Es martes 21 de mayo. Juan Monteverde llega al Distrito Norte de Ciudad Futura (Rondeau y Freyre) con la matera al hombro y el agua a punto, justo como para amenizar la espera del compañero que tiene la llave. La charla previa a la grabación de Biopolítica –el segmento audiovisual que produce la Cooperativa La Masa y se adelanta en esta nota–, discurre sobre el acontecimiento que sacudió el escenario nacional, el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández, que para el concejal fue “una estrategia sumamente inteligente”. Ya en la entrevista, el diálogo se encamina sobre los carriles habituales de esta suerte de autobiografía militante. Sus orígenes familiares e ideológicos, la primera experiencia en el territorio, el paso por el Concejo y su actual candidatura a intendente de Rosario serán los temas de la extensa charla, tanto que para leerla completa habrá que buscarla en su versión digital en Redacción Rosario.

—¿Dónde o cuándo ubicás el nacimiento de tu vida política?
—Creo que la clave fue cuando pudimos encontrar un espacio de participación. A mí, siempre me gustó la política, de chiquito. Arranqué en un jardín de 4 que era una cooperativa armada por un grupo de padres, entre ellos los míos. Se llamaba Jardín de la libertad. Pero fue 2001 lo que marcó un quiebre. El «que se vayan todos». Esa idea de que no había respuestas, que nadie nos representa. De ahí en más hubo todo un camino hasta que decidimos armar Giros. «Si no hay ningún espacio que nos represente, y queremos hacer política, hagamos el nuestro propio», nos dijimos. Sin demasiadas certezas, teníamos muy en claro que en las elecciones y en los cargos no estaba la respuesta, que había que salir a inventar otra cosa. Ahí empezamos en el territorio, en nuevo Alberdi, porque entendíamos que era donde más hacía falta la política. En ese momento sentí que dejaba de hablar al pedo, y me puse a hacer algo concreto.

—¿En tu familia la política es algo que estuvo presente, hubo una militancia, una identidad partidaria?
—Mi viejos militaron en la facultad. Ninguno es de Rosario. Los dos vinieron a hacer la      carrera universitaria a finales de la dictadura. Militaron en el Partido Comunista. Pero cuando yo era más grande, ya no militaban partidariamente, sí en otros proyectos. La política siempre estaba casa. En cada cagada a pedos, o decisión de qué cosas sí y qué cosas no, siempre estaba la cuestión política.
En mi casa siempre se discutió política, no tanto desde una identidad partidaria, sino en términos generales. Nunca fue una familia gorila. En el caso de mis abuelos, la parte de mi vieja era más radical, y la de mi viejo más de izquierda, pero no gorila. Un poco lo que uno es, esto que estamos intentando construir, que es una perspectiva si se quiere más revolucionaria, pec  ro que nunca va a chocar con el peronismo. Porque generalmente se da en Argentina esa cuestión de que aquellos que pretenden un cambio más profundo, tarde o temprano, terminan chocando con lo popular del peronismo. Nosotros, en cada una de las decisiones cotidianas, estamos en la búsqueda de ese lugar al que hay que ir entre lo mejor del peronismo y lo mejor de las tradiciones más revolucionarias.

—¿Qué significó Giros en este camino de formación y experiencia militante que venís recorriendo?
—La experiencia de la militancia en los movimientos sociales, porque en un momento era nosotros formando Giros, pero después encontrándote con el Mocase en Santiago del Estero, con movimientos sociales de Buenos Aires. Todo el emergente que había dejado el 2001. Tiene que ver con el de dónde venimos, que nos marca el hacia dónde vamos.

En el Concejo, cuando por ahí se llenan las gradas, decimos que ese es el momento en el que vale la pena lo que estamos haciendo. Es decir, cuando hay algún reclamo que viene de afuera. Casi siempre, el 90 por ciento del tiempo las gradas están vacías, eso significa que lo que está pasando ahí no le está cambiando para bien la vida a la gente. Muchas veces el problema de la política, de esa idea de los dos lados del mostrador, es justamente el mostrador. Si logramos correr ese mostrador y generar un vínculo con la gente creo que la cosa cambia.

Nosotros con Caren (Tepp) y tres compañeros vivimos en el tambo La Resistencia tres años, eso te marca para siempre, te recuerda todo el tiempo para qué estamos acá. Las instituciones del Estado están diseñadas para ser una picadora de sueños, de convicciones. Haber dado esa pelea, que seguimos dando, es la garantía para no torcerse, para que esas instituciones no te conviertan en lo que uno critica.

