Leandro Busatto desayuna temprano en un despoblado bar del hotel Riviera mientras repasa con sus colaboradores lo que será una jornada al parecer intensa. En la charla matinal se comentan las novedades que están en los diarios y las que no, también se cuelan algunos datos de encuestas, auspiciosos para el peronismo. En esta etapa todos los candidatos están en pleno agite y Kiko –como le dicen sus allegados– tiene su propia campaña ATR. El desafío planteado no es menor. “El objetivo hoy es ganar la provincia y la ciudad de Rosario y, humildemente, hacer un aporte desde la lista de Diputados para ganar la categoría y tener la mayoría para trabajar la transformación de algunas leyes que me parecen importantes”, dirá ya en la entrevista con Biopolítica, donde recorrerá desde su primera militancia adolescente hasta el presente, que lo tiene como cabeza de la lista a la Cámara de Diputados de Santa Fe por el Frente Juntos.

—¿Dónde ubicarías el comienzo de tu historia política?
—En el seno de mi familia, mis viejos eran ambos militantes ya en los ‘70. Y después en experiencias más puntuales y personales mías de mi adolescencia. A los 15 años, en el ‘95 yendo a dar una mano a una amigo a una copa de leche en pleno menemismo, en un momento en que el país empezaba a tener problemas realmente graves en términos de pobreza y desocupación. Luego, me voy a misionar a Santiago del Estero y al Chaco con los jesuitas y ahí de una u otra manera terminó de explotar mi vocación política, volví decidido a participar, en una etapa bastante compleja, no había centro de estudiante en el colegio donde iba.

Ni bien entré a la facultad a estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral tuve dos experiencias. Me fui a dar una mano con las inundaciones en el ‘98 como voluntario, y me tocó ahí estar con Franja Morada que no entendía bien qué hacían ahí, pero estaba ahí con ellos. Y luego cuando volví ya de esa experiencias, al principio del año 98 ya definitivamente me incorpore a la Juventud Universitaria Peronista (JUP), más por una cuestión de decisión familiar que por una cuestión propia, porque me era una cosa bastante extraña el peronismo: lo había leído, sentía que el peronismo me había encontrado a mi, pero yo no lo había encontrado, era un peronismo bastante distinto al que yo había leído. Menem, era una cosa muy distinta a lo que yo toda mi vida había pensado.

—¿En tu casa había una identidad política partidaria muy marcada?
—Naturalmente mis viejos eran peronistas, mi vieja fue militante de la Juventud Peronista y concejal por el peronismo en Santo Tomé. Jugaron muy fuertemente en lo que fue la Lealtad con Raúl Carignano y en la Renovación, en el proceso que termina con la interna de Menem-Cafiero. Mi viejo había sido presidente del centro de estudiantes del colegio Industrial, un colegio muy importante de Santa Fe, con mucha tradición política, pero militando en el Faudi, de izquierda, y después hizo una experiencia en el peronismo más orgánica.

—¿Que referencias políticas, lecturas y hechos históricos te marcaron en tu formación?
—Del mundo más conocido o sacando las cuestiones más locales, más cotidianas, naturalmente que el propio (Juan Domingo) Perón, La Comunidad Organizada, Conducción Política. También algunos autores destacados (Juan José) Hernández Arregui, Raúl Scalabrini Ortíz, autores de izquierda como Jorge Abelardo Ramos. Y naturalmente clásicos que uno lee y terminan de volcar cuestiones como Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas y algunas otras cosas del orden internacional y Latinoamericano que son importantes.

Después tuve experiencias de haber conversado con gente que para mi fue muy valiosa. Algunos profesores de la facultad que daban historia, que daban economía política, que eran bichos raros para la Universidad del Litoral, una universidad muy radical en su staff de docentes y su centro de estudiantes.

Luego llegó Néstor y cambio mi vida, porque permitió reconciliarme con el presente de lo que era el peronismo como una cosa totalmente distinta. Antes iba a una marcha por el 24 de marzo con 19 o 20 años, y nosotros hacíamos actos de la JUP y en el peronismo había algo que estaba mal, había algo que a mi no me cerraba. El peronismo siendo parte de la represión en 2001 una cosa que no tenía nada que ver con lo que yo había leído y lo que reivindicaba. Gracias a Dios llegó Néstor.

