Trump señaló que “tomará el control de Cuba”, y avisó: “Lo haremos de regreso de Irán, pondremos quizá el portaaviones Lincoln, el más grande del mundo. Haremos que entre, se detenga. Y ellos dirán: muchas gracias, nos rendimos”.
Durante una cena privada en el Forum Club de Palm Beach –Miami, Florida, el 1º de mayo– el presidente de EEUU Donald Trump volvió a amenazar a Cuba y afirmó que su país “tomará el control casi de inmediato”, una vez que termine el “trabajo” en Irán. El mandatario alardeó incluso de una rendición rápida al sugerir que enviará al portaaviones USS Abraham Lincoln a situarse a solo 100 yardas (91 metros) de la costa cubana.
Trump reiteró su comentario sugiriendo que las fuerzas militares estadounidenses podrían avanzar sobre la isla de camino de regreso de la guerra en Irán. “Terminaremos primero una, me gusta terminar el trabajo”, dijo Trump.
“Lo haremos de camino de regreso desde Irán, tendremos uno de nuestros grandes, quizá el portaaviones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo. Haremos que entre, se detenga a unas 100 yardas de la costa, y ellos dirán: muchas gracias, nos rendimos”, agregó sobre lo que imagina una fácil invasión a Cuba.
Durante su segunda presidencia, Trump escaló significativamente la presión contra Cuba, combinando una retórica de intervención militar con un asfixiante cerco económico.

En enero, Trump le advirtió a Cuba que hiciera “un trato antes de que sea demasiado tarde”. Esta amenaza fue proferida pocos días después de que fuerzas militares estadounidenses realizaran un operativo en Caracas y otras ciudades venezolanas para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa Cilia Flores, en una agresión imperialista que significó una alevosa injerencia en la soberanía del país caribeño, al margen del derecho internacional.
A finales de febrero, el mandatario estadounidense planteó la posibilidad de una “toma de control amistosa” de Cuba, al afirmar que el gobierno de la isla mantuvo conversaciones con su gobierno sobre el futuro del país. Pero en esa oportunidad, Trump no especificó cómo sería esa “toma de control” ni ofreció un cronograma para alguna acción potencial contra el país caribeño.
En marzo volvió a la carga y señaló que podría tener “el honor de tomar Cuba”, nación a la que describió como “muy debilitada”.
A finales de ese mismo mes, el mandatario afirmó que Cuba es un “desastre” y un “país en decadencia”, y volvió con la amenaza: dijo que la isla sería “el siguiente”, sin dar detalles a lo que se refería. “En poco tiempo, (Cuba) va a fracasar y nosotros estaremos ahí para ayudar”, añadió.
La presión de EEUU sobre Cuba tiene, además, otro frente. La Casa Blanca formalizó una nueva ofensiva económica mediante una orden ejecutiva que impone sanciones a funcionarios, entidades y colaboradores del gobierno cubano, a quienes acusa de violaciones a los derechos humanos, corrupción y de representar una amenaza para la seguridad estadounidense. Las medidas incluyen el congelamiento de activos y el bloqueo de transacciones financieras, especialmente en sectores clave como energía, defensa, minería y servicios financieros.
Washington justificó estas acciones al sostener que Cuba mantiene vínculos con actores considerados hostiles, incluyendo su supuesta relación con Irán y organizaciones como Hezbolá, además de acusar a La Habana de albergar infraestructura de inteligencia extranjera a escasa distancia del territorio estadounidense. Ninguna de las acusaciones de EEUU sobre las presuntas relaciones internacionales de Cuba se sustenta en prueba alguna.
El endurecimiento de la política fue respaldado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien advirtió que la administración Trump “no tolerará” la presencia de servicios de inteligencia adversarios en la isla. En el plano interno, el Senado estadounidense rechazó una iniciativa demócrata que buscaba limitar la capacidad del Presidente para ordenar operaciones militares contra Cuba, lo que deja al Ejecutivo con amplio margen de maniobra.
Las nuevas medidas profundizan una política de bloqueo económico que se extiende por más de seis décadas, ahora reforzada con sanciones selectivas y una retórica más agresiva. Desde enero, la administración Trump intensificó las restricciones, incluyendo un endurecimiento del cerco energético, en línea con su objetivo de forzar un cambio de régimen.