Imagen: Maia Basso

—¿Qué hizo click en ese grupo de militancia social para que en determinado momento hayan decidido generar una herramienta político-partidaria y presentarse en elecciones?
—Cuando nosotros formamos Giros, en su momento que éramos cuatro o cinco, y nuestra práctica concreta el primer día que arrancamos era hacer la tarea con los pibes del barrio. Pero desde el primer momento dijimos «tenemos que construir una alternativa política». ¿Qué forma iba a tomar?, si iba a ser un partido que se presente a elecciones o iba a ser un movimiento más estilo Zapatista o estilo MST de Brasil, no lo sabíamos.

Hay un momento clave, que es cuando nosotros logramos, sin ser concejales, la mejor ordenanza que hemos sacado hasta el momento, que fue la prohibición de los barrios privados. De esa disputa concreta por la tierra en la ciudad, por quiénes ganan y quiénes pierden, presentamos como movimiento social en 2010 el proyecto para prohibir los barrios privados. Rosario fue la primera ciudad en sacar una normativa de esas características. En ese momento, mucha gente nos decía «es el momento para que Giros meta un concejal». Pero tomamos una gran decisión que fue hacer todo lo contrario. Resolvimos que no era el momento para meterse en las instituciones. Lo que hicimos fue mover toda la fuerza en Nuevo Alberdi para decir: «Terminamos con una forma de concebir la ciudad», que eran los barrios privados, que eran el ícono del neoliberalismo. Pensamos: «Tenemos que ser capaces de construir cuál es el otro modelo que pueda reemplazarlo en la periferia». Y ahí justo cae el desalojo del tambo, nos fuimos a vivir al tambo y empezamos a construir la fábrica de productos lácteos y fundamos la escuela Ética, la primer escuela de gestión social. Apostamos a mostrar en el territorio cómo era esa sociedad que queríamos para mañana. Ese quiebre fue fundamental.

—¿Ahí es que deciden conformar Ciudad Futura?
—Recién después de eso avanzamos hacia la idea de construir un instrumento político del siglo 21, que exprese esta otra lógica, un partido de movimiento con el que entremos al Estado pero con otra lógica de ocupación del Estado: con un pie afuera y un pie adentro, entendiendo que tenemos que generar ese ida y vuelta, que uno sin el otro no basta. Creo que en cierta medida lo logramos, en 2015 no fue solamente una gran elección salir terceros con 90 mil votos, sino que mostramos que esa otra forma de construcción política, que muchas veces queda como marginal o testimonial, puede irrumpir en el escenario político y pelear de igual a igual con el resto de las fuerzas.

Ciudad Futura no es mejor ni peor que el resto, es distinta, tiene una lógica de construcción por fuera del Estado que hace que sea distinta. No dependemos de una elección. A lo sumo el Estado puede acelerar ciertos procesos, o masificarlos, o convertirlos en política públicas. Tenemos que construir un poder diferente al poder instituido. Y de ese poder instituido una parte es el poder político y otra parte es el poder económico, mediático, etcétera. Si no logramos construir un poder diferente, que reemplace en algún momento a ese poder que hoy está consolidado, vamos a gobernar más o menos de la misma manera, por eso me parece que haber demostrado que se podía llegar a esos lugares con otra práctica, con otra lógica, abre un camino. Ahora, el desafió es no solamente entrar en las instituciones, sino gobernar. Pero discutiendo dentro de los canales que existen de la política de la representación, de la política de las instituciones que existen, no vamos a resolver los problemas que tenemos. Tenemos instituciones políticas del siglo 19, para problemas y desafíos del siglo 21. Hay que inventar y transformar todo.

—¿Y cómo piensan llevar esa lógica a un espacio ejecutivo como la Municipalidad de Rosario, que es por lo que van con tu candidatura a intendente?
—Hay una lógica de dónde están las respuestas y dónde están las soluciones y yo veo que las respuestas no están en los mecanismos o en las palancas actuales del Estado. Creo que la discusión no es llegar al Estado y mover una palanca de conservador a progresista. Hay ciertas decisiones que afectan obviamente. Si abrís las importaciones o las cerrás, está claro, pero me parece que después hay una cosa que de dónde vienen las respuestas y creo que es ahí donde hay que dar vuelta la ecuación.

Hoy la respuesta que muchos buscan en un ministerio o en una secretaría está en el territorio y con la gente. ¿Dónde vamos a diseñar una política educativa para el siglo 21? La tenemos que diseñar con los pibes y los docentes que están en las escuelas, no con expertos que vengan de no sé qué lado. Si no le damos poder a los que hoy están en esos lugares, si no le damos poder a la directora de la escuela de Nuevo Alberdi, de Ludueña, que están solas en un territorio devastado, no cambiamos nada.