¿A partir de ahí cómo siguió tu recorrido político?
—Sigo en la JUP, de alguna manera nos hacemos cargo en la JUP que venía muy mal, y logramos levantar mucho el perfil. Obviamente me afilio al partido a los 19 años, participó también de la Juventud Peronista, y en el 2004 en un proceso de reorganización de la JP de la provincia y participé como secretario de la departamental. Militamos en la campaña de Jorge Obeid en el año 2003, en ese momento Obeid y Reutemann eran como dos factores de mucha tensión en el peronismo.  Elegimos a Obeid y participo en la campaña de Néstor Kirchner en 2003. Ahí vuelve a militar mi viejo, una cosa muy rara, yo no lo había visto nunca a mi viejo militar, y ahí conozco a un grupo de gente que se juntaba en Santa Fe con un espacio que se llamaba Foro de apoyo a la Recuperación Nacional, donde me tocó ver gente que en mi vida pensé que iba a estar militando en política y despues empiezo a descubrir que eran tipos que habían estado en los ‘70. Generamos un pequeño grupo, nos acercamos a Kirchner.

Después empiezo a tener algunas tensiones dentro del propio grupo de la JP, porque se quedan más con una visión comarcal de lo que era el obeidismo, y yo empezaba a estar mas con el kirchnerismo.

Me termino recibiendo de abogado en 2005, me voy de la JUP y ahí lo conozco a Agustín Rossi en la campaña del 2005, cuando la historia ya es más conocida. En 2006 arrancamos a militar juntos con Agustín después de su campaña nacional y ya después la experiencia ya es mas publica.

Imagen: Maia Basso

—¿Ese acercamiento con Rossi deriva en la lista colectora de diputados provinciales sub 35?
—En 2005 lo acompañamos a Agustín, en 2006 arrancamos con el Instituto Santafesino de Políticas Públicas con él como referencia central, vamos a la campaña del 2007 en la interna con Rafael y perdemos, pero quedamos constituidos como espacio político kirchnerista en Santa Fe. Viene la 125, un momento muy duro. Ahí ya éramos parte del kirchnerismo orgánico, empiezo a conocer a algunas personas, a los muchachos del Movimiento Evita, a Eduardo Toniolli entre otros, conozco compañeros de lo que empieza a ser el kirchnerismo en general y terminamos en un proceso de participación de la Juventud Peronista, yo como secretario general de la provincia en 2008 en una cosa muy tensa, en plena 125. Después viene todo el proceso de alguna manera de despertar del kirchnerismo después de la 125, con todo lo que implicó ese proceso famoso de resistencia del núcleo duro en la Cámara de Diputados, con el matrimonio igualitario, la estatización de fondos jubilatorios, Aerolíneas, ese aluvión de leyes kirchneristas que empieza a hacer que la gente empiece a participar espontáneamente.

En 2010, con la muerte de Néstor, vino el punto más álgido de participación juvenil, ahí ya estábamos en La Corriente, ya conviviendo con otros espacios, La Cámpora, el Evita y en 2011 acompañando la candidatura de Agustín hacemos esta lista de jóvenes que encabezo yo y que estaba también Eduardo (Toniolli), y llegamos a la Cámara de Diputados. Fue una experiencia inédita, una lista de menores de 35 años.

—¿Qué balance hacés de tu experiencia en estos dos periodos en Diputados?
—El primer periodo fue muy grato, de mucho aprendizaje. Eduardo y yo éramos dos jóvenes en un mundo totalmente distinto pero con mucha responsabilidad, yo agarre la presidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales con 32 años, fuimos la verdad bastante destacados en lo que hemos hecho a pesar de la corta edad y le marcamos toda una impronta también en tratar de trasladar a Santa Fe una visión de lo era en ese momento el gobierno de Cristina. Teníamos mayoría en la Cámara y sin embargo estábamos fraccionados en muchos bloques. Se trabajaron leyes importantes, muchas vinculadas a la seguridad. Eduardo fue autor de una ley de organismos de investigación judicial, yo soy autor de la ley de protección de testigos.

Ya la etapa 2015 fue mucho más compleja, nuestro gobierno perdiendo la elección. En la provincia de Santa Fe el kirchnerismo con mucha tensión interna. Lo acompaño a Luis Rubeo, nos vamos a otra banca prácticamente con una lista colectora, no yendo en una lista oficial de alguna manera. También en lo político vino todo un proceso en donde hubo que reafirmar nuestra pertenencia la kirchnerismo después del 2015, construir Unidad Ciudadana y tratar de crecer fundamentalmente en la consideración de los compañeros ya no como un referente juvenil, sino como dirigente de edad intermedia con vocación de protagonizar.

