La Colombia violenta y desigual que reciben Gustavo Petro y Francia Márquez es el resultado de décadas de sumisión ante las políticas dictadas por EEUU. Una profunda purga de las fuerzas de seguridad es apenas uno de los tantos desafíos que deberán enfrentar.

La Plaza de Bolívar de Bogotá se encontró abarrotada este histórico domingo 7 de agosto. Ese día puede llegar a significar un quiebre profundo en Colombia: la posibilidad de construir algo distinto tras décadas de neoliberalismo, terrorismo de estado, violencia paraestatal e inequidad social. La Colombia devastada que encuentran Gustavo Petro y Francia Márquez es el resultado más tangible, obvio, directo (y por eso escondido por los medios hegemónicos) de haber aplicado a pie juntilla las políticas dictadas por EEUU en materia de seguridad y economía, por solo nombrar dos áreas clave.   

El mandatario caminó desde la Cancillería hacia el Palacio de Nariño sin alfombra roja, con una guardia indígena, y con una fuerte presencia de movimientos sociales y militantes. 

Fueron muchos los símbolos y gestos que apuntan a lo nuevo, a la esperanza y a la necesidad de cambios profundos.

Petro recibió la banda presidencial y la espada de Bolívar de manos de la senadora María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, ex guerrillero del M-19, asesinado en 1990 cuando era candidato presidencial. Luego de prestar juramento y recibir la espada, se dirigió a la multitud haciendo referencia, y complementando en forma muy significativa, la frase final de la novela de Gabriel García Márquez Cien años de soledad. “Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”, escribió el Premio Nobel.

“Hoy empieza nuestra segunda oportunidad”, señaló Petro dejando claro que no considera a Colombia una estirpe condenada para siempre a padecer los horrores que viene padeciendo.

Los símbolos no son suficientes

Y como los símbolos, los gestos y las buenas intenciones no son suficientes para torcerles el brazo a los poderes fácticos que perdieron las elecciones pero conservan buena cuota de poder, el flamante mandatario apuntó en su discurso a uno de los problemas más graves y difíciles de resolver: la violencia, la autonomización de las fuerzas de seguridad y la injerencia de EEUU: “La guerra contra las drogas ha llevado a los Estados a cometer crímenes y ha evaporado el horizonte de la democracia. ¿Vamos a esperar que otro millón de latinoamericanos caigan asesinados y que se eleven a 200.000 los muertos por sobredosis en Estados Unidos cada año? O más bien, cambiamos el fracaso por un éxito que permita que Colombia y Latinoamérica puedan vivir en paz”, señaló antes de mencionar otro de sus enormes desafíos: la desigualdad. 

“Que la igualdad sea posible. El 10 por ciento de la población colombiana tiene el 70 por ciento de la riqueza. Es un despropósito y una amoralidad. No naturalicemos la desigualdad y la pobreza. No miremos para otro lado, no seamos cómplices. Con voluntad, políticas de redistribución y un programa de justicia vamos a hacer una Colombia más igualitaria y con más oportunidades para todos y todas. La igualdad es posible si somos capaces de crear riqueza para todos y todas, y si somos capaces de distribuirla más justamente. Por eso proponemos una economía basada en la producción, el trabajo y el conocimiento. Y es por ello por lo que proponemos una reforma tributaria que genere justicia”, agregó Petro haciendo referencia a lo que será una de sus primeras iniciativas. Sin un esquema tributario más justo el Estado colombiano carecerá de los fondos necesarios para cumplir su tarea.

Impuestos, educación, salud, jubilaciones

El flamante mandatario habló de llevar una parte de la riqueza de las personas que más tienen y más ganan, para abrirle las puertas de la educación a toda la niñez y la juventud. “Esto no debe ser mirado como un castigo o un sacrificio. Es simplemente el pago solidario que alguien afortunado hace a una sociedad que le permite y le garantiza la fortuna. Si somos capaces de llevar una parte de la riqueza que se crea, a los niños y niñas desnutridas a través de algo tan simple como pagar los impuestos de ley, seremos más justos y estaremos más en paz”, agregó el presidente de Colombia.

“No es un asunto sólo de caridad, es un asunto de solidaridad humana. La solidaridad es lo que ha permitido que los pueblos sobrevivan y logren las máximas conquistas de la cultura y de la civilización. No hemos avanzado como humanidad compitiendo, lo hemos hecho ayudándonos. Por eso estamos vivos en este planeta. Seremos iguales cuando el que más tiene al pagar sus impuestos lo haga con gusto, con orgullo, sabedor que ayudará a su prójimo niño, niña, bebé, joven, mujer, a crecer sano, a pensar, a vivir con la plenitud que da la nutrición y la educación del cerebro y del alma. La solidaridad está en el impuesto que paga el que puede pagarlo y en el gasto del Estado que va a quienes lo necesitan por su infancia, por su juventud, por su vejez”, agregó, antes de anunciar que también pondrá en marcha reformas en educación, salud, jubilaciones, contratos laborales, infraestructura.

Hasta que la dignidad se haga costumbre

Por su parte, al prestar juramento, la vicepresidenta hizo referencia a los pueblos originarios. Juró por Dios y por el pueblo para “cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”, y después agregó: “También juro ante mis ancestros y ancestras, hasta que la dignidad se haga costumbre”.

El sábado 6 los flamantes gobernantes fueron bendecidos por los sacerdotes nativos e investidos con el poder popular en el parque Tercer Milenio. En esa ocasión Márquez señaló que deberán enfrentar a la “élite más peligrosa de la región”, e insistió en la necesidad de alcanzar un “Gran Acuerdo Nacional” para trabajar sobre el respeto a la vida y por la paz.

“Este camino no empezó en una campaña electoral, este camino empezó en la resistencia de los pueblos, resistencia que se ha mantenido en más de 500 años, que a muchos les ha costado la vida, que a muchos les ha costado el exilio y que a muchas mujeres nos ha costado casi todo”, agregó la vicepresidenta. 

“Mis tareas son a partir de la delegación que haga el presidente. Lo que yo puedo hacer en este gobierno está en las funciones que me delegue el presidente y por supuesto mi voz, mis funciones estarán ahí”, aseguró Márquez.

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