Los precios al consumidor subieron 6 por ciento al calor del primer mes del año, según datos publicados por el Indec justo en el Día de los Enamorados (de las remarcaciones). “Preocupante…”, podría haber titulado la mala noticia a su estilo el diario Ámbito Financiero. El índice interanual, enero contra enero, es decir los últimos doce meses, acumula 98,8 por ciento y le sopla la nuca a los tres dígitos. Vale recordar que 2022 totalizó una inflación de casi 95 por ciento, el nivel más alto de los últimos treinta años.

El número de enero muestra una acelerada con respecto a noviembre y diciembre del año pasado, que dieron 4,9 y 5,1 por ciento, respectivamente. El ministro de Economía Sergio Massa aspiraba a una tregua, para ir hacia un horizonte del 3 o 4 por ciento mensual a partir de abril, aunque el frenazo tan ansiado a la tendencia alcista de los precios parece, por estos días, una quimera. La inflación está embalada en tiempos preelectorales, mientras los salarios reales caen en picada desde hace cinco años, de acuerdo a estadísticas oficiales.

Los principales aumentos se dieron en recreación y cultura (9 por ciento), atado a la incidencia que tuvo el aumento de los servicios de turismo en plena temporada de vacaciones, con fuertes subas en alquileres, hoteles y restaurantes. Continuó el ítem vivienda (8), suba impulsada en gran parte por el alza de las tarifas de servicios públicos que habilitó el Estado con la quita de subsidios a la luz, gas y agua. El incremento mensual de los combustibles, en el orden del 4 por ciento, también acelera la inflación.

Otro rubro que tiró para arriba el IPC fue comunicación (8 por ciento), ligado a los aumentos en servicios de telefonía e internet, donde empresas con posición dominante, como el Grupo Clarín, se imponen a las decisiones del gobierno de regular tarifas. La división con menor alza mensual fue educación (1,1), pero ya estamos en la previa al inicio del ciclo escolar. Alimentos y bebidas, el rubro más determinante, con marcada suba en frutas y verduras, aportó la mayor incidencia sobre la variación de enero en todas las regiones del país.

En el primer mes del año el aumento en el rubro alimentos y bebidas fue de 6,8 por ciento, por encima del nivel general. “Los principales productos que impulsaron los precios en enero (y lo harán en febrero) no se encuentran dentro del programa Precios Justos (frutas y verduras, en enero, y carne, en febrero). Los productos que están dentro del programa mostraron en los grandes supermercados una evolución en línea con el acuerdo (4), pero superaron ese guarismo en mercados y bocas de expendio de cercanía”, analizaron desde el Centro de Economía Política de la Argentina (Cepa).

Los precios están en llamas desde mediados del gobierno de Mauricio Macri, que hacia el final de su mandato había duplicado el índice inflacionario. Luego, desatada la pandemia, el indicador se apaciguó, pero en 2021 volvió a dispararse, con grandes compañías formadoras de precios que vienen cebadas desde el macrismo quedándose con la recuperación pos peste, tal como había alertado CFK a fines de 2020, cuando corría el primer año de gobierno del Frente de Todos y la coalición empezaba a manifestar en público y a cielo abierto sus diferencias por el rumbo económico. Una interna que se exacerbó con la derrota oficialista en las elecciones de medio término y tras el polémico acuerdo con el FMI para tratar de levantar el muerto que dejó Cambiemos.

Poco después de conocerse el primer dato del año de inflación, el viceministro de Economía Gabriel Rubinstein se mostró confiado en alcanzar “hacia fin de año” un número en torno al 3 por ciento. Primero la expectativa oficial del 3 adelante estuvo puesta para abril, aunque ya se corrió para el ocaso de 2023. “En el registro de enero tenemos fuertes subas en: a) frutas y verduras (por factores estacionales y climáticos); b) algunos rubros regulados (colectivos, gas, agua, tabaco, cable, medicina prepaga); c) servicios de turismo (por vacaciones)”, describió el funcionario.