Queremos llegar a esos lugares para que el poquito o mucho poder que haya ahí, tirarlo para abajo, distribuirlo. Llegar al poder para distribuirlo es una decisión sumamente arriesgada, y creo que hasta ahora nadie lo hizo porque distribuir el poder significa tener menos poder uno. Esto se puede pensar a escala municipal o nacional. Distribuir es sacarse el poder uno y es siempre más conflictivo que un poder vertical. Distribuir el poder va a generar problemas, pero esos problemas son tensiones creativas de un proceso de tiene que generar las respuesta. Yo no tengo las respuestas, las respuestas la tengo que construir con la gente, dándole poder, que es lo que uno viene haciendo por afuera.

Cuando vos le das poder a la gente, todo lo que cada espacio va ganando de forma propia y autónoma lo defiende mucho más que un derecho que el Estado le da, que hay que darlo obviamente. Pero me parece que el cómo vamos conquistando esos derechos, cómo vamos generando un poder que lo haga operativo, ahí está la diferencia de algo que dura lo que dura un mandato electoral o algo que dura, entre comillas, “para siempre”.

—Pensemos en un votante que a lo mejor le cuesta asimilar esta lógica que proponés, que podría decir: ¿y con esa lógica cómo se resuelve el problema del transporte o de la seguridad, por nombrar dos muy presentes esta campaña?
—Dos ejemplos concretos. Uno con un tema que no es de la ciudad, que es la cuestión de la inflación y los alimentos. Nosotros en la campaña salimos a decir que íbamos a convertir los alimentos en una política de Estado municipal, que había que hacer lo que se hizo en su momento con la cuestión de la salud, que no era responsabilidad de la provincia, sin embargo un gobierno que fue el de (Hermes) Binner que dijo «acá hay una necesidad y lo vamos a abordar». Nosotros dijimos «con los alimentos, las ciudades tienen un rol fundamental en términos de cercanía con la gente». Rosario puede tener una respuesta con la cuestión de la inflación o de los alimentos como política de Estado, con los productores, los distribuidores y para llegara la gente con una política alternativa que no deje a los alimentos como un bien de mercado.

En esta misma campaña logramos llevar la leche a 33 pesos el litro. Podemos encontrar nuevas respuestas a problemas que pensábamos que no podíamos abordar desde la ciudad. Rosario tiene una cooperativa como COTAR que tiene la capacidad de abastecer a toda la ciudad y sin embargo esta abandonada, la están sosteniendo los socios que quedaron de la cooperativa como pueden. Hoy está abandonada en el corazón de la ciudad. Ahí hay que generar una política diferente, y quizás ahí un problema que parecía que la ciudad no podía hacer nada o que no era de competencia o que el intendente está para alumbrado, barrido y limpieza, transporte a lo sumo.

En la medida que podamos ir mostrando que esta forma y esta lógica de construcción política ,puede hacer aparecer soluciones que quizás no estaban en el radar, me parece que ahí podemos empezar a mostrar que somos otra cosa.

Creo que también podemos hablar de otros proyectos en ese sentido que se ven, creo, a la hora de votar a Ciudad Futura. Por ejemplo, que exista una Dirección de Asistencia y Empoderamiento de la Víctima, pensando en el problema de seguridad que tiene Rosario, con la cuestión de las víctimas y que las víctimas estaban solas. A partir de nuestra lucha logramos sancionar esa ordenanza y hoy es una nueva institucionalidad que existe en Rosario. Y no solamente se ve eso, también cómo atacar la cuestión del narcotráfico con la Agencia de Justicia Urbanística, que es ir por la ruta del dinero narco para realmente bajar los índices de violencia en Rosario. También se ve estos lugares, los distritos, la escuela, el tambo, se ve que funcionan un montón de cosas por afuera del Estado. Hay otro saber hacer, hay otra lógica.

Creo que no es menor que una de cada 10 personas de Rosario hoy esté creyendo que esta forma puede gobernar la ciudad. La cuestión es lograr que eso sea mayoría y creo que es por el camino que vamos, pero que obviamente es más largo y más difícil, porque justamente es una lógica distinta.

—¿Cuáles serían las referencias, históricas o actuales, las personas, las experiencias o las lecturas que sentís que te marcaron en tu formación política?
—Desde el punto de vista de la práctica, siempre todas nuestras referencias fueron de movimientos sociales y no de partidos políticos. El Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, el Zapatismo en México. Hemos tendido vínculos con Podemos, con “Barcelona en Común” y  Ada Colau, que es un caso muy paradigmático de cómo una persona, una militante que hace cinco años estaba parando a la policía para que no desalojen las casas de los que estaban hipotecados por los bancos, hoy está gobernando una de las principales ciudades de España y del mundo.

Desde la teoría o de la ideología, claramente la gran mayoría de nosotros viene de una concepción política más marxista, pero ablandada o no economicista. Más con una perspectiva gramsciana. El nombre Ciudad Futura un poco viene de ahí, de cómo pensar los procesos de disputa de sentido, cómo pensar el rol de la cultura en la política, pensar la hegemonía, me parece que ahí hay como una clave.

