Eran épocas de “se viene el estallido”. Se extinguía el siglo XX. Casi desde la “clandestinidad”, un nuevo medio gráfico se hacía lugar en los kioscos de diarios de Rosario. Se vendía/repartía también en la Universidad, en algunos bares y teatros, fiestas, actividades y marchas. Las columnas de la “gran prensa” lo llamaron alguna vez “ignoto pasquín”. Venía a proponer otra mirada, otra estética, otra manera de contar lo que nos pasaba y otra forma diferente a la dominante de entender la comunicación y ejercer, con pasión, compromiso y ética, el oficio de periodista.

El Eslabón de la cadena informativa. Palabras con rebeldía. Info y análisis comprometidos con la realidad. Contestatario. Contraculturales. Inspirado en la prensa clandestina del periodista, escritor y militante político Rodolfo Walsh. Menospreciado por algunos, ensalzado por muchos. Antes un mensuario, hoy un semanario cooperativo, parte de La Masa popular. Militantes de la felicidad colectiva. Vamo´ el eslabón, vamo´ los Redo´.

Dos décadas de periodismo autogestionado no es moco de pavo, más tratándose de periodismo gráfico y más surcando la era digital y sus desarrollos tecnológicos. El equipo humano, con altas y bajas, con buenas intenciones, con idas y venidas, con talento profesional, con gente de buena madera, con periodistas, fotógrafos, diagramadores, diseñadores, editores, contadoras, publicistas, ha sido y es el principal puntal que sostiene este espacio de trabajo, este proyecto periodístico-comunicacional cooperativo de la ciudad de Rosario, que pese a todas las dificultades (casi siempre económicas), sigue adelante.

Carlos Menem había dejado un país devastado y Fernando de la Rúa continuaba el proceso neoliberal que estalló por los aires en 2001. El país ardía. Mucho entusiasmo por escribir, sacar una foto, hacer un título, pensar una tapa. El Eslabón acompañaba y se hacía eco y aportaba su mirada, su punto de vista, desde un pensamiento popular, de los reclamos de las organizaciones sociales, políticas, sindicales, estudiantiles, pueblos originarios y de derechos humanos. Con espacio para la cultura, el arte, el deporte, la crónica. Críticos del poder, que no siempre recae en los gobiernos. Sensibles a las injusticias. Así fue, así es.

Atravesados por corrientes históricas combativas, revolucionarias, de supervivientes, de grandes soñadores. Cruzados por canciones, libros, películas, trasnoches inolvidables. Con conciencia nacional, a la izquierda, en las orillas, en el under, en la anarquía, en el hippismo, donde sea, pero por ahí. El Eslabón fue mudando de redacciones, aunque siempre fueron lugares donde se respira la bohemia que suele sobrevolar redacciones de diarios y revistas: buena vibra, humo denso, mate amargo todo el día, algunos licores y picadas, big locura.

Espejados en un mismo o parecido trabajo intelectual, con una misma o parecida manera de ver el mundo, formateados en el ambiente universitario, agitadores de banderas igualitarias, hijos e hijas de una historia de derrotas y victorias, reflexivos, tercos, diversos, rigurosos, honestos, idealistas. Con una línea editorial referenciada en las luchas populares, en quimeras de un mundo más justo e igualitario, más y mejor vivible, con las mismas oportunidades para todos y todas, contrarios a los enemigos del pueblo. Con ganas de trabajar de periodistas (y poder vivir de ello), con ganas de autogestionar un propio medio, con ganas de ser parte del movimiento cooperativo de la comunicación, sin presiones de distintos tipos de intereses, en libertad, que no abunda en medios tradicionales. Así nació El Eslabón, así cumple dos décadas.

Como todo proyecto editorial de la ciudad, tuvo sus vaivenes. Encuentros y desencuentros. Buenos momentos y no tantos. Humores cambiantes. La apasionante profesión no es fácil para los obreros y obreras de la tinta y el papel en estos tiempos. Los 20 nos encuentran señalando, después de una década ganada en derechos, con un proyecto de política económica más inclusivo y de bienestar para las mayorías, otra debacle de otro gobierno neoliberal, que toca Fondo, en medio de una profunda crisis económica, financiera y sociolaboral, y mientras otra ilusión resurge. Resistiendo con aguante. Esperando pasar de la “revolución de la alegría” a la “devolución de la alegría”.

Dos décadas después, con nuevos dispositivos tecnológicos entre nosotros, la big data, redes sociales, producción multimedia, el periodismo eslaboneano (y su duplicado en el diario digital Redacción Rosario) afronta nuevos desafíos profesionales y laborales, siempre hermanados con otras ricas experiencias y medios de comunicación compañeros.

El Eslabón y sus integrantes fuimos mutando, con aciertos, errores, contradicciones, amistades contagiosas, al calor de la historia del país. Lunes 2 de septiembre de 2019. Acá estamos, ejerciendo los maravillosos oficios de escribientes, diseñadores, reporteros gráficos. Oficios que mezclamos con otras facetas de nuestras vidas, nuestras historias personales y familiares, con otros oficios terrestres. Como nos sale, como lo sentimos, como podemos, como más nos gusta.

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