“Los fundamentos macro (fiscales, monetarios y cambiarios), son consistentes con un IPC del 4 por ciento o menos. Los acuerdos de precios, que registran un elevado grado de cumplimiento, nos permitirán seguir combatiendo los altos factores inerciales presentes. Seguimos trabajando desde la macro y desde la micro, para que la inflación baje significativamente, y esperamos que, hacia fines de año, el IPC se acerque al 3 por ciento, con una inflación en el año rondando el 60 por ciento”, tuiteó Rubinstein.

En el Presupuesto 2023, el gobierno estimó una inflación anual del 60 por ciento. Algunas primeras paritarias del año usaron ese guarismo de faro en la negociación salarial. En tanto, consultoras privadas, según el relevamiento de expectativas que hace el Banco Central, proyectan un índice por encima del 90 por ciento, más parecido al de 2022.

Conocida la inflación de enero, desde el Centro de Investigación Fundar, contextualizan: “En catorce de los últimos dieciséis años, Argentina estuvo en el top ten de países con inflación interanual más alta del mundo. Durante ese período, el crecimiento económico del país dejó mucho que desear. Incluso después de la recuperación pos pandemia, en 2021 los argentinos fuimos, en promedio, un 13 por ciento más pobres que en 2011. Con una inflación de estos niveles no es posible pensar en un crecimiento sostenible, en mejorar la distribución del ingreso ni en reducir la pobreza”.

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El índice de enero fue del 6%, según datos aportados por el Indec.

Reactivar el consumo

La economía argentina está condicionada por el acuerdo con el FMI, que es inflacionario. El Fondo pide que el Ejecutivo avance con la eliminación de subsidios para cumplir con las metas de ajuste fiscal, aunque estas medidas impactan al alza en la inflación. “Si bien se cumplieron las metas con el FMI, aun así no se muestra que el problema de la inflación sea monetario ni fiscal”, señaló el economista Ernesto Mattos.

Para el director del Instituto para el Desarrollo Productivo y la Innovación de la Universidad Nacional de José C. Paz, hay que “analizar qué pasa dentro de la cadena de valor, cómo está concentrada la producción y los niveles de exportación”. Y advirtió sobre una histórica tensión: “Nuestros principales productos de exportación tienen que ver con la mesa de los argentinos”.

En declaraciones formuladas a Radio Nacional, el docente mencionó el efecto negativo que tiene la sequía “que viene desde 2020 y 2021”, así como la falta de agua y los incendios que “afectan a la producción”. Explicó, además, que a la par “el salario debe estar más en sintonía con el poder compra”, mientras el Estado debe ejercer “mayor control de precios para que se cumplan los acuerdos, y desde el lado empresario se necesita mayor compromiso”.

Las gigantes alimenticias como Mastellone (La Serenísima), Arcor o Molinos Río de la Plata acumulan, de acuerdo a los últimos balances, ganancias extraordinarias gracias a los abusos monopólicos. Son los dueños de la comida, los que se quedan con tus refuerzos de ingresos ¡Así, no!, diría Mirtha Legrand.

“La única forma de reactivar la economía es a través del consumo”, aseguró Mattos, y para ello se necesita “un buen nivel de salarios y estabilidad de precios”.

Inflación a la parrilla

El gobierno busca contener la suba de la inflación con políticas de precios acordadas con grandes empresas. Estas políticas ayudan pero encuentran sus límites y no alcanzan para calmar a las fieras especuladoras. Como se indicó más arriba, el programa Precios Justos, que permite una pauta de incremento de los productos que lo componen de 3,2 por ciento mensual hasta junio, rige en grandes centros de compra y no en comercios barriales, donde en general compran los sectores de menores ingresos.

Un día antes de que el Indec informe la inflación de enero, con el número puesto y elevado, Massa presentó Precios Justos Carne. También se espera una iniciativa similar con verduras y frutas, además de otros convenios sectoriales, de acuerdo a información periodística.

“Para enfrentar la situación, el gobierno anunció una serie de medidas vinculadas a la venta y producción de carne, como mejorar la oferta de animales, devoluciones del 10 por ciento del valor de compra a consumidores y beneficios fiscales para carnicerías”, resumieron desde el Cepa.

