Gaitán: una chonga y pobre que fue asesinada en 2010 por el padrastro de su novia. Pepa murió por lesbiana, y todos los 7 se recuerda eso: la necesidad de visibilizar tanto las múltiples formas de vivir la lesbianidad como también la identidad política de quienes eligen ser lesbianas, tortas, chongas.

Fabiana Fernández tiene 48 años, es torta, peronista y militante en la Casa de las Locas. Para ella, la visibilización de lesbianas como tales –no como mujeres– tiene que ser sobre todo un acto pedagógico. “Es en el sentido de darle la posibilidad a niñas, niñes y adolescentes de poder referenciarse en una adulta feliz, que es docente, que es tía, que estudiante. A mí me hubiera hecho una diferencia enorme esa referencia, por eso elijo ser visible hoy”.

Para Fabiana, la presencia de lesbianas los 8 de marzo es fundamental. No sólo porque también son feministas y habitan el feminismo, sino porque aportan al debate sobre cómo se habita el movimiento de mujeres y hacia dónde va. En ese sentido, recordó el rol fundamental que tuvieron desde siempre: un protagonismo que, desde la vuelta de la democracia, fue poniendo sobre la mesa debates que las mujeres no ponían, como el aborto o la ley de fertilización asistida. “La tensión que generaron tortas y lesbianas dentro del movimiento feminista y LGBT ha sido fundamental. Somos las que las tensionaron la transversalización de los movimientos”, remarcó.

Putas: trabajadoras y populares

Merlina es trabajadora sexual y militante de El Yire, una agrupación que nuclea a trabajadoras sexuales y disidencias que acompañan el movimiento. Ya hace dos años que Merlina forma parte de las asambleas por el 8 de marzo. Hasta el año pasado, el principal reclamo de las putas era que en el documento las reconozcan como trabajadoras y se pueda denunciar la criminalización y estigmatización a la que están expuestas. La inclusión del reclamo –que no cesó, aunque con menor intensidad– logró darle aire al Yire para que este año sea parte de otras comisiones. “Hicimos lazos con un montón de compañeres que apoyan nuestras luchas y nosotras las suyas. Empezamos a pelear en grupo, con más fuerzas y nuevos lazos”.

Para Merlina, la presencia de las trabajadoras sexuales en el feminismo y el 8 de marzo es clave e indiscutible. “Nosotras y las travas pertenecemos desde siempre, porque somos parte del movimiento popular. Somos parte del pueblo y vemos y tenemos las mismas problemáticas: violencia de género, aborto y falta de acceso al trabajo tanto para las travas como para quienes ya no quieren ejercer la prostitución ”, sintetizó.

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