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El año que viene se cumplirán 50 años de la creación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, más conocida por su sigla Ctera. Desde mucho antes, ese camino fundacional se fue haciendo con las maestras que renegaban de ser la “segunda mamá” o de dar clases solo para cumplir con un deseo vocacional, sin mucho más que pedir.

No fueron pocos los debates y luchas dadas para que las docentes llegaran a asumirse como trabajadoras de la educación. De hecho, aún hay quienes reniegan de esa condición de clase, como si eso implicara mantenerse algo así como inmaculadas en el aula, ajustadas a la idea de que “aquí se viene a enseñar y nada más”.

A propósito de estas luchas y de historias sobre el oficio de educar, mucho hay por leer en los cinco tomos de Maestras Argentinas (y Maestros y Maestres). También para aprender de esas lecturas y reconocerse en una memoria colectiva y común.

Desde que la docencia se asume en su condición de integrante de la clase trabajadora, aspirar a tener un salario digno, que alcance para vivir con esa misma condición de dignidad, es una premisa irrenunciable. Con el tiempo, los movimientos feministas se encargaron de reafirmar lo que ya era una convicción, afianzando la mirada de género.

Estas afirmaciones no son nada novedosas. Sin embargo, a veces parecen olvidarse, otras subestimarse y hasta están quienes atentan contra estos principios. Lo que hizo Mauricio Macri en sus cuatro años de gobierno, lo que hace ahora el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, castigando sistemáticamente al magisterio, y en especial a sus sindicatos, son ejemplos de esto último.

Las discusiones paritarias inauguradas ya cuentan con bastante ejercicio para entender que las diferencias y los acuerdos no son de un día para otro. También que no se puede esperar a estar a ocho días hábiles de la fecha fijada para el inicio de clases para llamar a la primera mesa de negociaciones, y encima no hacer ninguna oferta salarial.

Una de las resoluciones de esta primera reunión es la de conformar “comisiones técnicas” para analizar temas clave como salarios, cuestiones relativas a las condiciones laborales y sanitarias ¿Había que esperar hasta el 16 de febrero para formar estas comisiones?

Todo el tiempo que se la consultó desde los medios a la ministra Adriana Cantero por el inicio de la paritaria, la respuesta era pateada para adelante argumentando que “había tiempo para discutir”, excusándose en la paritaria nacional. Y si bien es cierto que el Ministerio de Educación de la Nación aún no ha propuesto un piso salarial de referencia federal, en cambio le reconoce un lugar de privilegio a los sindicatos del magisterio cuando discute, por ejemplo, la formación docente.

Mal comienzo el de 2022 para garantizar la presencialidad plena. El diálogo no es algo que surge por decreto, ni se escribe por las redes y vocifera por los medios al estilo Cambiemos. Se construye. Difícil de entender cuando la soberbia gobierna.

 

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