La potente suba en los precios de la carne vacuna que se vende en carnicerías y supermercados, como también la vaca en pie que se comercializa en el Mercado de Hacienda, se reflejará en el índice inflacionario de febrero, que se anticipa también alto. Entre las medidas orientadas a los consumidores, el Precios Justos Carne abarca siete cortes populares con valores de referencia que varían entre 1.000 y 1.400 pesos por kilo. Se consiguen en los grandes súper.

El precio de la carne tiene incidencia en la vida familiar. El alimento base en la dieta de los argentinos representa una cuestión cultural. Su ingesta promedio viene bajando por los precios exorbitantes. El gobierno busca garantizar los mercados de exportación para la carne argentina, pero debe hacer cumplir el abastecimiento necesario para el mercado interno y a valores accesibles para todo el que apetezca comerse un asadito.

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Aseguran que el fuerte aumento del precio de la carne presionará la medición de febrero.

Ingresos y distribución

La inflación salvaje tiene dos caras, como la luna: los precios altísimos y la contracción en la capacidad adquisitiva de ingresos y salarios, que vienen por la escalera. El último informe de coyuntura del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma reveló que pese a la recuperación económica de los últimos dos años, aunque el ritmo de actividad empiece a enfriarse, los trabajadores sufrieron una notoria pérdida salarial.

“La economía nacional produce un poco más que hace siete años con salarios que perdieron una cuarta parte de su poder adquisitivo”, comparó Luis Campos, coordinador del Observatorio. “Los asalariados no registrados son a los que peor les fue. A pesar de una caída en el desempleo se registra un incremento de la pobreza y la indigencia. La recuperación económica pos pandemia fue acompañada por un crecimiento del empleo formal: lleva 23 meses consecutivos de aumento. Sin embargo, el sector más dinámico sigue siendo el empleo por cuenta propia (monotributistas)”, comentó.

“No es sorpresivo que se deteriore la distribución funcional del ingreso. La porción del valor agregado que se apropian los trabajadores viene cayendo sistemáticamente. Lo contrario pasa con el excedente”, señaló el economista, y, en un hilo de Twitter, añadió: “El Estado tampoco ayuda mucho. Las herramientas en las que tiene una incidencia directa (salario mínimo, jubilaciones, asignaciones familiares) vienen perdiendo feo contra la inflación”.

Campos siguió con datos estadísticos que sintetizan el complicado panorama de los ingresos: “El salario mínimo, vital y móvil perdió contra la inflación en seis de los últimos siete años. En diciembre de 2022 estaba un 8,3 por ciento por debajo de diciembre de 2019 y un 30,5 debajo de diciembre de 2015. Los haberes jubilatorios en 2022 fueron un 9,3 por ciento más bajos que en 2019 y un 27,4 por ciento inferiores a los de 2015. Quienes cobran la mínima tuvieron una compensación con los bonos discrecionales que tienen que ser cada vez más altos para empatarle a la inflación”.

Por otro lado, el economista rosarino Esteban Guida dijo que es necesario poner de relieve una cuestión más profunda donde se enmarca la problemática de la inflación, y tiene que ver con un proyecto de país y su patrón distributivo, que en la actualidad es desfavorable para las mayorías.

“La economía no tiene un criterio político de ordenamiento. Si se tuviese conciencia de la demanda de recursos, de las necesidades concretas, la economía se iría ordenando. Argentina tiene la capacidad de generar riqueza y orientarla. Sin embargo, el uso y la gestión de esa riqueza no está orientada a cubrir esas necesidades”, sostuvo el analista de la Fundación Pueblos del Sur en declaraciones al programa Poné la Pava, de Radio Rebelde.

Para rematar: “Los números, a veces, son superficiales. Lo cierto es que hoy la dirigencia política, tanto oficialista como opositora, no presenta ni explicita una propuesta seria y de fondo que nos convenga a todos los argentinos”.

Fuente: El Eslabón

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