Eso nos dijiste. La voz carrasposa. La ropa siempre impecable. La chispa brotando de esos ojos. La ternura de tu mano apenas apoyada sobre la nuestra. Y nosotros, qué sabemos nosotros ahora, tragando el aire de tanto dolor, contándole al piberío por qué somos vos, repitiéndonos en un susurro aquella vez que nos cambiaste el mundo con un chiste, con …