El 30 de abril de 2026, el Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Cuba “necesita reformas económicas y políticas profundas, advirtiendo que el régimen enfrenta un futuro insostenible”.
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Rubio aseguró que la situación económica de Cuba “no puede mejorar sin cambios políticos significativos”. “Reformas económicas serias no son posibles con esta gente al mando”, consideró el secretario de Estado.
El 27 de marzo de 2026, insistió con que un cambio de régimen es el único camino para que la economía de la isla mejore, calificando a Cuba como un “Estado fallido”.
“La economía de Cuba necesita cambiar, y no puede cambiar a menos que cambie su sistema de gobierno. Es así de simple”, declaró en marzo Rubio a la prensa en París, tras una reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G7.
“¿Quién va a invertir miles de millones de dólares en un país comunista gobernado por comunistas incompetentes?”, señaló Rubio en tono de burla. El funcionario añadió que, bajo el liderazgo actual, “el pueblo cubano sufre” y el país es incapaz de “integrarse al siglo XXI”.
El 23 de marzo, Trump mencionó en declaraciones recogidas por The Intercept que su prioridad actual es el conflicto en Oriente Medio, afirmando: “Estamos haciendo Irán antes que Cuba”, pero manteniendo a la isla como próximo objetivo.
El próximo ataque: América Latina
La nota publicada por The Intercept afirma que el Pentágono reveló que “los ataques en Latinoamérica son sólo el comienzo”. Y agregó que se prepara la “Operación Exterminio Total”, por lo que cabe esperar más ataques militares estadounidenses en la región.
El informe, firmado por Nick Turse, señala que mientras la administración Trump continúa bombardeando Irán, “un alto funcionario del Pentágono reveló que las guerras de Estados Unidos en el hemisferio occidental también se están expandiendo, dando a conocer una operación denominada «Operación Exterminio Total»”, que se está realizando en forma conjunta con Ecuador y que podría extenderse.
La Operación «Exterminio Total» es una acción militar conjunta supuestamente enfocada en bombardear presuntos campamentos de narcotraficantes. Pero, según denunciaron campesinos de la zona al diario USA Today, se bombardearon viviendas y fincas que nada tienen de que con actividad ilegal alguna.
La excusa del Pentágono para invadir la región es la presunta presencia de organizaciones dedicadas al narcotráfico, una vieja treta que dio lugar a invasiones militares en el pasado: “Los ataques contra los cárteles de la droga latinoamericanos son sólo el comienzo”, declaró Joseph Humire, subsecretario interino de Guerra para la Defensa Nacional y Asuntos de Seguridad de las Américas, ante miembros del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes la semana pasada, agrega el informe de The Intercept.
Humire indicó que se avecinan muchos más ataques en Latinoamérica. Esta amenaza se produjo un día después de que el presidente Trump volviera a insinuar la anexión estadounidense de Cuba. “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo Trump en marzo. “Ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer lo que quiera con ella”.
Las operaciones militares de EEUU en Ecuador también forman parte de la Operación Lanza del Sur, la campaña ilegal de ataques del ejército estadounidense contra embarcaciones en el Mar Caribe y el Océano Pacífico Oriental.

EEUU perpetró 46 ataques desde septiembre de 2025, destruyendo 48 embarcaciones y causando la muerte de casi 160 civiles. El último ataque, el 19 de marzo en el Pacífico, cobró la vida de dos personas más y dejó un sobreviviente. La administración Trump afirma que sus víctimas son miembros de al menos uno de los 24 o más cárteles y bandas criminales con los que afirma estar en guerra, pero se niega a nombrarlos. Ni tampoco presenta prueba alguna.
Humire no pudo precisar ante la Cámara de Representantes cuántos ataques terrestres se estaban llevando a cabo en casi 20 naciones latinoamericanas y caribeñas. “No tengo una cifra exacta”, respondió, pero cuando el representante Adam Smith, demócrata por Washington y miembro de mayor rango del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, le preguntó si el Departamento de Guerra “se inclinaría por muchos más ataques terrestres”, Humire afirmó que las acciones conjuntas de EEUU y Ecuador son apenas el comienzo de una intervención a toda la región. “Están marcando la pauta para las operaciones regionales de disuasión contra la infraestructura de los cárteles en toda América Latina y el Caribe”.