Estos últimos tres años y medio, de 2015 a 2019 han sido años en donde uno ya consolida una experiencia, ya tiene un bagaje distinto en la Cámara, pero naturalmente también uno empieza a fijarse objetivos de máxima.

—¿Y cuáles son esos objetivos?
—El objetivo hoy es ganar la provincia y la ciudad de Rosario y, humildemente, hacer un aporte desde la lista de Diputados para ganar la categoría y tener la mayoría para trabajar la transformación de algunas leyes que me parecen importantes. El objetivo es ser legislador oficialista y tratar también de tener discusiones hacia dentro del propio peronismo que también rubriquen una identidad y una forma de ver las cosas. No es que está todo resuelto en el peronismo, siempre está la discusión permanente, no es que somos todos iguales y pensamos de la misma manera y eso está bien. Mi objetivo también es marcar aquellas cosas en las que no voy a coincidir.

Imagen: Maia Basso

¿Qué leyes que pensás que habría que trabajar desde la Cámara, pensando en ese hipotético gobierno peronista?
—Bueno yo creo que hay tres o cuatro cosas importantes e inmediatas. El tema del congelamiento de tarifas y la promoción de tarifas diferenciales es un tema que nosotros tendríamos que impulsar rápidamente. El boleto educativo gratuito también, y hacerlo por ley para que tenga universalidad y no esté pendiente de una decisión de un ejecutivo que el día de mañana lo cambie.

Además, nosotros venimos hablando de la necesidad de ampliar los presupuestos en materia de prevención de las adicciones y de violencia de género, en la provincia de Santa Fe esos dos presupuestos están reducidos a 120 millones de pesos para los dos programas en todo un año para toda la provincia, es decir, algo así como 6 centavos cada 100 pesos. Me he propuesto como objetivo tratar de forzar un proceso legislativo que lleve a tener un piso sostenido de inversiones, sobre todo en violencia de género, que lo haga crecer al 2025 más o menos 10 veces.

Lo otro que quiero trabajar, que ya lo había presentado en la legislatura, es universalizar el Plan Abre, que me parece que es un buen programa pero hoy manejado discrecionalmente.

Hacer que esté por ley, que tenga un presupuesto específico por año y que permita que el Estado esté en los lugares más sensibles para abordar la problemática de la seguridad desde un lugar distinto a la represión. No hay posibilidad de resolver la inseguridad en Santa Fe si no es con inclusión social y más presencia del Estado, no vayamos a creer que la receta de la derecha va a dar resultado porque creo que nos vamos a equivocar y feo. Si no preguntémosle a este gobierno que ha multiplicado el presupuesto de seguridad que ha incorporado muchos más policías y sin embargo nos hace vivir más inseguros todos los días, porque el problema que el gobierno no quiere reconocer es que la policía, hasta acá, ha sido parte del problema y no de la solución.

—¿Cómo tomaste el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández?
—Me parece que es una decisión que rubrica el dispositivo que nos propusimos construir hace dos años, cuando terminaron las elecciones legislativas de medio término en 2017. Dijimos que había que hablar menos entre nosotros y más con otros, dijimos que había que construir una nueva mayoría haciendo un esfuerzo por traspasar los límites que nuestro propio espacio político nos ponía, hablando con todos los sectores de la oposición, tratando de que las diferencias pasen a un segundo plano y apuntar más que nada a agudizar las coincidencias. Esta decisión privilegia lo colectivo por sobre lo individual y le permite a Crisina tener una visión panorámica de la política sin tener que ser ella la que esté al frente de todo. También coloca a un tipo como Alberto Fernández en una posición expectante, con un perfil posiblemente necesario para esta etapa de la Argentina, que es muy compleja, muy diversa, de alguna manera muy tensa, porque va a haber que solucionar problemas que hoy están estallando todos los días y que no van a parar el 10 de diciembre. Ojalá sea Alberto Fernandez, si no es Alberto Fernández, que no sea (Mauricio) Macri, porque la verdad creo que los argentinos aprendimos que con Macri no hay futuro absolutamente para nadie.  

 

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