El origen del apodo, sus letras, los trapos en las tribunas, las frases en murales, tatuajes y remeras; clubes y estadios como sedes de recitales, jugadores que lo admiraron y los que él admiró: algunos de los vínculos del Indio Solari con el deporte.

José María Gatica no fue nunca campeón mundial de boxeo, pero sí “campeón del pueblo”. Como ocurrió con otros ídolos deportivos, su nombre fue remera, canción, película, mural. O espacio público, como el polideportivo de Villa Domínico, Avellaneda, que lleva su nombre y donde el pasado domingo se realizó el funeral de Carlos Solari, el Indio. Como antes dijo Juan Román Riquelme, y repitió para la ocasión Skay Beilinson, “poder es que la gente te quiera”. El pueblo.

Entre su vasta lírica se cuelan en metáforas frases o palabras ligadas al deporte. «Emboquen el tiro libre, que los buenos volvieron» y «gimnastas de américa» se leen en Música para pastillas. En otras canciones habló de «un ex pilar de rugby», una «judoka», una pelea «donde se matan hoy el Pincha y los Canallas». También hay «un par de rounds de amor», un hermanito «que me boxeó en un ascensor!», un «delicioso campeón» y un «desayuno de campeones». Está «la pasta del campeón». Y los opuestos: «Ese día me mandó al descenso» y «Le das la copa, al fin, al vencedor».

El fútbol llegó hace rato

Jugó a la pelota en la calle, con amigos. Sus habilidades –contó en sus memorias Recuerdos que mienten un poco– no fueron más que tirar “buenos centros”. Se describía como un jugador rústico, “sucio”, de los que “te sacudía el tobillo”. Hasta que, falto de estado físico, se cansaba. Lo “retiró” una rotura de meniscos mientras jugaba con sobrinos.

Boca le entró primero “por los colores”. Azul y oro. “La blanca con la banda roja nunca me tiró bola”. Después por jugadores como Diego Maradona, a quien referencia en Noticias de ayer, cuando canta «se desgració el campeón del hiperfútbol». Rechazó su invitación a La noche del Diez por su postura contra la televisión: “Me gusta el pinball pero no ser la pelotita, y cuando estás ahí sos la pelotita”. TV Führer.

Pero sobre todo, el Indio es más bostero por Juan Román Riquelme, a quien admiró profundamente. Se juntaron en un palco de La Bombonera y en su casa de Parque Leloir, Ituzaingó. Y hasta le escribió un poema, que cierra: “Un artista es Román”.

Del fútbol también surgió su legendario apodo.

—¿Quién es el Indio Solari original: usted o el cantante de Los Redondos? —fue la primera de 100 preguntas que Diego Borinsky le hizo en 2020 a Jorge Solari, ex jugador y entrenador de Newell’s, entre otros clubes.

—Modestamente digo que yo, porque nací ocho años antes. Y porque mi apodo se hizo conocido en la década de los sesenta, mientras que él empezó a cantar en los ochenta —respondió el experimentado DT, pero admitió: —Hoy, igual, ya me pasó de largo, él es requete famoso.

En su extenso diálogo con el periodista y amigo Marcelo Figueras, el Indio cantante y compositor reconoció que al sobrenombre “me lo encajaron por el entrenador, supongo, que en aquella época sería jugador”.

La última entrevista que dio la banda (el Indio, Skay y la Negra Poli) fue en octubre de 2001. Hablaron con los periodistas Pablo Marchetti, Humphrey Inzillo y Martín Correa, quienes dos décadas después lanzaron el libro La última noche de Patricio Rey con la charla completa. Una defensa a la Selección de Bielsa y una queja por el fútbol codificado cierran la conversación. “Está bien el jogo bonito, pero el jogo bonito que perdés dos a cero y no figuraste no va”, opinó el Indio con el manual bilardista bajo el brazo. Y sobre el fútbol pago por TV, tiró: “¿Cuánto te cobran el gol? ¡Cinco pesos! ¡Dejame de joder!”

“Hay gente que divide su vida en mundiales. Yo las divido en discos del Indio”, dijo el periodista Julio Leiva, autor de documentales sobre su figura. Ahora se juega otro Mundial, el último de Messi. En un mensaje de audio que no se animó a enviarle, por pudor, pero que trascendió tras su muerte, Solari le lanzó al capitán de la Selección: “¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo”. 

Un poco de amor

Mientras Los Pumas celebraban el pase a semifinales del Mundial 2023, en el estadio Velodrome de Marsella –donde vencieron a Gales– sonaba Ji ji ji. También el rugby lo homenajeó tras su muerte. Dogos XV emuló el sencillo y a la vez potente gesto de los All Blacks a Diego, colocando sobre el césped una remera con la cara del Indio. Tarucas, la franquicia tucumana, lo recordó en su ingreso al estadio, antes de enfrentar a los rosarinos Capibara.

