Los retrocesos de la gestión macrista son evidentes: más pobreza, más desempleo, más desigualdad. El futuro gobierno deberá frenar la recesión y afrontar la crisis financiera y socioeconómica, plantarse ante el FMI, detener caída de reservas y diseñar políticas de reanimación.

Las consecuencias económicas de haberse lanzado a otro viaje fantasmagórico por el túnel neoliberal se tornan cada vez más insoportables para el grueso de la población argentina. De eso hay múltiples evidencias, a veces hasta difíciles de dimensionar. En la misma semana que el presidente Mauricio Macri comenzó la marcha 30-30 del #sísepuede… estar peor, en busca de “darla vuelta”, movida que en las filas opositoras compararon con una gira de despedida, sus políticas de ajuste se mostraron en cifras y dejaron ver, otra vez, los efectos devastadores sobre empleo y pobreza. Serán dos cuestiones principales de las millones que tendrá que atender con urgencia el futuro gobierno, que el día después de Macri deberá tener la cintura de Messi y cinchar con fuerza de toro para volver a poner la Argentina de pie.  

Sólo en el último año, se destruyeron más de cien mil puestos de trabajo formales. Cierres de fábricas y comercios, máquinas apagadas, obreros precarizados, mercado interno planchado, inseguridad alimentaria en ascenso, completan el cuadro terrorífico. Mientras, al presidente sólo le urge bajar por decreto indemnizaciones laborales, toda una definición de prioridades políticas.

El escenario de emergencia laboral y salarial o de ingresos es denunciado por organizaciones sindicales, que tuvieron que retomar una agenda de reclamos que, en parte, parecía superada. La compensación salarial que acordó de apuro el gobierno en medio de la campaña es casi nada contra el deterioro provocado por sus políticas económicas. De igual manera, el panorama de desolación y de hambre contra el que pelean a diario los movimientos sociales, es un importante foco de resistencia al ajuste macrista.

En la primera mitad de este año la pobreza trepó arriba del 35 por ciento, cuando en el primer semestre del año pasado rondaba el 27, una suba de ocho puntos porcentuales, esto es, 4 millones de personas, según datos oficiales. Amén de que este último “número” (personas de carne y hueso, rostros angustiados, historias desgarradoras) no contempla la brusca devaluación con rebrote inflacionario ocurrida en agosto después de las Paso, tras el enojo mal dormido y los arañazos que dio el patrón de estancia de ojos saltones, cual felino panza arriba.  

La pobreza medida por ingresos alcanzó, como se dijo, a más del 35 por ciento de la población del país, aunque las estadísticas siempre quedan cortas y no llegan a explicar, por ejemplo, la abrumadora diferencia de votos que el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, le sacó a MM en las elecciones primarias.

La indigencia también aumentó fuerte: se ubicó en 7,7 por ciento, de acuerdo al Indec, casi tres puntos más que hace un año, en un contexto de suba del desempleo, precarización laboral, caída del poder adquisitivo del salario, excluyente encarecimiento en el costo de vida, pronunciado declive en el bienestar general de la población.

En términos absolutos, hay más de 16 millones de argentinos y argentinas (un tercio de la población) viviendo por debajo de la línea que determina la pobreza, calculada en este caso por la capacidad de compra y acceso a bienes y servicios básicos. Sólo un piso para la hecatombe económica, ya que todavía faltan los datos del agravamiento de la crisis pos primarias. De esos 16 millones de pobres, casi tres millones y medio de personas están en situación de indigencia, entiéndase, les falta el morfi, literal.

Los bolsillos enflaquecieron y la desazón engordó desde la llegada del gobierno de los CEO a la Rosada. Faltó meritocracia, saber hacer negocios, ser un poco más bicho, dirá el discurso virulento, individualista y PRO grieta que alienta el macrismo y se impregna en vastos sectores de la sociedad.

Algunos números, promedios obvio, para entender lo bien que hicieron los deberes los “revolucionarios de la alegría”, que a los tijeretazos nos hicieron retroceder una banda. La canasta de productos y servicios básicos se encareció un 165 por ciento durante la administración de Cambiemos, mientras que el salario mínimo creció poco más del ciento por ciento y la jubilación mínima un 130 por ciento, 65 y 35 por ciento, respectivamente, por debajo de la escalada de los precios.

A la par se produjo un deterioro bastante feo en el mercado laboral, que agravó la crisis social. La desocupación superó los dos dígitos, la más alta en 14 años, las desigualdades se agigantaron por la regresiva distribución del ingreso experimentada en el país desde 2016.  La desindustrialización y la caída de la actividad económica no paran de suceder, otras certidumbres del modelo M.

Según el Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica (que no tiene la santa medición), Macri llegó a la Casa Rosada con 29 por ciento de pobreza y con falsos juramentos de dejarla en cero, mientras se meneaba en el balcón de la Rosada. Lo cierto es que, el mejor equipete del mundo dejará a la Argentina la herencia de cinco millones de nuevos pobres.

