Unos 700 millones de pobres son ahora más pobres. “Para las personas más pobres del mundo, la pandemia representa una doble crisis”, advirtió el secretario general de la ONU en un mensaje oficial.

“Todas las sociedades tienen necesidad de justificar sus desigualdades: sin una razón de ser, el edificio político y social en su totalidad amenazaría con derrumbarse. Por eso, en cada época se genera un conjunto de discursos e ideologías que tratan de legitimar la desigualdad tal y como existe o debiera existir, así como de describir las reglas económicas, sociales y políticas que permiten estructurar el sistema. De la confrontación entre esos discursos e ideologías, que es al mismo tiempo intelectual, institucional y política, surgen generalmente uno o varios relatos dominantes en los que están basados los regímenes desigualitarios existentes en cada momento”, señala el economista francés Thomas Piketty en su libro Capital e ideología, publicado en septiembre de 2019, antes de la pandemia.

“En las sociedades contemporáneas, el relato dominante es fundamentalmente el propietarista, empresarial y meritocrático: la desigualdad moderna es justa, puesto que deriva de un proceso libremente elegido en el que todos tenemos las mismas posibilidades de acceder al mercado y a la propiedad. Todos obtenemos un beneficio espontáneo de la acumulación de riqueza de los más ricos, que son también los más emprendedores, los que más lo merecen y los más útiles. Esto nos situaría en las antípodas de la desigualdad existente en las sociedades antiguas, que estaba basada en las diferencias entre clases sociales, decididas de manera rígida, arbitraria y, a menudo, despótica”, agrega Pikkety.

Pero pese a que el mundo ya estaba marcado por la violencia de la inequidad, al comenzar la pandemia, algunos pensadores la consideraron una oportunidad para que la humanidad mejorara en términos de solidaridad y empatía. Acaso por apresuramiento, o bien imbuidos de esa forma de pensamiento mágico denominada “optimismo”, fallaron. 

La crisis sanitaria mostró, exhibió, puso en carne viva, los problemas, las injusticias y las formas de violencia que ya caracterizaban a la sociedad. La inequidad social, que antes de la pandemia alcanzaba niveles pocas veces vistos en la historia, se agravó. Los mensajes de odio hacia los más necesitados, los desplazados, los excluidos, también. El rechazo de los migrantes creció. 

No es casual que la pandemia haya atacado un mundo en que se hizo indispensable crear un término nuevo para referirse a formas de rechazo, odio, miedo y desprecio a los pobres. El neologismo “aporofobia”, del griego “áporos” (pobre) y “fóbos” (miedo)​​, lo creó a finales de la década de 1990 la profesora de ética y filosofía moral de la Universidad de Valencia, Adela Cortina. Y los economistas que se especializan en medir la inequidad social consideran esa década como clave en el aumento cada vez mayor de la injusticia social.

Informe de la ONU

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, explicó que las personas más pobres son las que corren mayor riesgo de contagiarse del virus y las que tienen menos acceso a una atención de salud de calidad.

Las consecuencias de la crisis social y económica del coronavirus empujarán a la pobreza a unos 115 millones de personas, y aquellas que ya vivían con menos de dos dólares al día, más de 700 millones, serán afectados aún más profundamente. La ONU pide que se utilicen mecanismos de protección social para aliviar su situación. “Para las personas más pobres del mundo, la pandemia de COVID-19 representa una doble crisis”, advirtió Guterres.

Además, según un informe de la ONU publicado en la página oficial de esa organización, titulado “La pandemia de Covid-19 significa una doble crisis para los pobres”, las últimas estimaciones indican que este año la pandemia podría sumir en la pobreza a 115 millones de personas, lo que supondría el primer aumento en décadas. Las mujeres corren más riesgo porque tienen más probabilidades de perder el trabajo y menos probabilidades de gozar de protección social.

“Vivimos tiempos extraordinarios que requieren esfuerzos extraordinarios para luchar contra la pobreza. La pandemia exige medidas colectivas enérgicas. Los gobiernos deben acelerar la transformación económica invirtiendo en una recuperación ecológica y sostenible”, expresó Guterres. El titular de la ONU dijo que es necesaria una nueva generación de programas de protección social que cubran también a las personas que trabajan en la economía informal.

“Solo lograremos superar esta pandemia si hacemos causa común. En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, solidaricémonos con las personas que viven en la pobreza, durante toda la pandemia de COVID-19, pero también después de ella”, concluyó.

Las declaraciones del secretario general se dieron en el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, que este año aborda el desafío “de lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas”. Ambos elementos están inseparablemente entrelazados, la justicia social no puede realizarse plenamente sin abordar simultáneamente y de manera drástica las injusticias medioambientales, señala el informe.

“Las personas que viven en la extrema pobreza, a menudo por pura necesidad, son las primeras en actuar de manera concreta dentro de sus comunidades contra el cambio climático y los desafíos medioambientales”, señala el texto. Sin embargo, sus esfuerzos y su experiencia suelen pasar desapercibidos y no se aprecian; no se toma en consideración su capacidad para contribuir positivamente a la búsqueda de soluciones; no se les reconoce como impulsores del cambio y sus voces no se escuchan, especialmente en los órganos internacionales.

Según la ONU, esto tiene que cambiar. La participación, los conocimientos, las contribuciones y la experiencia de las personas en situación de pobreza y a quienes se deja atrás deben ser valoradas, respetadas y se deben reflejar en los esfuerzos por construir un mundo equitativo y sostenible en el que haya justicia social y medioambiental para todas las personas.

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