Un hilo de Twitter con una propuesta inviable desencadenó una cascada de comentarios que fluyó veloz como por tobogán acuático, embarrando y enriqueciendo el debate sobre los usos del Paraná y sus orillas.

“¿Y si en vez de poner piletones plásticos a la vera del Paraná hacemos una playa para quienes vivimos lejos de zona norte?”, así empieza un tuit de fines de abril, lanzado el mismo día en que se difundió el proyecto del parque acuático en La Florida. La publicación realizada en la red social X continúa así: “El sector ocioso entre Chacabuco y Pellegrini se rellena con escombros de demoliciones y arena. Bares, guardería de kayaks y lanchas que te llevan a las islas”.

El mensaje redactado dentro del límite de 280 caracteres que establece la plataforma estaba ilustrado con una captura de GoogleMaps del área descrita, modificada digitalmente con el agregado de arena y detalles balnearios, todo realizado a mano –con mouse–, mediante la clonación de píxeles de otra captura de la zona norte de Rosario y sin utilizar inteligencia artificial. La idea, según el autor del tuit, no era hacer algo de pretensiones realistas como se suele hacer con la IA generativa, o con los renders –esa suerte de “maqueta digital” que acompaña los proyectos arquitectónicos– sino abrir una discusión sobre el uso del espacio público en la ciudad.

Las devoluciones no se hicieron esperar, algunas apuntaban al bardeo antes que al intercambio de ideas, porque así funciona esta red social que se caracteriza por ser rápida y furiosa. “No entendés nada”, “es una boludez lo que estás planteando”, “cualquier gil opina acá”, fueron algunas de las respuestas en un tuit que tuvo más de 15 mil visualizaciones, lo cual es todo un récord para una cuenta que no se caracteriza por tener gran alcance. Cuanto más movimiento tiene un posteo más se presta al intercambio verbal violento, así fue que el lenguaje soez y la descalificación gratuita se hicieron presentes a medida que la conversación se extendía.

El mismo tuit también cosechó respuestas que argumentaron más amistosamente la inviabilidad de la propuesta. “Una zona que es totalmente barranca, y debe tener miles de desechos ahí abajo justamente por ser zona portuaria, medio complicado, por más arena que tires te lo come el río en dos patadas”, respondió un usuario mientras otro detalló que “los 15 metros de profundidad y la correntada de 4 nudos” en ese sector del río hacen imposible el establecimiento de un balneario allí en barrio Martin.

Pese a su nula factibilidad la propuesta despertó cuotas de entusiasmo, con varios retuits y corazoncitos, lo que se dice un tuitazo para una cuenta ignota. La iniciativa contemplaba la posibilidad de cruzar la avenida Belgrano en ojotas, el proyecto prometía descomprimir la zona norte durante el verano, ampliando la oferta turística y el acceso al río a más habitantes de la región. Una idea delirante, impracticable, una auténtica boludez, pero el objetivo del ignoto tuitero –que no es otro que quien redacta estas líneas– fue abrir el debate más allá de los esperables improperios.

Paraná para quién

El río es una red social ancestral que a diferencia de las plataformas digitales –como X, Instagram o Facebook–, no pertenece a nadie en particular. Es patrimonio argentino y sudamericano. Fluye, lleva y trae, genera comunidad en sus orillas y produce una inmensa riqueza cultural. Junto a las costumbres litoraleñas tradicionales conviven más o menos en armonía las tribus urbanas que hacen del río su espacio de encuentro y realización. Pescadores, nadadores, kayakistas, una diversidad de deportistas acuáticos y timoneles de embarcaciones de todo tipo, el paisaje se completa con eventuales bañistas de aguas marrones y quienes disfrutan del mate con los pies en la arena.

Internet en sus orígenes civiles –cuando dejó de ser de uso exclusivo militar o estrictamente académico– supo ser un territorio más o menos libre y relativamente accesible para quienes se aventuraban a recorrer sus páginas. Por entonces la metáfora era náutica, los “internautas” usaban navegadores para sondear el mundo virtual. Luego llegaron las plataformas y los smartphones, que ampliaron el acceso a la red de redes a la vez que la parcelaron en plataformas de captación conductual, es decir cotos de caza de potenciales consumidores.

Los cercamientos –o enclosures– son movimientos de clausura sobre los bienes comunes, como aquellos que dieron origen al capitalismo europeo en el siglo XV, donde las tierras comunales fueron convertidas en propiedad privada. El cercamiento es una antigua costumbre del propietariado y está más presente que nunca en la etapa neoliberal contemporánea, donde saberes milenarios se clausuran con patentes y fragmentos de la cultura popular se privatizan a través del copyright.

La piletización de La Florida, además de generar el desastre que denuncian las organizaciones ambientalistas, se enmarca dentro de la nueva ola de cercamientos que se cierne sobre los bienes comunes. Podemos encontrar una de sus expresiones más brutales en el intelectual libertariano Bertie Benegas Lynch, quien propuso privatizar el mar para salvar a las ballenas de su inminente extinción.

La conversión del Paraná en hidrovía, con la profundización del dragado a 44 pies –unos 13 metros más– para facilitar el paso de buques de gran calado es parte de la misma angurria capitalista, donde las multinacionales exportadoras manejan el río sin dejar beneficios económicos significativos a la región mientras depredan el humedal.

Playa sí, pileta no

Entre los aportes recolectados por el posteo que derivó en este artículo hay algunos datos relevantes. No se pretende aquí ningún rigor estadístico sino una vaga aproximación al clima en el que surge este proyecto anfibio que recuerda a las piletas pintadas de un ex alcalde porteño.

El parque acuático puede ser emplazado en cualquier otro sitio, uno de ellos puede ser –estudio de factibilidad mediante– la ex zona franca boliviana: “Rosario tiene que poner en valor desde el deck del Náutico hasta la escuela de Prefectura”, comentó un tuitero. Puede estar “en el Aeropuerto o Circunvalación, no depende de tener el río al lado”, afirmó otro. Otro comentario piola es que la ciudad cuenta con “dos arroyos que podrían ser muy importantes en su vida social, el Saladillo y el Ludueña”, cursos de agua muchísimo más descuidados que el sector público de la Flora.

En tanto, el emprendimiento plástico genera entusiasmo entre quienes no simpatizan con la fuerte correntada marrón y el lecho barroso del Paraná: “Meterse en el río es prácticamente una tentativa de suicidio”, comentó alguien horrorizado. 

La lengua popular rosarina bautizó “La Florida paga” al sector balneario concesionado, que cuenta con servicios inexistentes en el sector público sobre el que se pretende emplazar el conjunto de piscinas, toboganes y amenities. Una obra que requerirá de bombas para extraer agua del río y tratamiento químico para hacerla inodora e incolora.

La Rambla Catalunya, espacio abierto en el que confluyen las diferentes tribus del río y eventuales visitantes es la única playa totalmente pública de la ciudad y tiene un valor patrimonial inmenso pese a su creciente deterioro.

La cultura popular es profundamente sabia. Es por ello que la ciudad rebelde que vio nacer al signo más sagrado de la patria, territorio de rebeliones que luego se encendieron en el resto del país llegando a quemar gobiernos infames, no se va a quedar en el molde plástico mientras se clausura el acceso al río más hermoso del mundo.

*Comunicador social, docente y kayakista.

 

Publicado en el semanario El Eslabón del 16/5/26

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