Así, con Cambiemos, “éramos tan (y más) pobres”. Proyecciones privadas estiman que el gobierno de la alianza PRO-UCR finalizará mandato con un 40 por ciento de pobreza, seguramente bastante más que el porcentaje que sacaría MM en las elecciones del 27 de este mes, según diferentes encuestas y según el resultado de las Paso.

En esta segunda parte del año, con megadevaluación y paralización de la economía, habrá muchos más “pobres a los que les da miedo ser ricos”, según el razonamiento lelito de la señora blonda, portadora de alta pobreza mental. O bien, “dinamitar todo, que todo vuele por el aire”, según la consensuada salida a la pobreza que propone Micky Pichetto, de parabienes con Carrió.

Un dato de por acá que reviste señora gravedad muestra que el Gran Rosario, con 466 mil personas en situación de pobreza, está tercero en la medición del Indec por aglomerado, detrás del Gran Buenos Aires y Gran Córdoba. La ciudad y la región sintieron el peso del ajuste que emprendió el gobierno nacional bajo gestión de derecha, empresarial y fondomonetarista. Persianas bajas y portones cerrados con candado, despidos, suspensiones, empleos precarizados y en riesgo, reclamos callejeros contra recortes presupuestarios, tarifazos y por un plato de comida, las fotos de los últimos años en el Gran Rosario, donde se convive con un fortalecido polo agroexportador.

Los números globales (entre tantos globos amarillos que se van desinflando) preocupan aún más si se tiene en cuenta que hay una brutal “infantilización de la pobreza”. Por las políticas de exclusión del macrismo, más de la mitad de los menores de 15 años de todo el país convive bajo el umbral de la pobreza, mientras que la indigencia alcanza al 13 por ciento de esa franja etaria, siempre según los datos del Indec. Inclusive, la caída en los ingresos reales que determina un crecimiento de la pobreza, afecta más a las mujeres que a los varones.

“Desde que asumió Cambiemos, casi un millón y medio más de personas pasó a sufrir hambre”, se indicó en un informe de Proyecto Económico, dirigido por la diputada nacional Fernanda Vallejos. También se analizó: “La magnitud de recursos necesarios para erradicar el hambre, desnuda las prioridades de la política económica. Si se pudiera realizar una asignación perfecta de recursos, se podría alcanzar el hambre cero con el 4 por ciento de lo proyectado para el pago de intereses de deuda en 2020”.

Las papas queman

Desde el campo minado, casi pre gobernando, el candidato de Todes, AF, se anticipa a la realidad que lo espera en caso de ganar la compulsa electoral: “Macri deja tierra arrasada”, repite en actos, charlas, entrevistas. Entonces, ¿qué podría ocurrir con la economía en los próximos meses? Mmmm… parece que nada bueno, ya que datos en fase negativa de agosto-septiembre confirman un hundimiento en el cuadro de situación previo a la última megadevalueta. Con viento en contra, el nuevo gobierno deberá impulsar las denominadas políticas anticíclicas, de reactivación, para salir del pozo hondo y oscuro en el que nos metió la macrisis.

Según un reporte del Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala, “el último trimestre del año, en el que se suele concentrar la mayor brecha entre gastos y recursos, pone en duda el objetivo de déficit cero que el gobierno de Macri negoció con el FMI”. Por esto y por otras tantas, para el Fondo, después de la cortada de rostro que le pegó a Cambiemos en Nueva York, “la elección (Paso) sí sucedió”.

“Aunque el año finalice con un déficit manejable en términos del acuerdo, el arrastre que dejan para 2020 las políticas de la actual gestión muestra algunos frentes problemáticos”, se advirtió en el informe. Y dieron un ejemplo de fin de ciclo.

“Si bien el reperfilamiento de la deuda de corto plazo descomprimió el programa financiero 2019”, dicen desde el ITE, “la posibilidad de que el FMI no desembolse los fondos programados y los problemas para renovar la deuda con privados hicieron que las vías de financiamiento vuelvan a cerrarse, y que tanto el Banco Central como la Ansés vuelvan a quedar en el centro de la escena como posibles financistas de última instancia”.

Rumbo al traspaso presidencial, la variable clave a seguir continúa siendo las reservas internacionales, creen desde el ITE: “La intervención del Banco Central en el mercado de cambios, los vencimientos de deuda y la caída de depósitos han llevado a las reservas del BCRA a una trayectoria preocupante. El menor ritmo de caída que han mostrado en las últimas semanas no es garantía de que la situación financiera esté completamente estabilizada”.

Después de tanta servidumbre desastrosa, el modelo M da certidumbres de estar agonizando aunque deje sus males vivitos y coleando. El “demonio populista”, otra vez, prepara el respirador.

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