Migas
Eduardo y Jimena mastican. Sus bocas se abren y se cierran a un ritmo monótono, vacío, mecánico. Están sentados arriba del auto, con las ventanillas levantadas, frente al muelle.
Eduardo y Jimena mastican. Sus bocas se abren y se cierran a un ritmo monótono, vacío, mecánico. Están sentados arriba del auto, con las ventanillas levantadas, frente al muelle.
El calor parecía aumentar en el local, lleno de ansiosos, humo y voces. Le dije que por eso me gusta este antro, aunque no fumo. Tenía la mirada perdida. No creo que él haya estado borracho, sí, filosófico. Por lo visto, la cosa i
Vergüenza es robar y no llevar nada a la casa. A los 9 años tenía una amiga. Yo la amaba, creo que ella a mí también. Éramos traviesas, como la mayoría de los pibes, pero siempre queríamos hacer una de más. Teníamos mucho en común
Cuando mamá me llamó, yo miré por la ventana hacia el patio y vi que las copas de los árboles apenas se movían por el viento. Cerré el manual y pensé: ya está, ya sé todo.
Fantaseábamos con ellas. Nos parecíamos en que éramos tres y teníamos quince años. La historia era sabida. Las habían secuestrado en la ruta al volver de una fiesta a la madrugada.
Me despierto todo meado y lleno de resaca. Me duele hasta la uña del pie. Tomo aire y el olor me da una arcada. Tengo que levantarme. Pongo los pies en el suelo, está frío.
Una flor anclada en el infinito de la hazaña se hizo arcilla latigazo leyenda sobre aquel desierto de piel enrojecida se tiñó el firmamento con la sangre de los vencidos cayeron los adornos y las vestimentas en el horizonte de fut
Ella se levanta todas las mañanas antes de que salga el sol. La oscuridad de afuera se presenta azulándose, como cuando se es niño y se aprietan las fibras buscando intensidad pero lo que queda es esa negrura con filamentos grueso
El planeta hermano sigue transformándose en un agujero, cavan desde todos lados buscando los minerales que el tiempo fue relacionando. Desarman las moléculas, desechan lo que las liga y esperan encontrar pureza allí donde la entro