El presidente Mauricio Macri festejó sin ponerse colorado, y nada menos que el Día de la Bandera nacional, un nuevo y ruinoso acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El sometimiento a los intereses del poder financiero global, que antes de la instrumentación del acuerdo ya significó un fenomenal ajuste en los salarios, recortes en los empleos públicos, apertura importadora con destrucción de la industria y estancamiento del mercado interno –a lo que se debe agregar la subas de tarifas, las devaluaciones y la alta inflación –, todavía no mostró su peor rostro.

La aprobación del crédito Stand-By solicitado al FMI, que implicará más penurias para las mayorías populares, acelera el proceso de destrucción nacional iniciado en diciembre de 2015 cuando Cambiemos ganó las elecciones. Ese fue el plan desde siempre: que hagan negocios los exportadores y especuladores, abrir la economía al poder del norte. Un proyecto de patria chica en el que sobran millones de argentinos y argentinas. El mismo programa que impulsaron desde el puerto de Buenos Aires quienes frustraron la revolución iniciada en mayo de 1810.

Que Macri haya hecho el anuncio del acuerdo con el FMI justo un 20 de junio, es otra anécdota de una larga lista que comenzó el primer 9 de julio que lo tuvo como mandatario. Aquel Día de la Independencia en el que le habló a su “querido rey”, Juan Carlos de España, sobre la “angustia que debieron sentir” quienes rompieron las cadenas con el imperio en 1816.

Pero que el Presidente no se haya animado a venir a Rosario por temor a las protestas, es todo un dato. Por eso, el escenario que se viene sobre todo es un desafío para los que resisten la embestida neoliberal. La responsabilidad es de las organizaciones sociales, sindicales y políticas que tienen sobre sus espaldas la tarea de frenar el saqueo y articular una fuerza que, además de manifestar el creciente descontento en la calle, lo puedan expresar en las urnas en 2019.

El peronismo opositor –en todas sus versiones– como principal referencia del nacionalismo popular, y las corrientes progresistas y de izquierda reales –no las abstractas–, tendrán que poner lo principal sobre lo secundario y avanzar en un frente común para ofrecer una salida a la inevitable debacle neoliberal, o ver cómo Macri o el que sea de Cambiemos, a pesar del notable desgaste que ha sufrido en este último año, se vuelve a imponer en los comicios del año que viene. No deberían quedar dudas cuando la patria, que es el pueblo, está en peligro.

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