Educado en escuela religiosa, de padre peronista y madre “radical yrigoyenista”, Ariel Bulsicco es uno de los rostros más conocidos de la ciudad. Veinte años al frente del noticiero de Canal 5, y un estilo propio, lo posicionaron como uno de los comunicadores “más famosos” de Rosario. Pero el hoy conductor de Nadie es Perfecto (FM SI 98.9, de 9 a 12) también se ha hecho notar por no guardarse sus opiniones, lo que le valió algún que otro dolor de cabeza, su salida de la gran pantalla y la búsqueda de alternativas donde poder seguir trabajando. “En estas elecciones el periodismo concentrado ha sido uno de los grandes derrotados por el voto popular”, afirmó en diálogo con Biopolítica.

Su niñez e infancia durante la dictadura, la militancia universitaria, la actualidad de los medios y las esperanzas de que las cosas mejoren con los nuevos tiempos que asoman en el país, son algunos de los temas con los que se mete Bulsicco, un tipo tranquilo, afable, pero que no se banca que lo jodan con la libertad de hablar

—¿Dónde y cuándo comienza de tu historia?
Colegio Teodelina Fernández de Alvear, escuela religiosa. Inicio de la secundaria con muchos interrogantes, muchas preguntas propias de los jóvenes de esa edad, con una familia de padres muy habituales de esos tiempos, de hablar pocos temas. Con una revolución interna respecto a cómo se sigue, qué hago acá, los miedos a los exámenes. Hepatitis A en el primer año que me deja sin ir al colegio 3 meses con profesores que no conocía. Un escenario que ahora viéndolo a la distancia uno dice: «cuántas revoluciones». Y de repente encontrarme con que tenía que rendir varias materias porque no había ido a la escuela, muchos exámenes y ver cómo seguía.

—¿En tu casa había un interés por la vida política del momento?
Era una época jodida, de los militares. Un viejo peronista, una vieja radical yrigoyenista, bastante típico (risas) y yo en el medio sin entender demasiado. Había confrontación, no era muy excesivo, pero cada tanto surgía el tema. Recuerdo escuchar a mi viejo decir que hay que esconder las fotos de Eva, y yo pensaba, «qué será esto, de qué estarán hablando». Más o menos me imaginaba y me daba un poquito de miedo, pero escuchar esos comentarios y mi vieja del otro lado. Se hablaba en algún momento pero no mucho. Se escuchaba radio Colonia, mis viejos se dormían escuchando radio Colonia. Yo empecé ahí sí, a darme cuenta de que era una situación jodida, peligrosa que vivíamos y si mis viejos tenía que escuchar radio Colonia con lo que yo escuchaba que decían que en otro medio no se informaba digo, pucha, me acuerdo de radio Colonia como si fuera hoy, con los noticieros hasta las 5 de la mañana. 

—Y en vos ¿cuándo apareció la cuestión del periodismo?
—Eso lo relacione con la pregunta de mi historia, porque en medio de todas esas dudas, no sé por qué surge la idea de conducir el primer acto de la escuela, los actos que daban en la escuela y me ofrecí yo o me ofrecieron. Y ahí empecé a conducir y ahí se me despertó la idea de hacer algo con la comunicación. Yo lo relaciono directamente con la necesidad de transmitir muchas cosas que en ese momento de mi educación estaban cercenados de hablar, por una comunicación muy cortada, entonces lo relaciono más con eso.
Cuando terminé la secundaria empecé a venir a la Universidad, a Comunicación Social en la facultad de Ciencia Política que estaba en Derecho, cuando empezaba la democracia. Empecé a venirme de Villa Gobernador Gálvez y a descubrir lo que era la vida afuera de una escuela religiosa. En la escuela religiosa te marcaban una situación que, en la práctica, fuera de la escuela no existía. Entonces era todo el despertar de lo nuevo, con toda la revolución del retorno a la democracia y lo que significaba. Profesores en la facultad cuestionados por venir del proceso militar. Nos encontrábamos con una educación propia de esos tiempos, muy dura, mucho reclamo. Yo empecé a militar en la Unión Cívica Radical, con las Boinas Blancas, era una etapa a la vez interesante y muy revolucionaria, con cátedras súper habitadas y la necesidad de reclamar por otro tipo de enseñanza de la comunicación social que después derivaba en el periodismo. Era otro mundo absolutamente distinto al que los curas me habían transmitido años anteriores.