El 6 de marzo de 2026, la revista estadounidense The Hill reveló que el mandatario estadounidense encargó a Rubio liderar conversaciones con Cuba bajo la premisa de una “toma de control amistosa”, mientras advertía que el sistema cubano colapsaría en semanas. Más allá de las cambiantes declaraciones de Trump, todo indica que la estrategia amistosa no prosperó y las amenazas de estos días son de tipo militar.
Presiones económicas en aumento
El 11 de enero de 2026, a través de sus redes sociales, Trump sentenció: “No más petróleo ni dinero para Cuba”, para marcar el inicio de un bloqueo energético total. Pero los intentos de asfixiar económicamente a la isla, que empezaron hace décadas, siguen aumentando en la segunda presidencia de Trump.
La Orden Ejecutiva del 1 de mayo de 2026 amplía drásticamente las sanciones para permitir el bloqueo de activos de cualquier persona o entidad extranjera (incluidos bancos) que opere en los sectores de energía, minería, defensa o servicios financieros en Cuba.
Además, las sanciones se extienden a familiares adultos y socios comerciales de funcionarios del Partido Comunista, permitiendo la incautación de bienes en el extranjero.
El bloqueo del ingreso de combustible se ha venido incrementando. En enero de 2026, se estableció un mecanismo para imponer aranceles y sanciones a terceros países que suministren petróleo a la isla, lo que ha provocado el colapso recurrente de la red eléctrica nacional.
Asimismo, se endurecieron las restricciones migratorias y las normas de entrada a EEUU para cualquier individuo asociado con el gobierno cubano o sus estructuras de seguridad.
Cuba no se entrega
El gobierno cubano denunció como “crímenes internacionales” y “genocidas” las últimas órdenes ejecutivas de Washington con medidas contra la isla, que incluyen el bloqueo petrolero impuesto por EE.UU. en enero y la extensión de las sanciones económicas.
En redes sociales, el canciller de Cuba Bruno Rodríguez escribió: “Tanto el bloqueo económico y el energético, y las nuevas medidas coercitivas extraterritoriales; como la amenaza de agresión militar y la propia agresión son crímenes internacionales”. El diplomático consideró que es “cínico e hipócrita” por parte de EEUU criticar la difícil situación en la isla cuando Washington “lleva décadas tratando de devastar al país con una guerra económica”, en referencia a las décadas de sanciones.
Según Rodríguez, la actual administración estadounidense del presidente Donald Trump contribuye a la devastación de Cuba “aún con mayor empeño en los últimos meses con dos órdenes ejecutivas genocidas”. Por su parte el representante cubano ante la ONU, Ernesto Soberón, dijo que la isla está abierta al diálogo con Estados Unidos aunque advirtió que defenderán su soberanía frente a las amenazas de intervención de Trump y el posible aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe.

El presidente de Cuba Miguel Díaz Canel pidió apoyo a la comunidad internacional luego de que Trump amenazara con “tomar el control” de la isla. “El presidente estadounidense eleva sus amenazas de agresión militar contra Cuba a una escala peligrosa y sin precedentes”, denunció el mandatario cubano.
“Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo de territorio nacional”, reafirmó Díaz Canel.
“Nadie honesto puede aceptar la excusa de que Cuba sea una amenaza para ese país”, dijo Díaz Canel, al tiempo que señaló las sanciones coercitivas de Washington a su país son “una evidencia de su pobreza moral y del desprecio a la sensibilidad y el sentido común de los estadounidenses y de toda la comunidad internacional”.
“La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de Estados Unidos, determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico”, señaló el mandatario cubano.
Díaz Canel denunció, asimismo, que las agresiones apuntan a “satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación”.
Por su parte, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, calificó las sanciones como “ilegales y abusivas” y denunció que constituyen un “castigo colectivo” contra el pueblo cubano. Además, reafirmó que su país está dispuesto a resistir cualquier agresión: “Cuba se defiende con las ideas y se defenderá con las armas”, afirmó.
El gobierno cubano también dejó en claro que no negociará aspectos vinculados a su soberanía, independencia o sistema político, marcando un límite claro frente a las presiones de Washington. En ese sentido, Rodríguez subrayó que la isla está preparada para “sobreponerse y avanzar, incluso en los peores escenarios”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 9/5/26
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