Con la oligarquía alternando en el poder político no hay esperanza alguna de proyecto de Nación perdurable. Ni los diez años de Juan Perón ni los doce del kirchnerismo alcanzaron para consolidar un proceso de inclusión social, un modelo económico autónomo y una política exterior antiimperialista.

La semana que se va podría resumirse en dos frases. Una la pronunció el pasado jueves el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, al anunciar que la Argentina acordó con el FMI un stand by por un monto de 50 mil millones de dólares: “Estamos muy contentos”. La otra frase fue la más escuchada entre quienes fueron a buscar una bolsa de pan al Congreso: “Tengo mucha angustia”.

En una excelente entrevista de el eslabón realizada la semana pasada por el periodista José Dalonso a Silvina Batakis, ex ministra de Economía bonaerense durante el mandato de Daniel Scioli, la joven dirigente lanzó lo que pocos dicen: “Necesitamos que nuestro proyecto nacional y popular gobierne 50 años. Si no gobernamos 50 años, nos va a volver a pasar lo mismo. Ya vimos que doce años no es nada. No nos alcanzan doce años. Tenemos que crear nuestra propia renovación en forma continua; porque si no, nunca vamos a poder consolidar un proyecto industrial, de servicios agropecuarios, de trabajo digno y de salarios altos. Y de justicia social, por supuesto”.

Si un ponderable porcentaje de la oposición esquiva esa cuestión es porque está sujeto al corsé que le impone la tramposa consigna liberal: la necesaria alternancia en el ejercicio del gobierno.

Si en un país como la Argentina, que produce alimentos para 500 millones de seres humanos, hay personas llorando mientras hacen la cola para llevarse una bolsa de pan, algo, mucho, está descalabrado, y la responsable directa es esa clase parasitaria, esa neo oligarquía integrada por los sectores agroexportador y financiero, asociados a las corporaciones mediáticas oligopólicas.

Dujovne, el ejecutor elegido para conducir la nueva estafa al pueblo argentino, al anunciarla confesó: “Vamos a crecer un poco menos y vamos a tener un poco más de inflación de la esperada a comienzos del año”. Lo que no dijo es que los bolsones de desocupados, subocupados y hambrientos serán cada día más grandes.

Este plan se sostiene a golpe de mentiras y cinismo, y en eso la complicidad de los medios es clave, como lo es la inconcebible insensibilidad de los jerarcas sindicales que dejaron de representar hace mucho a sus bases, y le dieron tiempo y oxígeno al régimen macrista, permitieron que comunique el acuerdo con el FMI sin la potente competencia de la voz de los trabajadores anunciando un paro general. La CGT, sus jefes, deberán dar cuenta de esa tremenda defección histórica.

Economía y verdad

En su paso por Rosario, Batakis sentenció algo que muchos parecen eludir a la hora de realizar diagnósticos y análisis: “Ya vimos que con 12 años no alcanza”.

La joven economista vaticinó que “en 2019 la economía va a seguir como este año, que va a ser (un año) recesivo. Ellos plantean un crecimiento del 1,5. Nosotros vemos que va a haber una caída del producto bruto del 1 por ciento y con eso pérdida de trabajo. Esta gente está dispuesta a hacer un ajuste brutal en la economía argentina, como el que tuvieron que hacer en Grecia. Ese es el panorama hasta 2019. Un panorama terrible para todos los argentinos. Terrible”.

La ex ministra de Economía, como quedó reflejado en la entrevista, tiene la mira puesta en el retorno al poder del peronismo en 2019 y “en la búsqueda de la consolidación de un proyecto que perdure”.

Batakis dio una charla –“La economía en crisis: ¿cómo salimos?”– junto a la diputada nacional Alejandra Rodenas y al secretario general de la UOM Rosario, Antonio Donello. Y en ese marco disparó algunas cuestiones que son para tomar nota:

  • “Queremos llegar en tiempo y forma a 2019, tener un programa de gobierno que le devuelva la esperanza al pueblo”.
  • “Creemos en la educación pública y en los salarios docentes, en la salud pública y en el Estado de bienestar, que es el Estado peronista”.
  • “Imaginemos que antes estábamos en un cuarto, quinto piso de un edificio de diez. Bueno, este gobierno nos llevó al tercer subsuelo, subió al primero y nos quiere hacer creer que estamos mejor”.
  • “Nosotros no tenemos por qué ceder ante los intereses de 40 mil argentinos que viven de sacarnos las riquezas y por eso tenemos la obligación de construir el diálogo y de intentar llegar a la unidad. ¿Saben quiénes están enamorados de la desunión? Ellos, porque ellos son los que nos tienen miedo. Nosotros no tenemos que tener miedo, porque tenemos una responsabilidad enorme con nuestro pueblo, porque los días más felices siempre fueron peronistas”.

Tal vez algunos dirigentes del peronismo, en cualquiera de sus variantes, piensen que con esos planteos no se consiguen votos, pero si algo tiene de potente el contenido de Batakis es que está superpoblado de verdad.

Una verdad de la cual adolece la oligarquía en el gobierno. Tan exasperante es la falta de verdad en el discurso y el accionar del macrismo, que la semana que culmina arrojó un nuevo episodio vergonzoso en el plano internacional, mucho menos difundido que la suspensión del amistoso entre la selección nacional y su par israelí en Jerusalén

La persecución a periodistas y el imperio de la mentira y las operaciones mediáticas en la Argentina llegaron al Parlamento Europeo, donde un grupo de 29 eurodiputados expresaron su preocupación por los ataques a la libertad de expresión y la prensa en el país de Macri.

Fue en el marco del Foro de Comunicación y Cultura entre Europa y América Latina, realizado en el Parlamento Europeo de Bruselas. Allí, los legisladores europeos elaboraron una declaración conjunta que presentaron ante la embajada argentina en la capital belga, reclamando al gobierno de Macri que “desista de la persecución a periodistas opositores”.