¿Qué sentís que te dejó esa experiencia de militancia universitaria con relación a lo que vino después?
—Me dejó en lo personal y en lo general un momento de lucha muy interesante. En su momento podías renegar porque ibas a estudiar y te encontrabas con alguna asamblea, reclamos y protestas, pero yo me sentía muy identificado con esos reclamos, acomodándome a mi manera, porque no es que venía de alguna sugerencia o de escuchar algo de mi casa, ni hablar de la escuela. Entonces, ese reacomodamiento, esa posición que tomé con el comienzo de la democracia, militando para la presidencia de Alfonsín, participando de los actos masivos y demás, ahora me permiten decir, «pucha, entiendo que con el transcurrir del tiempo uno siguió respondiendo a esas posturas». Por eso, muchas veces cuando nos califican o caratulan en estos tiempos como militantes K, o periodistas K, yo reniego de las letras, porque es claramente propio de estos últimos años el calificarte, porque uno ya viene con esa forma de pensar desde antes que existiera el kirchnerismo. Pero después, con el transcurrir del tiempo, uno se ubicó en el kirchnerismo porque tiene mucha representación con lo que uno sostenía de antes. Esto de poner las letras, yo me cago en eso, qué superficial y mediático que es, porque uno mantiene ciertas formas de pensar o de entender el papel que tiene que cumplir, el rol donde debe estar presente desde antes de las políticas kirchneristas.
Yo rescato esos momentos de lucha, de militancia, de empezar a defender ideas.
La verdad que el plan de estudios que teníamos en esa época dejaba mucho que desear, era lamentable, porque uno venía con un mensaje que se mantenía de la época de la dictadura, entonces qué se puede recatar de eso, con profesores que mantenian ese mensaje y demás. A la distancia vos decis, no rescato mucho de lo que fueron los planes de estudio de esa época, sí la militancia, la lucha y el resurgimiento de un periodo muy bueno que empezábamos a vivir.

¿Dónde fue tu primer laburo?
—Mi primer laburo fue en Radio Nacional de Rosario. Había presentado cuando estaba estudiando un proyecto para hacer un programa sobre los pueblos originarios. Había una directora que era vecina de mis viejos, Elena, que venía en la dirección de Radio Nacional de la época militar y le presenté un proyecto que por supuesto me lo rechazaron porque no era acorde a la producción de esa época. Imagínate, hablar de los pueblos originarios no encajaba. Y se vé que quedó algún currículum por ahí y cuando empieza a funcionar el servicio informativo de Radio Nacional, ya con la democracia, estaba Carlitos Mut y me llamaron para hacer tareas periodísticas, a redactar con la Olivetti, y ahí empecé.

—¿Cómo siguieron tus pasos en los medios?
—Después siguió Radio 2. Cuando Carlos Mut se va ahí, me sugiere para ir. Empecé haciendo información tribunalicia y policial. Después me llaman de Canal 5, estuve un año largo trabajando para las dos empresas, Radio 2 y Canal 5, hasta que en un momento no se pudo más. Después, bueno, en Canal 5 estuve 22 años. Y ahora acá en Radio Sí.

Imagen: Maia Basso

¿Te cambió mucho la vida la televisión, que te reconozcan en la calle, la masividad?
—Siempre tuve un perfil más de sufrirlo que de disfrutarlo a eso. No me gusta ser el centro, ni esto de creer que porque estás en la tele ya está. Por eso no lo sentí cuando dejé Canal 5. Es decir, no es algo que me cambió la vida, yo entendí que terminó una etapa, y siempre digo que la radio es lo que más me gusta, lo tomé con mucha naturalidad. A veces la tele hasta me llevaba a no ir a determinados lugares muy concurridos porque me sentía incómodo, con que entrás y te miran. «Viste, ahí está el de la tele».

