La historia es división y controversia. La política es división y controversia. Y, fundamentalmente, la democracia es división y controversia. Solo una mirada autoritaria y antidemocrática puede rechazar la división y la controversia, esencial en la existencia humana.

El discurso anti-político que propalan por estos días ciertos sectores de la derecha es una máscara, una estrategia de manipulación. Una cínica patraña en defensa de los intereses de las corporaciones. Se critica la política, sus divisiones y sus controversias, para dejarle el camino libre a los CEOs, para que reemplacen a los políticos y se hagan cargo de los gobiernos. Donde no hay política, solo queda el poder de las corporaciones, que nada tienen que ver con la voluntad popular.

Todos los próceres, dirigentes y políticos del pasado fueron controversiales y causaron profundas divisiones en su tiempo, que continúan hoy. Afectaron intereses con sus actos. Tuvieron enemigos y fieles seguidores. Solo Billiken cuenta algo distinto.

La derecha PRO-Cambiemos hace política exhibiendo un discurso anti-político y anti-histórico. Reemplazó en los billetes hombres históricos por animales. Denuncia “la grieta”, que es esencial a la democracia, como una patología social. Milita por la ignorancia, la historia Billiken, la intolerancia y la destrucción de los lazos sociales y comunitarios.

El gobierno de Macri utiliza la mentira, forma básica de la violencia simbólica, de manera sistemática, como política de Estado.

Cada palabra de cada ministro o ministra del gobierno nacional ejerce violencia contra millones de argentinas y argentinas.

Es de imaginar que la imagen del Che les molestará a muchas personas. Es lógico. Tiene que ver con diferencias ideológicas. Con diferentes posturas y visiones del mundo. A quienes votaron y todavía defienden la gestión de Mauricio Macri, por ejemplo, seguramente les molestará.

A quienes bregan por un mundo cada vez más injusto y defienden a los ricos en detrimento de las mayorías, la imagen del Che los exaspera. Se entiende.

Pero quienes defienden esas posturas antipopulares no lo hacen en forma explícita. No lo reconocen. Las esconden. Utilizan caretas. No exhiben gigantografías de José Alfredo Martínez de Hoz, por ejemplo. Aplican las políticas económicas de la dictadura genocida a pie juntilla, pero lo niegan. Mienten. Dicen que “no tienen ideología”, afirman que “hacen lo que hay que hacer”. Y de esta manera, ejercen gran violencia contra la verdad y faltan el respeto a quienes escuchan sus falsos argumentos.

Por eso no quieren imágenes del Che. Porque ellos no tienen imágenes para mostrar. Esconden los rostros de los inspiradores de sus políticas tras ballenas y yaguaretés.

A muchas personas nos exaspera la forma de hacer política de Macri. Y las criminales consecuencias de sus políticas. Nos violenta. Sus palabras, sus mentiras y su cinismo son todas formas de violencia. Los ajustes implican violencia criminal. Una violencia que utiliza a favor de las minorías, los más ricos y las corporaciones.

Por eso, violentos e hipócritas al servicio de las minorías y los saqueadores corporativos: moléstense por la imagen del Che.

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