Con el 8M como fecha clave en la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras, los espacios de género de las intersindicales empezaron el año con una agenda definida: la presentación de protocolos de violencia de género en el ámbito laboral, y el objetivo de profundizar una mayor participación política de las mujeres en la organización. Al mismo tiempo, se establecieron prioridades en un panorama nacional de crisis: la defensa del trabajo, la reforma laboral, el ajuste, los tarifazos y la reforma previsional. “Nosotras creemos en el movimiento obrero organizado con las mujeres allí, en los sindicatos, que es nuestro lugar para la defensa de los derechos y la construcción de un proyecto popular, y para la derrota del neoliberalismo en este contexto”, afirmó Estela Díaz, secretaria de Género a nivel nacional de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). La gremialista dialogó con El Eslabón en el marco de su participación en la charla debate Mujeres y sindicatos ante el 8M, que se realizó el 1º de marzo pasado en el Sindicato de Prensa de Rosario (SPR), junto a otras referentes de gremios locales, como Analía Ratner, secretaria general de La Bancaria Rosario; Yamile Baclini, secretaria general adjunta del Sindicato de Trabajadores Municipales, y Laura Ferrer Varela, secretaria general de COAD.

Respecto a las acciones previstas para el tercer paro internacional de mujeres, Estela Díaz contó que desde la Secretaría se fueron generando encuentros y reuniones “con las compañeras de todas las centrales sindicales, del trabajo formal e informal de la economía popular”. “Y entre todas estamos haciendo una declaración conjunta, poniendo el eje en el trabajo contra la flexibilización laboral, la defensa de la previsión de los recursos de los trabajadores y en cómo afecta esto especialmente a las mujeres”, detalló y amplió: “Estamos construyendo ese camino de unidad, no sólo en Capital sino en todo el país, y nos preparamos para marchar en grandes columnas el 8 de marzo. Así también para que nuestros sindicatos adhieran con las modalidades que cada uno defina al paro internacional de mujeres, porque articulamos nuestro accionar con todo el movimiento”.

En representación de la CTA, Estela es una de las Coordinadoras del Comité por la Libertad de Milagro Sala, integra la Comisión de Mujeres y Géneros del Instituto Patria, y el Consejo Directivo del Fondo de Mujeres del Sur. Además, es parte de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Foto: Lucía Greco

Al ser consultada sobre los principales reclamos de las mujeres trabajadoras, la dirigente sostuvo: “Quienes más denuncian situaciones de violencia, discriminación y segregación, son las mujeres. También las personas trans o con discapacidad, pero sobre todo las mujeres. El 70 por ciento de las denuncias de violencia laboral son hechas por mujeres. Pero también hay reclamos en las condiciones de participación, y a veces, diría que hay silencios que tienen que ver con el no participar o el excluirse porque hay dificultades para conciliar y poder articular todo lo que tiene que ver con la vida familiar, personal y de cuidado, que sigue recayendo en las mujeres, y una militancia sindical que es muy exigente”.

Si bien la CTA desde su nacimiento tiene una agenda de género, con temas como la violencia, el derecho al aborto y la igualdad para las trabajadoras, fue en el año 2000 que por Congreso se definió un cupo mínimo del 20 por ciento de mujeres, y se creó la Secretaria de Igualdad de Género y oportunidades. En ese marco, la militante social, sindical y feminista reconoció la potencia “de la enorme movilización y masividad que obtuvo el reclamo de Ni una menos en 2015”. “Este grito en contra de la violencia más extrema que es el femicidio ha tenido un impacto social y cultural muy fuerte que nos interpeló a todas las organizaciones, y esto al sindicalismo no le ha sido ajeno”, evaluó.

De este modo, en 2017 se aprobó el compromiso sindical para la erradicación de la violencia que define los lineamientos generales de intervención con una mirada amplia sobre la problemática. “Entendemos la discriminación y la violencia como parte de un continuo de conductas. Entonces, pensamos que cuando se aborda la problemática se debe hacer pensando en la participación de las mujeres, de las disidencias sexuales, los históricos colectivos discriminados que deben darse en la representación, en la paridad, y en una revisión del funcionamiento conjunto de la organización. Pero no lo pensamos desde una mirada punitivista sino, al contrario, desde una mirada que hace revisar nuestras prácticas habituales, deconstruir estereotipos de lo femenino y lo masculino, un proceso que creemos, impacta en la democratización de la organización”, expresó,

El compromiso sindical consistió en la elaboración de tres protocolos de intervención: 1) cuando la trabajadora sufre violencia en el seno de las relaciones familiares; 2) cuando la violencia se da en el ámbito laboral, y 3) cuando impacta la violencia en la interna de la organización sindical.

Al respecto, la referente de la central obrera insistió en que desde las organizaciones sindicales se tiene que “seguir construyendo no sólo los mecanismos de intervención sino de prevención”. “Necesitamos repensar nuestras prácticas y tener una mirada crítica en torno a la naturalización de conductas que son sexistas, racistas y homofóbicas. Y esto no es ajeno al entramado social en general y a otras instituciones, pero particularmente en el sindicalismo. Tenemos que mirar todo con atención y producir cambios que sean profundos, significativos”, consideró.

La pelea por la paridad y mayor participación política

En Rosario las organizaciones sindicales tienen sus propias agendas de género, y en sintonía con los lineamientos de las centrales obreras nacionales, los reclamos de las mujeres trabajadoras se replican. En la Asociación Gremial de Docentes e Investigadores de la UNR (Coad), en tanto, la representación gremial guarda relación con la proporción de mujeres existentes en la universidad. Incluso, éste el quinto periodo consecutivo que el cargo más alto de la secretaría general lo ocupa una mujer: Laura Ferrer Varela.

Foto: Lucía Greco

Sin embargo, en diálogo con este semanario, la dirigente afirmó: “Muchas veces las compañeras somos quienes sostenemos el trabajo invisible y cotidiano, las tareas operativas y logísticas, el «trabajo sucio» de exponernos frente a los adversarios, mientras los compañeros se encargan de «teorizar», de aportar ideas, de mediar. En nuestro caso, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los ámbitos sindicales, donde la presencia de las mujeres es ignorada o desestimada, la participación de las mujeres y otras identidades subalternizadas en nuestro gremio, con sus perspectivas, experiencias y demandas específicas, han adquirido visibilidad ganando espacios y viabilizando reivindicaciones”.

Por su parte, Analía Ratner, secretaria general de La Bancaria Rosario, sostuvo que en su organización la proporcionalidad de mujeres en cargos sindicales con el número de afiliadas mujeres, existe, pero aclaró: “Para nosotros el cupo femenino es sólo el piso. El rol de la mujer en el sindicalismo va mucho más allá. En nuestro gremio, el 54 por ciento de los cargos son ocupados por compañeras, y a partir de esta gestión asumimos nuevas responsabilidades en secretarías que tradicionalmente eran ocupada por compañeros, como por ejemplo la de gremiales.

Fuente: El Eslabón

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