Así y todo expusiste tus opiniones sobre temas picantes, ¿eso en algún momento te replanteó tu relación entre la política y los medios?
—Tuve varias etapas que fueron cambiando en base a los momentos vividos en el país. Una en la que entendía que el periodismo tenía que informar y no opinar. Otra en la que sentí la necesidad de priorizar lo que uno piensa, lo que se vive día a día, por encima de esa supuesta objetividad periodística, que además no existe. Entonces, en algún momento, frente a todo lo que se vé, sentí la necesidad de no pasar desapercibido con eso ni quedarme en la tranquilidad de que el periodismo se ejerza sin opinar, tibiamente. Me parece, igual, que hemos tenido un gobierno que nos ha llevado a replantear mucho el tema del periodismo también, a poner la discusión como tema principal de cómo hacemos con los distintos periodismos que hay. Eso me llevó a participar más activamente a la hora de hablar desde un micrófono y comprometerme más con lo que pienso. No lo padezco a eso, nadie me hizo sentir ninguna incomodidad ni nada, y aunque así fuera no me afecta. Yo ahora siento la necesidad de fijar postura y decir lo que siento, y cómo me parece que hay que encarar las cosas.

¿Cómo definirías al periodismo?
—Se ha perdido el eje principal de lo que es el periodismo, de honrar verdaderamente a la profesión, aunque no se coincida con lo que estás diciendo, saber que del otro lado tenés una persona confiable. Está todo desnaturalizado, yo reniego mucho del periodismo actual, lo replanteo y me indigno muchísimo con cierto periodismo que ha perdido todos esos ejes que marcaron por ejemplo el momento en que yo decidí seguir periodismo. Veo que es un momento muy difícil y la sociedad nos está pasando la cuenta de eso. Yo creo que en estas elecciones que han pasado, ese 95 por ciento o 97 del periodismo concentrado que tenemos en estos tiempos ha sido uno de los grandes sectores derrotados por el voto popular. En estos cuatro años han sido cómplices, con su silencio, de cómo se ha devastado el Estado, de cómo ha sido afectado el gran porcentaje de los ciudadanos de este país, cómo han cerrado fábricas, de todo lo que sabemos que ha pasado. Más bien formaron parte del poder, entonces muchos dicen que el periodismo no es tan importante porque sino no hubiesen perdido. Yo creo que si no hubiese sido terrible el silencio mediático que hemos tenido en estos años, la derrota hubiese sido más catastrófica. En el anterior gobierno decían «Cristina ganó con ese periodismo en contra». Yo digo que hubiese sido mayor la diferencia a favor de un gobierno progresista, que aun con sus dificultades, intentó llevar un poquito más de equilibrio a esta sociedad tan despareja que tenemos.

¿Para qué tendría que servir el periodismo?
—A los estudiantes yo les diría, humildemente, que efectivamente fijen posición de lo que piensan, pero que no formen parte de esas operaciones armadas, de publicación de noticias falsas. Muchos dicen: pero el periodista tiene que trabajar y a veces se encuentra con los dueños de las empresas que te llevan. Está la cuestión empresaria de los medios que defienden sus intereses y demás, pero se puede decir no. Me parece que no es excusa, porque si vos te metés en ese engranaje terminás siendo cómplice. Me parece que ahí es donde está el límite. Cuando vos empezás a formar parte de esas operaciones, como estamos viendo ahora con noticias falsas o causas armadas, en donde cierto sector del periodismo tuvo un rol clave, fundamental, incluso formando parte de campañas, que después afectan lo que puede decidir la gente, me parece que ya te metés en otro terreno. Ese es el límite, ahí es donde hay que decir basta y se puede decir basta.
Tenemos que esperar más de los gobiernos con otras características que lo que tenemos ahora, impulsar más los medios alternativos, porque si no caemos siempre en el mismo error: estamos con estos medios cada vez más concentrados y contra eso es difícil luchar. Hay que apostar a darle más valor a eso. Y nosotros a decir basta y encarar otra forma de hacer periodismo, porque sino vamos siempre por el mismo camino que después nos contamina y nos perjudica a todos.

