La relación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) siempre fue espinosa, sobre todo para los que sufren las recetas de ajuste que engendra el organismo, es decir, la mayoría de la población. La presencia del Fondo en el país, con sus famosos “salvavidas” dolarizados y sus inspecciones oculares a la marcha de la economía nacional, está hermanada a crisis socioeconómicas, a pérdida de soberanía, a represión y muerte. Hoy, como en 1976 y otros momentos traumáticos para los argentinos, el FMI presta plata, la pelota de la deuda se hace cada vez más grande y sus planes económicos sólo cosechan resultados negativos desde el punto de vista del bienestar social.

Los gobiernos de facto y de derecha elegidos por el voto popular facilitaron fornidos anabólicos para la deuda externa vía FMI, incluso estatizando deuda de empresas privadas en 1982, entre otras la del Grupo Macri, cuando Domingo Cavallo era presidente del Banco Central. Los sucesivos gobiernos pos dictadura del 76 quedaron atrapados en la telaraña del Fondo.

En los 90, el FMI aprobó el plan de convertibilidad. El “uno a uno” fue mentiroso, ya que la derrota social, política, económica y cultural fue muy dura. El ex presidente Carlos Menem y su ex ministro de Economía Cavallo les ponían la alfombra roja a los técnicos del Fondo. A principios del tercer milenio fue igual: del blindaje, megacanje y promesas de déficit cero entre el FMI y la Alianza delarruísta quedó el default y la peor crisis institucional de la Argentina después del golpe de Estado de 1976.

Tras el fugaz anuncio del fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá de suspender el pago de la deuda externa en medio de la hecatombe institucional, llegó el presidente interino Eduardo Duhalde y firmó los últimos acuerdos con el Fondo. Luego, el gobierno de Néstor Kirchner canceló en un pago la deuda con el FMI y suspendió las revisiones periódicas a las cuentas económicas argentas.

Los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner siguieron por la misma senda pese al constante revoloteo de los fondos buitre, hasta que el experimento neoliberal de Mauricio Macri retomó abiertamente las relaciones carnales con el FMI, a tal punto de cederle el comando de la política económica y usar sus desembolsos como único sostén para intentar mantenerse en el poder, en medio de una economía en recesión con alta inflación, ajuste, despidos, caídas del poder adquisitivo y del consumo, y aumento de la pobreza. Típicos resultados de las recetas del Fondo.

La dictadura financiera

La Argentina y el FMI se pusieron de novios en 1956, tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, relación bendecida por la denominada Revolución Libertadora, con el dictador Pedro Eugenio Aramburu a la cabeza, quien decidió incorporar al país al organismo internacional a través de un pedido de asistencia financiera.

A partir de ese momento, hace más de medio siglo, la deuda externa empezó a crecer de manera exponencial y el país fue perdiendo independencia económica. La dictadura de Videla y compañía, con el sangriento golpe de Estado de 1976 y el plan económico neoliberal ideado por José Alfredo Martínez de Hoz y luego continuado por Lorenzo Sigaut, la deuda externa pasó de 8 mil millones a 45 mil millones de dólares en 1982, agujero negro que estuvo acompañado por un modelo de especulación financiera, inflación, apertura importadora, desindustrialización, contracción salarial. Bastante parecido al modelo que aplica el macrismo, con resultados, en otro contexto, obvio, casi idénticos.

La dictadura cívico-militar del 76, que llevó adelante un genocidio contra el propio pueblo argentino, la jugaba de nacionalista pero seguía órdenes de Estados Unidos y el FMI. “A comienzos de 1976 se congelaron los salarios, se eliminaron los sistemas de control de precios y se incrementó el tipo de cambio, lo que produjo un rápido deterioro del 30 por ciento del salario real de las clases trabajadoras. A su vez, se sancionó una nueva ley de entidades financieras que permitía la libre movilidad de los capitales; y con el pretexto de controlar la inflación, se abrió la economía y se bajaron aranceles”, recordó la periodista y docente universitaria Inés Hayes en un artículo publicado en Canal Abierto.

