Del 73, libro que recupera la historia de la Juventud Universitaria Peronista en la vieja Facultad de Filosofía de Rosario, se presentó este lunes en el marco de los 50 años del Golpe. Los centros de estudiantes y el papel de las mujeres.

En 1973, tras años de dictaduras y casi dos décadas de proscripción del peronismo, el clima político de la Argentina atravesaba un período de grandes transformaciones. La recuperación de la democracia, con la asunción de Héctor Cámpora y la posibilidad del ansiado retorno de Juan Domingo Perón, abría un escenario de intensa participación. En ese contexto, las casas de altos estudios se convirtieron en uno de los principales territorios de debate y militancia. En Rosario, la Juventud Universitaria Peronista (JUP) comenzaba a ganar presencia –particularmente en la por entonces Facultad de Filosofía (hoy Humanidades y Artes) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR)– dentro del movimiento estudiantil que había sido profundamente marcado por las luchas contra el golpe del 66 y por las protestas que desembocaron en el Rosariazo de 1969.

“Hace unos cuantos años creamos, con un grupo de compañeros y compañeras, un centro de estudios sobre la historia de la Facultad y uno de los ejes del trabajo fue darnos a la tarea de tratar de visibilizar las trayectorias de los compañeros y compañeras que fueron víctimas del terrorismo de Estado en la institución”, repasa Agostina Razzetti Koller quien, junto a María Cristina Pérez y Santiago Montes, fue una de las encargadas de compilar Del 73: Memorias de la militancia peronista en la Facultad de Filosofía de Rosario, libro que fue presentado el este lunes 16 en el Salón de Actos de la Facultad de Humanidades y Artes (Entre Ríos 758).

“A partir de ahí –continúa Agostina– también empezamos a trabajar en otras líneas como por ejemplo la historización de lo que fue un acto que se hizo en junio de 1973 en homenaje a los sobrevivientes de las cárceles de la penúltima dictadura (la autoproclamada “Revolución Argentina” que gobernó el país entre 1966 y 1973 bajo las presidencias de facto de Juan Carlos Onganía, Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse). En ese derrotero recabamos un conjunto de testimonios importantes y empezamos a darnos cuenta de que no había nada escrito sobre la historia de la Juventud Universitaria Peronista en la UNR ni mucho menos en nuestra facultad en particular, salvo alguna que otra mención en artículos que abordaban temas más amplios, y eso nos fue llevando a la idea de concebir este libro que no se concibe como un punto final sino como un punto de partida de un trabajo que todavía está en proceso”.

Un movimiento estudiantil en efervescencia

Fundada en 1947 como Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, la casa de altos estudios que hoy conocemos como Facultad de Humanidades y Artes tuvo desde sus orígenes una larga tradición intelectual y política. “Lo que fuimos encontrando en esa búsqueda –señala Razzetti Koller– es un proceso de mucha perseverancia y participación política, pero también vemos cómo ese proceso en realidad termina siendo muy breve por la acción de los grupos paraestatales que comienzan a operar y cómo los compañeros comienzan a ser víctimas de atentados, persecuciones. Y también en ese contexto podemos dar cuenta, a partir de los testimonios, de lo que ya estaba siendo todo el accionar de la Triple A desde el año 73 mismo, aunque con más fuerza en el año 74, cuando ya empiezan a aparecer amenazas, llamadas telefónicas que anunciaban bombas que nunca explotaban pero que apuntaban a que la facultad fuera clausurada. Eso también tiene mucho que ver con la historia de nuestra facultad que fue una de las más golpeadas por el terrorismo de Estado en el ámbito de la Universidad Nacional de Rosario, teniendo una nómina muy larga, muy extensa, de más de 100 personas que fueron asesinadas y desaparecidas en ese contexto”.