¿Cómo ves el proceso que se da a partir de las nuevas tecnologías, las redes sociales, y su impacto e
—Yo me encuentro en una generación que empezó educándose con el periodismo cuando no existía toda esta tecnología, y de repente a mitad de camino te encontrás con el cambio de estos modelos tecnológicos que te llevan a replantear un nuevo periodismo. El periodismo no va a desaparecer. Lo que sí, forma parte de algo sobre lo cual yo todavía no sé si podré, pero tendré que adaptarme a un nuevo sistema.
Esto de que vos decís algo y gente que no sabés quién es, o aparece como un dibujito que te empiece a decir cualquier barbaridad, no estoy dispuesto a aceptarlo. Me quiero valorar más y me gusta el cara a cara, seguir debatiendo o hablando los temas en una mesa con alguien que no piensa como yo. Me encanta eso, pero no a través de las redes por ahora.

Foto: Maia Basso

¿Por qué apostar a otra comunicación, alternativa como le llamaste vos?
—Porque es lo que nos queda, porque si no seguimos concentrando todo en los medios clásicos que nos condicionan y nos llevan a donde ellos quieren. Y cuando digo nos condicionan lo digo como sociedad. Condicionan a tener que aceptar que lo que ellos nos dicen es la palabra única. Ves que en estos años por qué se han sentido tan cómodos, además de participar con las políticas del neoliberalismo, nos encontramos con que estas políticas son de ida y vuelta. Han concentrado mayores negocios en estos grupos empresarios de comunicación. Lejos de distribuir un poquito más la situación para que como sociedad tengamos la posibilidad de escuchar medios alternativos, otras voces y no ese 97 por ciento uniforme que nos ha condicionado en estos cuatro años, estamos concentrando cada vez más en estos medios. 

Me parece que hay que apostar. Algo se intentó con la ley de Medios del anterior gobierno, a pesar de las dificultades, de los frenos que intentaron poner para que no se implemente, algo se empezaba a hacer, y quedó a mitad de camino porque rápidamente este gobierno terminó con eso a pedido del grupo Clarín. Es necesario como sociedad. A veces estamos todos ocupados con el día a día y no somos conscientes del daño que nos provoca la concentración mediática. Yo espero que nos vayamos dando cuenta, porque estos años han sido tan alevosos, los años del kirchnerismo, donde fue feroz la campaña de los medios de comunicación contra ese gobierno, y el silencio mediático de estos cuatro años. 

Hubo un cambio rotundo. Yo recuerdo las tapas de los diarios quejándose por el aumento de la manzana o por los vasitos de esta empresa internacional que no llegaban al país, o por la cadena nacional, nos contaban cuántas cadenas nacionales iban dándose día a día. Quedó tan insignificante al lado de esto que nos pasa ahora y que ha sido absolutamente ignorado en las tapas de los diarios. El cierre de las fábricas, la gente en la pobreza, en la indigencia, la mitad de nuestros pibes en la pobreza, las personas despedidas, los jubilados desesperados por no poder acceder a los medicamentos, que a nuestros pibes se les impidan las vacunas del calendario obligatorio, las personas con discapacidad protestando en la calle. Ha sido atroz lo que han hecho. Y sobre todo que no se refleje en una tapa de diario. 

Ni hablar de la deuda y todo lo que se han fugado, no podemos aceptar como sociedad que se siga centralizando el mensaje. Me parece que el trabajo nuestro desde el periodismo, el trabajo de gobiernos que amplían derechos o progresistas debe ser precisamente ese, profundizar, sin perjudicar a los otros, pero darle valor a la necesidad de los medios alternativos para que los televidentes, los oyentes, los lectores tengan la posibilidad de escuchar otras voces y a partir de allí cada uno genere su opinión.  

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