Después hay mucho lectura más política, yo me acuerdo siempre en los primero congresos que hacíamos con Giros, un libro que nos marcó mucho a todos los que estábamos en ese proceso fue “La Voluntad” de Anguita y Caparrós, que recomiendo al que no lo haya leído. Son tres tomos gigantes, que cuentan la historia de los 70’ en Argentina pero con una perspectiva muy de la vida cotidiana de los militantes, de cómo era la vida de los que estaban dando la vida para cambiar el mundo. Y es un relato que quizás no se encuentra cuando se habla de los 70’, la cuestión más de las parejas militante. La discusión si tener hijos o no. Cómo cada acción concreta del día tenía que ver con lo que estaba pasando, no sé, en Francia en Mayo del 68. Y cómo la cultura y los discos que salían en ese momento, todo eso como todo un hervidero muy grande de un momento muy particular de la historia mundial y la historia argentina. Tal vez que fue el último momento donde realmente se quiso cambiar el mundo y se estuvo muy cerca creo. Por eso también la respuesta de los que no querían cambiar el mundo, del establishment, con la dictadura militar, fue tan grande.

Pienso que todo eso es lo que nos mueve todos los días, nosotros leíamos ese libro en un momento donde claramente acá no estaba pasando eso, pero en cada acción o cada proyecto que ponemos en marcha, incluso hoy el combustible con el cual podemos hacer todo lo que hacemos, en contra un poco de la corriente, tiene que ver con eso, con que todo el tiempo está esa ansia de que si no lo cambiamos todo, no cambia nada. Después podemos tácticamente, o estratégicamente, que los cambios sean un poco más lentos, o más parciales, pero si no está el objetivo, si no entendemos que cambiamos todo o no cambia nada, es muy difícil.

Imagen: Maia Basso

—Hablando de tácticas y estrategias, ¿qué pensás de la movida de Cristina, anunciando que irá como candidata a vice de Alberto Fernández?
—Todavía no lo discutimos colectivamente. Pero nosotros siempre decimos que cuando una estrategia o una táctica sorprende, es lo primero que tiene que hacer para que esté bien. Es una estrategia sumamente inteligente. Me parece que estamos en un laberinto, no solamente en Argentina sino en América Latina donde hay una especie de empate complejo, claramente si uno ve lo que está pasando en Brasil, para la Argentina es un espejo de lo que pasa o puede pasar. Si es lo mejor o se podría haber hecho otra cosa bueno, son estas cosas que en la política nunca se sabe. Nunca estuve muy de acuerdo con la definición de la política como el arte de lo posible, muchas veces se dice «bueno, no es lo mejor pero es lo posible». Yo creo que hay un desafío sobre cómo vamos corriendo el límite de lo posible. Pienso que será tarea del kirchnerismo o el peronismo analizarlo, yo hago un análisis desde afuera de eso y entendiendo también que nosotros estamos construyendo desde Rosario, empezando a construir en la provincia.

Ciudad Futura lo que intenta hacer, donde a nosotros realmente nos da la escala, es lo que realmente creemos que hay que hacer. Pero también tenemos un sentido de responsabilidad histórica. No es lo que yo quiero, no es mi espacio político, yo no lo haría de esta manera, pero yo no tengo el poder hoy para incidir en eso. Entonces tenemos que elegir en términos de lo menos malo y en términos de responsabilidad histórica, como fue el balotaje pasado.

En 2015 veníamos hablando de cambiar el mundo y porqué hacemos todo lo que hacemos, y claro que (Daniel) Scioli no representaba nada de eso. Pero nosotros fuimos muy claros sobre cuál era la encrucijada en la que estaba la Argentina, y lo hicimos en un momento que no fue cualquiera. Salimos a posicionarnos, a decir que Macri era un retroceso, y a militar a la calle para que no se pierda el balotaje a un mes y medio de que habíamos hecho una elección tremenda en Rosario y estábamos en la cresta de la ola. Las puteadas en mi facebook era una cantidad, al estilo «Monteverde que decepción», «sos K, kuka». Pero no trata de ser kirchnerista o no, se trata de que esto ya sabemos cómo iba a terminar, como está terminando hoy.

Me parece que estamos en un escenario similar, de defensiva, de resistencia. Y creo que esa táctica va a funcionar también en términos de evitar un mal mayor. Lo importante es que la experiencia del invento de “Cambiemos” dure lo menos posible en términos democráticos, que son cuatro años, eso creo que es lo bueno. Después, siempre se pueden hacer cosas distintas y creo que lo ganador o no de esta estrategia, se va a jugar en cómo se termine armando el tablero que todavía no está totalmente definido.

 

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