En esa ardua pero más que necesaria tarea de recabar testimonios, los compiladores de Del 73 se encontraron con “compañeros que sobrevivieron a todo lo que fue el terrorismo de Estado y que tienen muchos recuerdos, historias para compartir”, repasa Agostina, y detalla: “Si bien la mayoría de quienes realizamos las entrevistas y nos pusimos a trabajar en el libro somos docentes jóvenes, graduados o estudiantes avanzados sobre todo de la carrera de Historia, fuimos viendo que había referentes de lo que había sido la JUP en las distintas carreras de la Facultad. De hecho, hay algunas carreras que todavía no tenemos referentes entrevistados, por eso decimos que es un trabajo inconcluso, un punto de partida. Los entrevistados nos narraron lo que fue la experiencia militante de ellos en la Facultad, cómo se organizó la agrupación y la dimensión que esa agrupación adquirió rápidamente porque se transformó en una agrupación muy masiva. También pudimos historizar lo que fue la militancia que llevó, en el año 74, a que la JUP ganara el Centro de Estudiantes de nuestra Facultad”.

Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario

Vale la pena recordar que tras el golpe del 66 y el primer Rosariazo, durante ese período se consolidaron agrupaciones reformistas, especialmente el Movimiento Nacional Reformista (MNR), que mantuvo una fuerte hegemonía en la universidad local durante toda la década. 

Sin embargo, hacia comienzos de los setenta comenzó a crecer una nueva corriente política que no se limitaba al ámbito académico ya que muchos estudiantes desarrollaban trabajo social y político en barrios populares: alfabetización, actividades culturales y organización comunitaria. Tras el triunfo electoral del peronismo en marzo de 1973, se generó una expectativa particular dentro del movimiento estudiantil peronista con la idea de construir una universidad nacional y popular. “Recordemos que en el año 73, la JUP de nuestra Facultad, y entiendo que en el ámbito de Rosario en general, decide no presentarse a las elecciones para disputar los Centros de Estudiantes”, repasa Koller, y argumenta: “Por un lado estaban muy abocados a la militancia en el marco de la campaña que llevó a Perón a la Presidencia y estaban muy comprometidos con otras cuestiones. La JUP tenía una concepción de que en los Centros de Estudiantes, que estaban monopolizados por sectores afines al Reformismo, se hacía un trabajo más de tipo asistencialista, como de cuestiones que tienen que ver con el día a día del estudiante en la burocracia de la facultad, garantizar apuntes y ese tipo de cuestiones. Y ellos estaban más interesados en discutir política, en discutir lo nacional, en pensarse en un proyecto de país más amplio que no tenía que ver sólo con las universidades y que, justamente, ponía a la universidad al servicio de los intereses nacionales. Así que pudimos historizar también lo que fue la llegada de la JUP a la presidencia del Centro de Estudiantes de nuestra facultad que se logra en octubre de 1974”.

Respecto del papel de las mujeres en la militancia de aquellos años, ante una nueva contundente y multitudinaria marcha del 8M, Agostina refiere: “Encontramos que, como en cualquier espacio político de aquel contexto, por supuesto había cierta preponderancia de los varones pero no era una preponderancia absoluta o que de alguna manera relegara a las mujeres siempre a un segundo plano. Por ejemplo, si bien quien llega a la presidencia del Centro de Estudiantes en el 74 era un compañero varón también vemos el rol de las mujeres en niveles de responsabilidad muy altos, incluso no sólo a nivel Rosario, sino también a nivel provincial y nacional. A través de los testimonios recogidos sabemos que hubo una participación muy marcada de las mujeres y sobre todo teniendo en cuenta que nuestra facultad, la Facultad de Humanidades y Artes que en aquel contexto se llamaba Facultad de Filosofía, ya desde su origen nace muy feminizada. Las carreras que se estudian por lo general atraen a más mujeres que a hombres, la tasa femenina es mucho más alta, por lo tanto también eso se ve reflejado en que había muchas compañeras militantes que ocuparon lugares muy importantes de responsabilidad. La participación de las mujeres es notoria en ese sentido”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 14/3/26

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