Enrique Estévez asoma como uno de los rostros de recambio generacional en el Socialismo local. El concejal, secretario general de partido en Santa Fe, e hijo del histórico fundador del ya extinto PSP (Guillermo Estévez Boero), encabeza la lista de diputados nacionales de Consenso Federal, la alianza que lleva como fórmula presidencial a Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. En diálogo con Biopolítica habló de sus orígenes, la actual campaña y las aún resonantes derrotas electorales en la ciudad y la provincia. “Yo creo que a cualquier organización política, el manejo de lo público, del poder, la gestión, la cambia en muchas cosas para bien y en otras para mal”, dirá en la entrevista que se puede ver y leer completa a continuación.

—¿Dónde ubicás el nacimiento de tu vida política?
—Siempre me gustó la política, nací en una familia así. Mi papá y mi mamá militaron desde siempre. Tuve mucha lectura política más que nada por curioso, originariamente por entretenimiento. En el caso particular de mi viejo, él era un ejemplo político en su accionar cotidiano, como cualquier familia de militantes. De una u otra manera sin hacerlo obligatorio nos fue inculcando y transmitiendo ideas, metodologías y valores. Creo que cuando fallece mi viejo en el año 2000, fue donde empecé a participar más orgánicamente dentro del Partido Socialista.

Era muy difícil escapar a la dinámica política porque era básicamente la vida de mi padre y de mi madre, era una cuestión permanente. Había reuniones en mi casa, gente que se quedaba a dormir todo el tiempo, mis familiares, tíos y tías dentro del partido. También había conversaciones sobre la vida que siempre llevaban a las ideas y a la política.

—Además de tus viejos ¿que otros u otras referentes de tu partido o espacios te marcaron?
—Muchos, pero a mi me gusta destacar a uno local, que es Hermes Binner. Una persona que logró llevar a la práctica muchos sueños colectivos que hubo y que hoy se hicieron realidad, y me parece que esa es la capacidad que hace los distintos.

—¿Qué lecturas recordás que hayan aportado a tu formación?
—He leído de todo. En mi casa no había televisión y las paredes eran todas bibliotecas, entonces la forma de entretenerse a determinada edad era leer. Era una especie de Google caminar por mi casa cuando era chico, porque ibas mirando, buscando, y te encontrabas con cosas muy raras. Tengo recuerdos que me quedaron grabados, como el de una gran enciclopedia sobre las Islas Malvinas, que empezaba desde los orígenes de la creación de las islas hasta la guerra. Después obviamente lecturas de novelas, cuentos, me acuerdo de los cuentos de La Alhambra, de Julio Verne, muchos que mi viejo y mi vieja me iban regalando.

—¿Dónde hacés tu primera experiencia militante ya más orgánica?
—Nosotros vivíamos en Buenos Aires por el laburo de mi viejo. Él se había ido a vivir en la época de la dictadura allá, pero nosotros veníamos todo el tiempo a Rosario, mi viejo era diputado nacional por Santa Fe, teníamos un departamento acá, muchos amigos, familia, con lo cual Rosario era esa segunda ciudad a la cual veníamos permanentemente. Cuando fallece mi papá mi vieja toma la sabia decisión de automáticamente venirnos a vivir acá. Mi papá falleció el 3 de febrero del año 2000 y nosotros en marzo arrancamos la escuela acá. Cuando vine acá, mis amigos que muchos eran hijos de compañeros del partido, algunos eran más grandes que yo y ya participaban, militaban en el MNR en las facultades, en la juventud. Transité un poco por la juventud, pero justo hubo dos o tres homenajes que le hicieron a mi papá en el seno de la universidad, como uno en el congreso de la FUA (Federación Universitaria Argentina), donde Pablo Javkin era el presidente, creo que saliente, y en la UNL (Universidad Nacional del Litoral) donde mi viejo estudió. La militancia universitaria fue una cosa que a mi siempre me impactó mucho, que me generó admiración. La Reforma Universitaria en particular me parece como una de esas obras maestras que perduran a pesar de nuestras mediocridades, porque fue tan brillante lo que hicieron esas personas. Entonces automáticamente empecé a militar en la facultad de Derecho, aún no siendo estudiante, porque tenía 16 años. Fue un aprendizaje increíble, le debo mucho a eso.

