Un mural con los nombres de once estudiantes del Normal N° 2 desaparecidas y asesinadas por la dictadura cívico militar se inauguró este lunes en el patio del secundario de esta escuela. Son los de María Susana Brocca, Liliana Marta Delfino, Estrella Augusta González, Rut González, Julia Natividad Huarque, María Teresa Latino, Graciela Elena Teresa Lo Tufo, María Amarú Luque, María Cristina Márquez, María Sol Pérez y Guillermina Elsa Carlota Santamaría.

“El nombre de cada desaparecida y asesinada es parte de nuestra identidad como escuela”, expresa la profesora Micaela Giuliano a modo de síntesis y metáfora al recorrer el trabajo colectivo y de memoria encarado por estudiantes, docentes y directivas de la escuela de Córdoba y Balcarce. 

La idea del mural es un paso más en una iniciativa que tiene su historia. 

El proyecto nace en 2017 –explica la profesora Giuliano–, en la materia Construcción de ciudadanía y participación, en la que las y los estudiantes comienzan a comparar los libros matrices, de inscripción de la escuela, con el Registro único de víctimas del terrorismo de Estado. El proyecto fue encarado en sus inicios por la profesora Beatriz Argiroffo y los profesores Leonardo Simonetta y Fernando Mut. Este último con el aporte de una investigación previa –Memoria Maestra– realizada para los 30 años del golpe. Luego se sumaron otras profesoras y directivas, entre ellas Sara Cristóbal, Laura Peluffo, Andrea Della Siega, Marta Dunster y la propia Giuliano.

 “Hay todo un proyecto en la escuela sobre derechos humanos, memoria e identidad. Son temas que abordamos desde diferentes ámbitos, pero éste lo inician estos profes”, precisa Giuliano, quien es docente de la materia Construcción de ciudadanía e identidad, pero actualmente enseña en el área de Ruedas de convivencia y es tutora del secundario.

A partir de lo que encuentran en ese seguimiento y cotejo de datos sobre las once estudiantes víctimas de la dictadura, desaparecidas o asesinadas, se contactan con diferentes organismos de DDHH para corroborar la información reunida. Luego se comunican con las familias, también a través de espacios como el Museo de la Memoria, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) e Hijos, entre otros. Después de casi dos años de trabajo, para el 24 de marzo de 2019, les entregan a los familiares “los legajos que había de las estudiantes, además de un reconocimiento porque nunca en la escuela se había hablado de las estudiantes desaparecidas y asesinadas” que habían pasado por las aulas del Normal 2. En los 70, esta escuela recibía sólo mujeres en sus aulas.

“Ese acto, en el que entregamos los legajos, fue muy conmovedor, muy fuerte, asistieron muchas familias”, comparte Micaela la emoción de aquel encuentro. Enseguida habla de algunas imágenes de ese día, en las que las familias de las víctimas se reencontraron por primera vez con marcas que eran presencias de las vidas de las jóvenes.

“Nunca había visto la firma de mi mamá”, le confió una de las asistentes al comenzar a leer los legajos de quien había sido su madre y no pudo conocer. O bien cómo una familiar que asistió al acto, y había sido profesora en el Normal 2, hasta entonces nunca había podido contar que tenía una hermana desaparecida de esa misma escuela en la que trabajaba. Su sobrino nieto, que también participaba de la actividad, se enteraba al mismo tiempo del porqué un silencio guardado en la familia.

El proyecto continuaba con la idea de instalar una placa o mural en el patio del secundario para el 24 de marzo de 2020. Pero llegó la pandemia y el tema de derechos humanos –como los demás espacios– se continuó de manera virtual. 

Mientras daban los últimos pasos en el diseño del mural, en marzo de este año decidieron sumarse a la campaña de Abuelas de Plantar memoria. Así, plantaron los nombres de las once estudiantes escritos en pañuelos que confeccionó la profesora de artística, Marta Dunster, y que se repartieron por las macetas instaladas en el patio del secundario. 

La propuesta de Abuelas fue enriquecida en el espacio educativo por un proyecto que abarcó a todo el nivel secundario y se trabajó en modalidad de taller. “Por una semana, que fue la del 24 de marzo, las y los profes de los diferentes espacios curriculares trabajaron aquellos contenidos que estaban prohibidos en la dictadura”, repasa la profesora. Y cita como ejemplo cómo en matemática se enseñaron en esa semana temas –como la teoría de conjuntos– anulados en los años de terror. O bien las normativas que regían y marcaban cómo debían asistir vestidos y presentados los alumnos y las alumnas en los secundarios. 

Como un encuentro

Mural Normal 2
El mural está ubicado en el patio del secundario de la Escuela Normal 2.

La artista plástica Cynthia Blaconá, con la colaboración de Jimena Rodríguez, diseñó el mural sobre una de las paredes ubicadas entre dos salones, en una de las galerías del secundario, y “bien visible”, tal como describe la profesora Giuliano al lugar elegido. 

El mural tiene una leyenda relativa a la construcción de la memoria y lleva los once nombres de las estudiantes víctimas del terrorismo de Estado, cada uno en un pañuelo que rodea el escrito. “En homenaje a exalumnas de nuestra escuela víctimas del terrorismo de Estado, quienes transitaron estas aulas anhelando la construcción de una sociedad más justa. Su recuerdo habitará por siempre en cada generación de estudiantes, construyendo nuestra memoria colectiva”, dice el mensaje.

Este lunes 18 fue la inauguración. Se eligió esta jornada por ser cercana al 22, fecha en que se conmemora el Día Nacional del Derecho a la Identidad. El día fue establecido en 2004 en homenaje a las Abuelas de Plaza de Mayo, que el 22 de octubre de 1977 iniciaron, junto a la búsqueda de sus hijas e hijos, la de las nietas y los nietos secuestrados.

El acto fue está pensado como un encuentro –tal como lo percibe y lo cuenta en su relato Micaela Giuliano– en el que estuvieron las y los estudiantes que empezaron con la búsqueda del registro (ahora ex alumnas y ex alumnos); las familias de las estudiantes desaparecidas, las y los estudiantes del turno tarde, además de hacerse extensiva la convocatoria al turno mañana. 

La profesora del secundario valora lo que deja como aprendizaje el proyecto sostenido. “Como docente me queda mucho del trabajo colectivo. No sólo con colegas sino con la institución, con las directivas que nos habilitaron a realizarlo: la directora en ese momento era Andrea Della Siega y la vice era Graciela Bisquert, quien actualmente es la directora del secundario. Además de las vicedirectoras actuales, Graciela Parapetti y Paula Sánchez. Nos ayudaron siempre y mucho en todo lo que hicimos, además de darle continuidad a este proyecto, que se abrió a sumar a quienes tenemos un compromiso con los derechos humanos”.

Y para las y los estudiantes –dice– representa un aprendizaje valioso que los moviliza mucho. En cada encuentro, actividad o clase por la memoria las chicas y los chicos vuelven con preguntas, con la inquietud de indagar. “Nos ha pasado de ir al Museo de la Memoria y ver el nombre de algún familiar escrito o apellido que les resuene, que pregunten y quieran saber más”, comenta la docente sobre las puntas que abre el trabajo de hacer memoria en la escuela.

En la mirada de la educadora, la riqueza de la iniciativa está también “en haber hecho visible algo horrible de nuestra historia”, y convertirlo en parte de la memoria colectiva. Pero a la vez recomponer algo del espacio educativo que nos falta, porque “el nombre de cada desaparecida y asesinada es parte de nuestra identidad como escuela”.

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