“La política económica de la dictadura fue dejar de lado la actividad productiva y volcarse al crédito internacional, lo que se conoció como bicicleta financiera, que consistía en obtener dólares a una baja tasa de interés en el mercado internacional, colocarlos en el mercado interno con un diferencial de tasas de interés (en relación a la tasa internacional), para luego reconvertir dichos créditos nuevamente a dólares y retirarlos del país”, señaló Hayes. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

“A partir de 1976, el plan neoliberal de la dictadura se caracterizó por reducir los niveles de proteccionismo industrial, mientras que, de manera paralela, se encaró un proceso de apertura para la llegada de los capitales extranjeros”, se refirió en el artículo citado, al tiempo que se recordó que el abogado Alejandro Olmos, quien investigó la deuda fraudulenta de la dictadura, consiguió llevar a juicio la cuestión y “terminó con un fallo ejemplar en el año 2000, cuando se reconoció el carácter ilegal de todo el proceso de endeudamiento que comenzó en 1976”.

¡Estás igual!

Después de que Wall Street le cerrara el grifo, el gobierno de Macri corrió a los brazos del Fondo en busca de un salvataje financiero, diciendo que el FMI había cambiado, que no era el mismo FMI que nos había llevado al desastre económico en otros momentos de la historia, como en el 76. Más, en uno de los últimos encuentros con la actual directora del organismo, Macri dijo que esperaba que la Argentina “termine enamorada” de Christine Lagarde. Pero las políticas del Fondo y sus resultados ¡están igual! Y enamoran poco y nada. Todo se ve como un gran retroceso donde la historia se repite como tragedia.

En un pirulo de tapa del diario BAE se recordó días atrás diferentes momentos de la relación entre la Argentina y el FMI. “El director gerente del Fondo Monetario Internacional comunicó al gobierno argentino su disposición a apoyar el programa de ajuste económico previamente acordado en Washington entre delegados argentinos y el FMI (1985); todas las medidas comprometidas con el FMI tienen como hilo conductor la necesidad de que el país fortalezca su debilidad fiscal para enfrentar las turbulencias provocadas por la crisis internacional, estableció el Fondo Monetario internacional (1997); el programa del Fondo con Argentina marcha sobre ruedas (2000); Jacques de Larosière, Michel Camdessus, Horst Köhler o Christine Lagarde. El nuevo FMI, tan parecido al viejo”.

Vuelta al Fondo y al endeudamiento

Con Macri en la Casa Rosada, volvieron las revisiones anuales del FMI y la pasada de gorra. En tres años de gestión, Cambiemos tiene el mérito de haber incrementado la deuda externa, con mercados internacionales y el Fondo, en un 70 por ciento, la pesada herencia de sesgo neoliberal que deberá afrontar el próximo gobierno.

El año pasado, Christine Lagarde visitó el país y felicitó al gobierno de Cambiemos por el rumbo económico. Hace pocas semanas vino una misión del Fondo Monetario Internacional a la Argentina. Tras esa visita, el organismo publicó un documento donde elogió al gobierno de Macri por buen alumno y avaló un nuevo desembolso por más de 10 mil millones de dólares que se hará efectivo en las próximas semanas, como parte del paquete global del crédito de casi 57 millones de dólares.

Además, el Fondo permitió que el oficialismo aumente los gastos en asistencia social en un año marcado por la compulsa electoral, al tiempo que reclamó un ajuste mayor, que recaerá sobre los sectores populares. El FMI y sus dólares sirven de puntal financiero para la campaña de Cambiemos, mientras los datos duros de la economía real dan muestra de una crisis de grandes magnitudes.

Las recetas del Fondo y sus resultados actuales tienen puntos de contacto con el plan económico de la última dictadura cívico-militar. Mientras el macrismo derrocha optimismo y se aferra a los dólares y los mandatos del organismo, la economía argentina muestra signos de crisis productiva y de empleo, con una inflación indomable, devaluación y caída del salario real, con la industria trabajando a media máquina: todos frutos de un plan de ajuste y entrega que maduró a partir del regreso del FMI al control de la política económica nacional y el reendeudamiento externo, como sucedió en el 76.

 

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