Imagen: Maia Basso

—¿A partir de ahí cómo siguió tu recorrido político?
—Me he dedicado mucho a la militancia estudiantil, obviamente llegó un momento de renovación, pero tuve responsabilidades regionales en la Universidad Nacional de Rosario, también responsabilidades nacionales en la mesa ejecutiva de la Federación Universitaria Argentina, lógicamente fui parte de la organización nacional del MNR (Movimiento Nacional Reformista). Después fui secretario general de la Juventud Socialista a nivel nacional. En esos cuatro años que fueron dos con lo del MNR nacional y dos con la Juventud Socialista, es que acompañé a Hermes en muchas de las aventuras que emprendimos juntos como partido. Y después volví a Rosario a mi militancia normal, fui convocado por Mónica Fein para ser candidato a concejal en el 2015 y fui concejal electo desde el 2015 hasta la actualidad y acá estamos.

—Luego de 30 años de gobierno en Rosario y 12 en la provincia, tras los últimos comicios esos dos ejecutivos ya no serán socialistas, ¿Qué lectura hacés de esas derrotas electorales?
—Yo creo que a cualquier organización política, el manejo de lo público, del poder, la gestión la cambia en muchas cosas para bien y en otras para mal. Es la propia dinámica, la vorágine. Independientemente de eso, estamos absolutamente orgullosos de lo que hicimos en la ciudad de Rosario y en la provincia de Santa Fe. Creo que lo más revolucionario y contra-cultural en la política argentina es haber gobernado una ciudad durante 30 años sin un sólo hecho de corrupción. Fue gracias a una organización política, a un partido político que fue muy claro y muy severo en sostener sus valores, en darle una prioridad a eso.

A modo de reflexión, muchas veces se genera una disociación de las conducciones políticas del Estado y de la construcción política, y cómo se sostiene ese equilibrio entre un partido y la gestión, que son cosas separadas. A su vez la gestión se lleva toda una centralidad política que el partido la pierde. Todos sabemos que somos seres humanos y tenemos nuestras debilidades. Y lo que justamente nos fortalece individualmente, porque nos achica los márgenes de errores individuales, tiene que ver con cuestiones colectivas. Si ese colectivo no está fuerte, no tiene una dinámica con lógica política y va para adelante, obviamente que hay cosas que se complican. Como partido político hemos aprendido muchísimo, creo que ha sido una sumatoria incalculable el hecho de haber sido y ser parte del Frente Progresista Cívico y Social y de haber gestionado la provincia y la ciudad de Rosario, que ahora seguiremos gestionando con Pablo Javkin.

—Sos precandidato a diputado nacional por un espacio que encabeza la fórmula presidencial de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. ¿Con qué lectura del escenario nacional explicás ese armado político?
—La lectura es que construimos una alternativa a una situación que me atrevería a decirte que es de un debate pre-político. Casi un 50 por ciento de la gente no se siente identificada ni con la del kirchnerismo de Fernández-Fernández ni con Macri-Pichetto. Hay un cansancio de esta grieta. A su vez hay otro inconveniente, y es que hay mucha gente que cada dos años va a votar y siente que está defraudada y que el sistema democrático, que los políticos y que ir a votar no le está resolviendo sus problemas. Yo creo que no es tan así, pero en definitiva es la sensación que tiene la ciudadanía. Entonces, qué es lo que nos preocupa, la incapacidad de poder llegar a un mínimo acuerdo, y creemos que Lavagna es una persona que efectivamente puede hacerlo, porque tuvo un consenso en un momento muy difícil del país, entre dos ex-presidentes como Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde para ser ministro de economía, es una persona que da garantías de experiencia, de un equipo con reconocimiento tanto nacional como internacional en materia económica. Es una persona que no tiene un proyecto político personal para quedarse 8 o 12 años en un gobierno y que tiene las condiciones, entendemos nosotros, para generar ámbitos de diálogo que permitan generar algún grado de confianza para llegar a algún grado de acuerdo para poder caminar en una dirección diferente de la que venimos caminando.
Estamos convencidos de esto porque verdaderamente esta estrategia de la grieta es una estrategia lógicamente del kirchnerismo, o pongámosle el nombre que queramos, y del Pro Cambiemos.
En el medio se están yendo un montón de cosas que son bastante difíciles de recuperar, porque si estuviéramos creciendo a tasas chinas, y venimos con el debate político vaya y pase, pero la realidad es que la sociedad la está pasando muy mal, la economía está muy mal, tenemos problemas estructurales que siguen sin resolver en nuestro país inexplicablemente, estamos naturalizando cosas que son muy complejas.
Creemos en la construcción de Consenso Federal como una alternativa que no sea anti nada, desde un punto de vista de la confrontación, que discutimos diferencias pero lo que más nos preocupa y ocupa es construir coincidencias.