El texto, que lleva como título “Comunicado a favor de la libertad de expresión y de prensa en la Argentina”, fue firmado por 29 diputados y diputadas de España, Italia, Grecia, Francia, Alemania, Finlandia e Irlanda,y expresa la “preocupación ante los ataques a la libertad de expresión que se viven en Argentina desde que el gobierno de la Alianza Cambiemos está en el poder” y se le exige “al gobierno de Mauricio Macri que revierta esta situación, desista de la persecución a periodistas opositores y garantice la libertad de expresión”.

Este jueves, a propósito del Día del Periodista, la falta total de escrúpulos de Macri se vio reflejada en un polémico mensaje en el que habló de la existencia de “una nube tóxica de noticias falsas que buscan confundir, enojar”, que “esconde en todos los casos objetivos políticos”.

Como se dijo en una columna de opinión publicada en el diario digital Redacción Rosario, el mandatario se despachó a gusto en las redes sociales respecto de lo que considera “una atmósfera noticiosa permanente que nos sigue donde sea que estemos”, como si fuera un ciudadano cuyos actos no tuvieran relevancia alguna.

En torno de esa “atmósfera noticiosa”, Macri desató exponencialmente su cinismo: “Este ámbito ha creado también una nube tóxica de noticias falsas que buscan confundir, enojar, angustiar y hasta conmocionar a la opinión pública. El sabotaje a la verdad esconde en todos los casos objetivos políticos. Es un mal dañino como una enfermedad infecciosa”.

Con ese párrafo Macri simula desconocer que desde su llegada al poder, y ya desde antes, el porcentaje de medios que encubren la verdad es abrumador, y que esos medios constituyen un blindaje que impide que la información circule y permita a millones de ciudadanos conocer determinadas noticias que les son escamoteadas por los medios hegemónicos.

Las “noticias falsas”, para Macri, seguramente son el descomunal descuento que el Correo –en manos de su familia– pretendía lograr en perjuicio del Estado que él mismo administra, las cuentas off shore que poseen él y buena parte de los ministros de su Gabinete.

Ésa es la “nube tóxica de noticias falsas”, según Macri. Y cuando el Presidente señala que el “sabotaje a la verdad esconde en todos los casos objetivos políticos”, no miente, apenas redirecciona el sentido de esa premisa y la reconvierte hasta victimizarse,cuando en realidad lo que ocurre es lo contrario: los medios, a partir de la sociedad que se celebra día a día con su Gobierno, arman una agenda de falsedades en la que se desmoronan una noticias tras otras, según se va conociendo su carácter mentiroso y prefabricado para demonizar al adversario político.

Que precisamente el Día del Periodista, en medio de despidos, persecuciones, vaciamiento de los medios públicos y cooptación de la inmensa mayoría de los privados que el jefe de Estado hable de “noticias falsas que buscan confundir, enojar, angustiar y hasta conmocionar a la opinión pública” parece más una confesión que una advertencia.

Nunca como bajo su mandato se atropelló el libre ejercicio del oficio periodístico en la despiadada forma en que lo hizo desde el primer minuto, cuando le pasó por encima con una topadora a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Nunca se vieron funcionarios como los designados por Hernán Lombardi en los medios públicos perseguir ideológicamente a periodistas, practicando el espionaje en las redes sociales para detectar las opiniones o preferencias políticas de los trabajadores de prensa, según la cuales luego eran despedidos.

Los batallones de trolls que el jefe de Gabinete conduce para que operen en las redes sociales, viralizando falsedades que en ciertas ocasiones generaron en el público reacciones desaforadas, como cuando hora a hora se mencionaban los lugares adonde se había visto con vida a Santiago Maldonado, mueven a la más legítima indignación.

“Las técnicas y los protocolos que el periodismo profesional ha desarrollado por más de un siglo son ahora un mecanismo público para disponer de algún camino para llegar a la verdad. Hoy la credibilidad periodística es un valor indispensable para la opinión pública”, sentenció Macri, olvidando que Clarín, La Nación, Infobae, el canal América, y muchos otros medios, practican lo que uno de los editores del primero de los mencionados –Julio Blanck– confesó que se trataba de “periodismo de guerra”, sólo que en este tramo de la historia argentina lo hacen desde la tibia trinchera del oficialismo.

Cuando la mayoría de los medios reproducen escuchas telefónicas que no tienen orden judicial para ser realizadas, material que esos medios reciben de manos de los servicios de inteligencia que comanda el titular de la AFI Gustavo Arribas, el procesado amigo del Presidente, ¿se estarán cumpliendo “las técnicas y los protocolos que el periodismo profesional ha desarrollado por más de un siglo”, y que representan “ahora un mecanismo público para disponer de algún camino para llegar a la verdad”?

La economía macrista necesita de la mentira como insumo esencial. La economía de un programa de salvataje nacional y popular sólo puede cimentarse en la verdad, por dura que parezca, y por piantavotos que algunos intenten hacer creer que resulta esa verdad.

Y la verdad es que resulta imperioso que se detenga el movimiento pendular de experiencias nacionales y populares seguidas de programas criminales, esa trampa mortal que espera a los sectores más vulnerables cada vez que la oligarquía manda.

Ganarle en las urnas a la oligarquía será el primer paso. Pero luego de ganarle, será necesario hacer lo que esa casta estéril intenta realizar casi en un sentido de proyección psicoanalítica, cuando acusa al “populismo” de corrupto y encarcela o persigue a sus dirigentes. Ellos son los saqueadores de la Patria. Y para que no vuelvan, habrá que meterlos presos y que paguen sus crímenes contra el Pueblo.

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