Al rugby también jugó el Negro Ferrón. Amigo del Indio, muy guapo para las peleas. La primera versión de Masacre en el puticlub así lo mencionaba, hasta que su autor la cambió por el «Negro Cañón». Jugó en Los Tilos, fue docente y estuvo preso. 

Jorge Sampaoli, tatuaje enorme en su brazo con la figura de Oktubre, había prometido –si salía campeón con Argentina en Rusia 2018– hacer la conferencia vestido de Los Redondos. “No me acuerdo de las formaciones de los equipos de ahora, pero sí me acuerdo del último tema de un recital del Indio”, le dijo el Zurdo a El Eslabón. “Esas letras me marcaron, yo era y soy eso”.

En la fiesta de su casamiento, el Roly Zárate –ex delantero de Vélez– entró con Etiqueta negra. El tema, se dice en el libro Fuimos Reyes, es “dedicado a las trapisondas de un delincuente marginal, adjudicado por muchos a Marcelo Amuchastegui”, el Loco Fierro, un histórico barrabrava de Gimnasia La Plata.

Recordada es también la cláusula ricotera del contrato del delantero uruguayo Santiago Bigote López cuando jugaba en Villa Española, que lo habilitaba a faltar a un partido si coincidía con el día que tocaran Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado o Skay y los Fakires. “Es una cláusula de felicidad”, le dijo el atacante a este medio apenas firmó su contrato. La ejecutó en 2020. 

Quiero verlas ondeando

La otra relación que une a Carlos Solari y el deporte son los estadios y clubes en los que tocó: Excursionistas, Huracán, Unión, Colón, Racing, River, el Centenario de Uruguay. El Tomás Adolfo Ducó, en noviembre del 93, fue el primero. “Es muy lindo, es como una bombonerita chiquita”, declaró Indio en la revista Vos. Al cumplirse el 25º aniversario de ese recital, el club de Parque Patricios lo recordó con un parche en su camiseta. En diciembre del 94, tras otro show, toda la banda se quedó a dormir en el estadio.

También tocaron en el Cilindro de Avellaneda, gracias a la gestión de Daniel Lalín, ex presidente de Racing y fanático de Los Redondos. Se dice que los primeros en ingresar al campo se dieron el lujo de improvisar un partidito de fútbol. Cuatro meses antes del concierto, el dirigente pidió la quiebra del club, pero el recital no corrió peligro.

Newell’s y Sportivo América fueron los clubes locales que los recibieron en sus respectivos estadios cubiertos. 

Ilustración: Ignacio Bogino, ex jugador de Rosario Central y Central Córdoba

Del paso de Patricio Rey por River es conocida la anécdota de Diego Placente, actual integrante del cuerpo técnico de Scaloni. En su etapa de defensor, se hizo amonestar a propósito para liberarse de un partido el mismo fin de semana que la banda tocaba en el Monumental.

Después de tocar en el Centenario de Uruguay y en el entonces conocido como Chateau Carreras de Córdoba, la gira seguía por el 15 de Abril de Unión y el Gigante de Arroyito de Central. Pero la banda se separó. Para siempre.

De todas maneras, las banderas rojas, negras, y de muchos otros colores siguieron ondeando en las tribunas de cemento y de tablones. Con frases como «Esa estrella era mi lujo» para recordar algún campeonato. El amor al club resumido en «Ladrón de mi cerebro». Mensajes para algún ídolo en «Mi único héroe en este lío». Y más. Mucho más.

Seguir cantando

Las y los seguidores de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota rompieron una lógica de los cantitos de hinchada, que nacen en las tribunas y luego pasan a los recitales. Ese que dice «El día que me muera, yo quiero en mi cajón, una bandera grande, que diga Los redó…» se entonó primero entre el público ricotero y recién después pasó a las canchas.

Famosa es la hinchada de Atlético Tucumán cuando canta, al ritmó de Ji ji ji, «Y vamo’ lo’ Deee eeee eeee… | ¿Cómo explicar tanta locura? | Y vamo’ lo’ Deee eeee eeee… | El sentimiento bien adentro…» 

Cierro con una historia que una vez leí del periodista platense Gabriel Fernández, actual director de La Señal Medios y habitual colaborador de El Eslabón. Es la de José Luis Torres, alias El Negro José Luis, ex barra de Gimnasia. Hombre de gran ingenio, sea para inventar cantitos de la hinchada, sea para elaborar estrategias de combate ante bandas rivales. 

Entró y salió varias veces de los hospitales y de las cárceles. Problemas con las drogas y el alcohol. Vivió siempre con su mamá, en una habitación repleta de posters y banderas del Lobo y de Los Redondos. Pero “su tesoro más preciado”, escribió Fernández en su nota, era “la grabación de un programa radial en el cual el Indio Solari narraba que él, el Negro José Luis, era la Bestia Pop”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 13/6/26

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