Imagen: Maia Basso

—Se habla de la grieta entre Macri y Cristina de un modo superficial, se cae en la cantinela de “la corrupción” eludiendo los intereses y modelos económico-políticos en pugna. ¿Les resulta lo mismo el neoliberalismo de Cambiemos que el proyecto mercadointernista, reindustrializador del peronismo y aliados?
—Yo creo que no es así, y te voy a dar una opinión de la cual me hago cargo yo personalmente, independientemente del análisis como partido. Corrupción hay en todo el mundo, pero no en todo el mundo hay los niveles de impunidad que hay en la Argentina. Y de eso se tiene que hacer cargo el Poder Judicial, y la política también. Acá hubo una politización zarpada de la justicia que rompió la división de poderes. Lamentablemente usas la palabra República y te hace acordar a Elisa Carrió, y te deja pensando, pero objetivamente tenemos un problema, es muy complejo que haya un 50 por ciento de la sociedad que piense por ejemplo que Nisman se mató y otro 50 que piense que lo mataron. Es como que acá todo pasa por la cuchilla de la grieta y se abre. Yo creo que vos centrabas la cuestión en el tema económico, y también estoy convencido, y esto no como crítica, porque es una deuda de la democracia. Macri o Cristina son una circunstancia, somos circunstancias, el problema es que nuestro proceso democrático no le está dando respuestas a nuestro país y nos guste o no nos guste. Lamentablemente el kirchnerismo en el cual yo tenía muchas expectativas de que le fuera bien, de la misma forma que cuando asume Macri, yo sabía cuál era su idea política, en las cosas en las que no coincidía, en las que no voy a coincidir nunca, pero uno siempre por una cuestión hasta de fe diría uno tiene la intención de que a la persona que esté a cargo le vaya bien… Ahora, el kirchnerismo se fue con un 30 por ciento de pobreza, entonces cuál es el tema acá, que podemos tener un discurso, en la práctica intentar, vos decís la industria nacional, pero digo ni siquiera nos propusimos hacer ninguna reforma tributaria más o menos real en nuestro país. Mirá lo que nos pasó en la provincia de Santa Fe cuando quisimos hacer medianamente una reforma tributaria, nada demasiado loco, y hubo un planteo de que no. Entonces creo que en definitiva es mucha confrontación al pedo. Es más teatro que otra cosa, porque creo que lo principal que tiene Mauricio Macri para ganar es el espanto a Cristina, no tiene un argumento, qué puede proponer Mauricio Macri si hizo un gobierno espantoso. La única posibilidad que tiene Macri de ganar es agitar un fantasma de Cristina y del kirchnerismo en base a los errores que yo creo que cometió el kirchnerismo. Y el kirchnerismo, en una estrategia, que yo veo muy inteligente de Cristina, con Alberto Fernández, en una jugada absolutamente superior a la que hizo el gobierno con (Miguel Ángel) Pichetto por donde la mires, desde un punto de vista político y electoral, creo que también pone de manifiesto los errores que tiene Macri. El punto es que entramos en un tenor de debate que, acá las diferencias no son filosóficas, acá tenemos que ponernos de acuerdo en cómo hacemos para salir del 30 por ciento de pobreza, que no es imposible, porque vivimos en un país que como siempre decimos le puede dar de comer a cientos y cientos de millones de personas. Entonces cuál es el punto, al federalismo lo violó tanto el menemismo, como el kirchnerismo, como la Alianza, como el macrismo.

No hay un plan integral, no hay un «che, nos sentamos a ponernos de acuerdo, tenemos que hacer 5 millones de viviendas en todo el país, bueno vamos a dar 10 años para hacer esto, tenemos un acuerdo firmado con todos los gobernadores, vamos a distribuirlo de esta manera, vamos a hacer un estudio serio». En este país no hay índices reales de homicidios por inseguridad, manejamos un tema como el de la inseguridad con el narcotráfico en base a chicanas políticas permanentemente y eso no lo resuelve la grieta, porque lamentablemente, al menos a nosotros, no nos propuso resolverlo ni el kirchnerismo ni el macrismo y tampoco vimos voluntad de que eso suceda.

Nosotros efectivamente pensamos que la metodología de discusión no puede ser ese nivel de confrontación, que representan intereses distintos no tengo ninguna duda, pero tampoco me parece que esto sea una diferencia, para decírtelo en términos exagerados: Bush versus Fidel Castro. Paremos, no es que son dos modelos de democracia distintos, de sistemas productivos distintos, porque la verdad es que en la práctica desde un punto de vista económico, durante el kirchnerismo hubo un crecimiento de dinero en la calle pero estructuralmente no se modificó una distribución de la riqueza en términos de algún debate, como se da en algunos lugares del mundo, hasta en EEUU se da. Tenemos problemas mucho más graves y más inmediatos y fáciles de resolver que una matriz productiva o económica general del país, sigamos discutiendo eso, pero pongámonos de acuerdo en diez puntos, porque si no, no salimos.

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