Mientras su pareja le dice que exagera, una mujer se tira cuerpo a tierra en el living de su departamento al grito de “¡Vos porque sos pelado!”. Cómo sacar a un murciélago es el cuento que le pone título al libro que a principios de este año publicó Luciano Redigonda con Casagrande Editorial. El relato en cuestión transcurre en el centro de Rosario y gira alrededor de la enorme colonia de murciélagos que habita el altillo de la Facultad de Derecho desde hace más de 100 años, un sitio de interés científico que Redigonda utiliza como abono para esta truculenta historia. La misma operación de colocar a la ciudad como protagonista y no solamente como escenario –al menos a sus sitios emblemáticos– se lleva a cabo en El Palacio. En este cuento, a partir de una visita al edificio neocolonial de la esquina de Corrientes y San Luis, en el que funciona una gran tienda polirubro (La esquina de la Oportunidad), el autor explora la miseria aspiracional de las clases medias al mismo tiempo que en la trama cunde la desesperación. Si El Palacio tuviera una moraleja, sería que los prejuicios que alimentamos orgullosamente se terminan burlando de nosotros de maneras insólitas. 

El abogado o el médico del pueblo podrán tener influencia sobre la vida común de los habitantes pero en el relato Circo en casa, esto no es suficiente para apaciguar el deseo de una ama de casa que un buen día, tras el encuentro inesperado con un enano de jardín, decide cambiar algunas cosas que van contra las monótonas costumbres del lugar. La ley de compensación kármica es muy severa en las historias de Redigonda, por ejemplo, en Salita Roja ¿cuánto mal seríamos capaces de hacer para salvar a los nuestros, o a nosotros mismos? Kringer narra la misteriosa muerte de un gato medio salvaje y callejero, pero de familia, que perturba las relaciones entre vecinos. Presa de pollo pone en tema el acoso de las abuelitas con la comida. Al lado de este relato, Hansel y Gretel ¡es un poroto! 

Una maldición se cierne en una casona del centro en La cara blanca. Danzas ancestrales de la amazonia, chicos lindos con rastas y cerveza caliente puede ser una combinación fatal en este relato que empieza como parodia de las fiestas del tipo universitarias y termina como tragedia. Con este cuento algún lector o lectora podría figurarse a The spirit of the harvest moon (o Jorge Santos en español), el espectro que aparece en Coraje, el perro cobarde

Por último, un peligro hipermoderno acecha a la nueva generación gamer en Estática, allí se narra la pérdida de un hijo en los confines de la realidad virtual: “Internet es más grande que el mundo, si uno quiere, se puede perder”, advierte uno de los personajes de este relato distópico que transcurre en una de las clásicas galerías comerciales del microcentro rosarino.  

En la contratapa, Leo Oyola dice que en este compendio de cuentos, Redigonda “da flor de recital encarando con mucho humor y rocanrol el terror y la locura”, y desde esta columna acordamos en casi todo: el humor de Redigonda siempre está rozando el delirio y lo pesadillesco, dándole tremenda rosca a los mitos urbanos y los terrores domésticos, como reverso de la realidad. Como dice Luca, “a los murciélagos no les importa Batman!”, les basta con asomarse a una ventana para que empiece una buena y terrible historia. 

En suma, los cuentos reunidos en este libro son ficciones narradas con desenfado, y emulan con total naturalidad y eficacia el habla y las acciones de personajes comunes que son arrastrados y transformados por desenlaces terribles. 

Redigonda es realizador audiovisual, guionista de diversos programas televisivos y cortometrajes, y escribió varios ensayos sobre cine. Cómo sacar a un murciélago es su primer libro, con el que se acomoda en el género del cuento, en la tradición del fantástico y el terror. 

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